Wednesday 14 de October, 2026

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“Vulnerables”: Facundo Manes y la paradoja de vivir mejor y sufrir más

En su nuevo libro, Manes reivindica la fragilidad como fortaleza y advierte sobre la epidemia global de soledad, ansiedad y depresión.

Nunca vivimos tan bien y nunca nos sentimos tan mal. Esa es la paradoja que Facundo Manes pone en el centro de "Vulnerables. El coraje de ser humanos" (Planeta), el libro que escribió junto a Mateo Niro. “En términos materiales, nuestra especie nunca estuvo mejor. Tenemos antibióticos, tecnología, información, hemos erradicado enfermedades que parecían terribles. En la época de Napoleón no había antibióticos. Sin embargo, esa prosperidad material no se correlaciona con lo que sentimos: estamos rotos por dentro”, explica el neurólogo.

El diagnóstico es global. “Hay una gran epidemia en el mundo de soledad, de ansiedad, de depresión. Los adolescentes la están pasando mal en todo el mundo”, advirtió. Y la Argentina, agregó, suma sus propios ingredientes.

La vulnerabilidad como fortaleza

La segunda tesis del libro va a contramano de época. Para Manes, una vez resuelto lo básico, mostrarse vulnerable no es una debilidad sino todo lo contrario. “No le voy a decir a alguien que no tiene cloacas que está bueno no tener cloacas. Pero resuelto lo básico, ser vulnerable en la vida es una fortaleza”, sostuvo.

El neurocientífico contrapone esa idea con ciertos liderazgos actuales, como el de Donald Trump y su desprecio por los “perdedores”. “Para mí, la ilusión de invulnerabilidad es una debilidad. Uno no se puede enamorar de alguien si no se compromete, y ahí está la vulnerabilidad total. También en la confianza o en exponer lo que uno piensa”, explicó.

¿Son los deportistas que hablan abiertamente de su salud mental, como el Dibu Martínez cuando cuenta que va al psicólogo, los nuevos héroes que necesita la sociedad? “La respuesta corta es sí. Necesitamos hablar de salud mental y de salud cerebral”, responde Manes.

Generaciones de cristal

La palabra resiliencia se volvió omnipresente en los últimos años. ¿Será porque somos cada vez más frágiles? Manes lo define desde la neurociencia: “Resiliencia es afrontar una adversidad, atravesarla y salir fortalecido”. Y aporta un dato clave: “En la infancia y la juventud, las dosis tolerables de estrés son como una vacuna de resiliencia para el futuro”.

El problema, plantea, es que muchas veces tenemos demasiado resuelto. Nuestros abuelos, que vinieron de Italia o de España, eran resilientes. No existía la palabra, se subían a un barco con una valija y llegaban acá. No necesitaban usar la palabra resiliencia porque lo tenían en el ADN.

Según el especialista, el cerebro humano evolucionó durante miles de años con un objetivo central: sobrevivir. “Hoy mucha gente tiene las cosas resueltas y aparecen la angustia y la falta de propósito. Nuestros abuelos tenían una ventaja: un propósito. Llegar a la Argentina, aprender el idioma, sobrevivir. Muchos de nuestros hijos tienen todo, pero les falta lo más importante: un propósito para luchar en la vida”.

Un problema económico, no solo médico

Manes insiste en que la salud cerebral dejó de ser un asunto exclusivamente médico. Cita una cifra de la Asociación Americana de Neurología: más de la mitad de los estadounidenses tiene algún problema neurológico. Si se suma lo mental, estima que en Europa o Estados Unidos rondaría el 70% de la población. “Y acá, lo mismo, más la pobreza y la desigualdad”, señaló.

Por eso, sostiene, el tema es de productividad, de economía y de cohesión social. “El prerrequisito para que haya capital humano es la salud cerebral”, explica. Según el Foro Económico Mundial de Davos, en la era de la inteligencia artificial lo clave será invertir en el cerebro humano. El objetivo de Manes, junto a especialistas de todo el mundo, es poner la salud cerebral a la altura del cambio climático entre las prioridades globales.

El contexto no ayuda: Manes describe una “licuadora” con la pospandemia, cuyo impacto educativo “dura décadas”, la revolución de la inteligencia artificial y una desigualdad creciente.

Cómo cuidar el cerebro

La primera recomendación sorprende a quienes crecieron escuchando a Bernardo Neustadt jactarse de dormir cinco horas. “Estaba equivocado”, dijo Manes. “Un adulto tiene que dormir entre 7 y 8 horas, no menos. La siesta, cortita: 20 minutos. Dos horas ya alteran la noche”.

Pero el factor número uno, según el neurocientífico, es otro. “Lo que tenemos en la cabeza es el órgano más complejo del universo: hay más neuronas y conexiones que estrellas en la galaxia. Y si me piden definirlo en dos palabras, es un órgano social. Necesitamos al otro”, explicó. “La soledad no deseada es uno de los grandes problemas de la humanidad. Sentir que no pertenecemos a una red social es un factor de mortalidad más importante que fumar 15 cigarrillos por día”.

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Maximiliano Sardi

Maximiliano Sardi

Editor de Noticias

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