Martes 7 de abril, 2020

LIBROS | 19-02-2020 17:55

La serie se amplía

***** “La habitación cerrada”, de Maj Sjöwall y Per Wahlöö. RBA, 354 págs. $ 749.

La célebre pareja de autores de novelas policiales suecas se conoció en 2009, y se enamoraron enseguida. Él era nueve años mayor y estaba casado. Maj, a pesar de su juventud, tenía dos casamientos enterrados detrás, y una hija de 6 años. Periodistas ambos, el que escribía era él, libros y notas de tipo político, claramente izquierdistas. Vendía alrededor de 300 ejemplares. Los dos consumían novelas policiales, y Per traducía títulos de Ed McBain sobre su famoso “precinto 87”. Decidieron escribir diez libros con el inspector Martin Beck y su propio conjunto sueco de colaboradores policiales. Al terminar el décimo en el décimo año (aparecieron entre 1965 y 1975) Per estaba enfermo, y no alcanzó a verlo impreso.

“La habitación cerrada” es el octavo título de la serie. Hasta aquí, los siete títulos anteriores no sólo mostraron una gran variedad, sino también una capacidad insólita de reinsertarse en esta segunda década del tercer milenio, al parecer tan alejada de las décadas del ’60 y el ’70. Los temas ecológicos y el deterioro general de los rasgos sociales relacionados con la justicia y la economía les otorgan una renovada frescura, aumentada por la calidad de la escritura.

Hasta ahora los volúmenes no alcanzaban las 300 páginas. Aquí, en cambio, llegan a más de 350 y a las 400 en el último, “Los terroristas”. No se trata sólo del tamaño. La visión crítica de Suecia es más dura que nunca, como puede verse aquí en algunas páginas sobre lo que le espera a un anciano (en este caso, la madre de Beck), o a una madre sin trabajo, en una sociedad fría y hasta irritada con sus integrantes menos afortunados.

Otro elemento es la solidez con que se entrelazan dos tramas: una serie de robos a bancos, y la muerte misteriosa de un hombre en un cuarto cerrado. El propio Beck funciona a media máquina, herido de bala en la novela anterior. Ya divorciado, la investigación, que encara con la tozudez de un sabueso, le hace conocer una nueva mujer. Incluso en ese plano hay un pulso a la vez directo y delicado para establecer un vínculo, que llama la atención en una literatura nacional tan desprejuiciada con el sexo.

Hay personajes desopilantes, como Olson el Bulldozer, un policía frenético, imparable, a cargo del grupo especial contra asaltos bancarios. Sobre todo en un extenso capítulo de fracaso general, operan con la nitidez a la vez caótica y coreografiada de un gran elenco de cómicos de cine mudo. Ante la propia policía hay un aumento del desdén y el fastidio. Eso abre la expectativa por las dos últimas novelas, todas hoy tan absorbentes como en su primera aparición

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Elvio E. Gandolfo

Elvio E. Gandolfo

Crítico de Libros.

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