El agua corre con fuerza debajo del paseo mientras un operario trabaja sobre un tramo sin barandas. La escena, compartida en Instagram por la cuenta Modo Juanchi e identificada como registrada en las Cataratas del Iguazú del lado brasileño, muestra una de las tareas que se realizan ante el avance del río: desmontar las protecciones de las pasarelas.
La ubicación es relevante: esas imágenes corresponden al Parque Nacional do Iguaçu, en Brasil. Del lado argentino, el Parque Nacional Iguazú cuenta con un sistema de pasarelas rebatibles diseñado para reducir los daños que pueden provocar las crecientes. En ambos casos, la infraestructura turística debe adaptarse a un río cuya fuerza puede obligar a suspender el acceso a los miradores.
¿Cómo funciona el mecanismo argentino? Con el río en niveles normales, las barandas permanecen levantadas para proteger a los visitantes. Cuando aumenta el caudal, el personal las rebate: al disminuir la superficie expuesta, el agua y los elementos flotantes encuentran menos resistencia. Así lo explica la Administración de Parques Nacionales en la descripción de su protocolo de seguridad.

Si la creciente alcanza una magnitud extraordinaria, el procedimiento puede avanzar un paso más: desprender los tramos de sus sostenes para preservar las estructuras de hormigón. El objetivo es evitar que la presión del agua comprometa los apoyos principales del recorrido. Una vez que baja el río, comienza la tarea de recuperar y volver a montar la estructura.
Ese diseño permite limitar las consecuencias, aunque no elimina los daños ni garantiza una reapertura inmediata. Después de la crecida de octubre de 2023, el circuito argentino de la Garganta del Diablo requirió reparaciones y una verificación técnica del Instituto Nacional de Tecnología Industrial. En julio de 2024, el organismo informó que había inspeccionado los 99 tramos del paseo, con especial atención en los 79 que habían cedido ante el empuje del río.
La vuelta de los visitantes depende, por lo tanto, de algo más que el descenso del agua. El plan de gestión del parque argentino establece que, después de una creciente, los técnicos de Parques Nacionales y de la concesionaria deben revisar el estado y la ubicación de los tramos antes de habilitarlos. Desarmar, recuperar e inspeccionar son partes de un mismo procedimiento: proteger la infraestructura y restablecer el recorrido en condiciones seguras.














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