Martes 7 de abril, 2020

LIBROS | 13-02-2020 18:38

El balneario que creció demasiado

**** “Mar del Plata. Un sueño de los argentinos”, de Elisa Pastoriza y Juan Carlos Torre. Edhasa, 360 págs. $ 985.

El libro es investigado, prolijo, apoyado por recuadros con citas de diarios, libros o apuntes y abundantes ilustraciones. Sobre todo el enfoque incide para que no sea un libro liviano o meramente acumulativo. Hay ideas, teorías, discusión de otros enfoques. La lectura es constante, sin deseos de cortar: parece la novela del siglo XIX de una ciudad.

Se delinean con precisión los paisajes naturales y arquitectónicos. Al comienzo es casi la nada: la playa, el mar, el emplazamiento lejano. Pero el clásico tren arregla cada vez más las cosas. Fundado por Patricio Peralta Ramos, en seguida apoyado por el fervor de Pedro Luro, ese “lugar de veraneo junto al mar” del primer capítulo es como una página en blanco. Aparecen las iglesias, y las contradicciones: lugar de veraneo pero con abundancia de mal tiempo, casi treinta playas, pero sembradas, puntuadas de roquedales.

En los capítulos dos y tres las cartas ya están jugadas. Se tratará de construir “la villa balnearia” para que sea la base del “ocio distinguido a orillas del Atlántico”. Un punto de fuga para las familias principales de Buenos Aires, que irán sembrando los sitios requeridos: en especial el “Bristol Hotel”, exigente, grandioso, gestor de horarios estrictos, menúes elegantes, y ropa absolutamente necesaria para asistir. Habrá también una “playa Bristol”, donde los trajes de baño tardarán mucho, en acortarse y ajustarse, para permitir los movimientos del cuerpo en el agua.

En la mitad, la novela parece pasar del tono del siglo XIX al de la novela moderna. La bisagra es el capítulo IV: “El ocaso de la villa balnearia”. El fenómeno ha ido creciendo sin cesar, y con él, no sólo los visitantes sino también (y acaso sobre todo) los habitantes. Que se instalarán y en parte serán empujados a playas apartadas de las centrales. A tal punto que en 1920 el socialismo gana el municipio en las elecciones. Un cambio excesivo, que hay que evitar de cualquier manera, pero que se impondrá al fin.

Los avatares del casino y el juego son casi una novela aparte. Desfilan distintos tipos de hoteles, de clubes sociales, de hábitos de baño. El golpe de gracia lo da la imposición de la cultura estadounidense. La “villa” quedó atrás, ahora es “la ciudad” balnearia. A su vez los nuevos pudientes han ido eligiendo Punta del Este. El relato es tan sólido, bien anotado, que cuesta aceptar la detención en los años 60, aunque se la explique. Dan ganas de saber más, aunque ya no sea estrictamente sobre una ciudad balnearia, sino otra cosa.

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Elvio E. Gandolfo

Elvio E. Gandolfo

Crítico de Libros.

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