Monday 20 de May, 2024

MEDIOS | 06-04-2024 09:27

Federico Spínola, un marqués suelto en La Nación

Historia secreta del mayor accionista individual del multimedio. Por qué los herederos de Mitre lo denuncian por estafa. El fallo de la IGJ.

Cuando Esmeralda Mitre escuchó el nombre, allá por abril del 2022, hizo memoria: Federico Spínola, el marqués de nacionalidad suiza y con residencia en Mónaco, le sonaba de algún lado. Recordó, de pronto, la aventura compartida por el marqués con su viejo amigo Archibaldo Lanús a bordo de un lujoso yate en aguas del Mediterráneo. El propio Archibaldo, ex embajador en París, le había contado sobre el paseo, así que Esmeralda le pidió el teléfono del gentil navegante.
Cuando lo llamó, según recuerda, el diálogo –palabras más, palabras menos– se dio así.
–Hello, Federico –empezó ella en inglés–, I'm Esmeralda Mitre.
–¡Esmeralda! –él enseguida cambió a un castellano con acento italiano pero modismos porteños–. No lo puedo creer, hace rato quería hablar con vos. ¿Cómo conseguiste mi telefono?
–Me lo dio “Archi” Lanús.
–¿Pero cómo no me avisó “Archi”?
–Federico –se puso firme ella–, te quiero decir que tenés un serio problema legal acá en Argentina. Porque las acciones de mi padre que vos decís que compraste no están a tu nombre...
–¡Pero cómo decís eso! –protestó él en forma airada–. ¡Si tu papá me dijo que comprara cuando él se muriera!
–No te creo nada.
–Mirá, Esmeralda, vos me estás haciendo mucho lío en Argentina. ¡Yo compré bien! ¡Yo puse la plata!
–Decime –lo tanteó ella por sus contactos–, ¿lo conocés a Magnetto?
–¿Magnetto? Sí, es amigo, una persona muy inteligente.
–¿Y a Macri?
–También, lo conozco.
–¿Y a los Saguier?
–También.
De pronto, el marqués intentó cambiar de tema.
–Escuchame, Esmeralda, sabés que estoy buscando un campo allá en Argentina para comprar.
Ella se rio:
–¿Un campo? Pero vos no vas a poder comprar un campo porque estás imputado en la Justicia.
–¡Pero qué decís!
–Sí, porque las acciones que decís que compraste no son tuyas.
Fue un diálogo de sordos que no llevó a nada, salvo a que la heredera de Bartolomé Mitre confirmara que detrás del marqués podía haber otros nombres de peso. ¿En realidad conocía a los Saguier –sus rivales en el directorio del Grupo La Nación–, a Héctor Magnetto, a Mauricio Macri?
En los papeles, Spínola hoy aparece como el mayor accionista individual del multimedios preferido del Gobierno, ya que el 65 por ciento de los Saguier se divide entre todos los hermanos y la madre. El marqués cobra dividendos por ese rol de unos 4 millones de dólares anuales.
¿Quién lo había acercado a quedarse con el paquete accionario que supo pertenecer a Bartolomé Mitre, y que Esmeralda sigue reclamando como propio? Una conjetura verosímil señala que el marqués vive en Mónaco y ya lo hacía en los tiempos en que Juliana Awada y su entonces pareja Bruno Barbier habitaban allí. Barbier se dice conde –aunque estaría más flojo de papeles que el marqués– y fue socio de Julio Saguier, el hombre fuerte de La Nación, en un emprendimiento agropecuario. A su vez, la esposa de Fernán Saguier –el director del diario– es íntima de Awada y fue su testigo en el casamiento civil con Macri. Todos conocen a todos.
Los problemas legales que Esmeralda le había mencionado a Spínola son reales. En una causa, ella acusó por estafa al marqués y a Marcelo Gagliardo, el antiguo abogado de su padre, Bartolomé Mitre. La causa está en Casación, que desestimó el sobreseimiento de Gagliardo. Además, la Justicia pidió a la Unidad de Información Financiera (UIF) que investigara si había lavado de dinero. Y en paralelo, en la Inspección General de Justicia (IGJ), Esmeralda obtuvo un importante triunfo cuando ese organismo determinó que no hay constancia alguna de que Bartolomé y su apoderado Gagliardo le hayan transferido sus acciones de SA La Nación a Spínola. Por eso, la IGJ declaró nula la supuesta operación en abril del 2022 y, cuando estaba por celebrarse una asamblea para nombrar a las nuevas autoridades, una cautelar de la Justicia comercial dejó todo en stand by. Hace dos meses, la IGJ presentó un recurso ante la Corte Suprema de Justicia para que se hagan respetar sus órdenes.
Fue en la investigación en la que la IGJ le dio la derecha a Esmeralda donde se mencionó por primera vez el nombre de Spínola. Sobre el cierre del litigio, cuando Gagliardo, el antiguo abogado de Bartolomé, seguía negándose a informar a quién se habían vendido las acciones del ex director de La Nación, un letrado ignoto apareció de golpe y dijo que el propietario de todo era el misterioso marqués, que decía ser el dueño del 21 por ciento del paquete accionario de SA La Nación. Pero la IGJ consideró inconsistentes las explicaciones del letrado y lo despidió sin más. Sin embargo, en el directorio de La Nación aceptaron al nuevo accionista con los brazos abiertos por más que un organismo del Estado le hubiera negado entidad.
Según dijo Gagliardo, Spínola habría adquirido la firma KMB que Bartolomé Mitre y su hermana Kinucha tenían en el exterior –dueña de sus acciones en La Nación– en marzo del 2022, en pleno litigio en la IGJ, aunque ya gozaba de su usufructo desde “varios años antes”, no se sabe por qué. Esmeralda acusa a Gagliardo de birlarle las acciones a su padre y cree que tras la figura de Spínola –a quien juzga un testaferro– podrían ocultarse  los Saguier, que por razones obvias no podrían exhibir ese porcentaje a su nombre. El abogado de ella, Daniel Llermanos, lo resume así: “Al margen del papel que desempeñe cada uno, de lo que no caben dudas es de que los Saguier, Spínola y Gagliardo representan una unidad de negocios”.
Julio Saguier prometió hablar para esta nota, pero finalmente no lo hizo. Gagliardo no contestó los llamados de NOTICIAS. Spínola tampoco respondió los mensajes.
La carta. Bartolomé Mitre murió el 25 de marzo del 2020. Días después, Mariano Gagliardo hijo –nombrado como albacea de la sucesión y homónimo de su padre ya citado– les mostró a los herederos lo que habría sido el mensaje de despedida del ex director de La Nación. Era una carta de muy pocas líneas escrita en computadora –algo que, según Esmeralda, su padre no hacía– y en la que les explicaba que había vendido sus acciones del grupo porque quería “viajar con su esposa”. Dice ella que lo de “esposa” también le llamó la atención porque no era una palabra que él usara. ¿Por qué aquel mensaje tan escueto y extraño? Cuando Esmeralda pidió la esquela para verla, Gagliardo se la retaceó sin explicaciones, con el gesto ampuloso que haría un torero con su capa. A partir de ese momento fue que la heredera de Mitre decidió accionar legalmente contra el ex abogado de su padre.
En la causa judicial se habla de la figura de “circunvención de incapaces”, es decir, cuando alguien se aprovecha de una incapacidad, como puede serlo un delicado estado de salud, para engañar a la víctima. Bartolomé tuvo severos problemas en los últimos años de su vida. Había resistido un trasplante de riñón, vivía en silla de ruedas, tenía varios stents y sobre el final de sus días sufrió cáncer de piel y epilepsia. Esmeralda está convencida de que su ex abogado se aprovechó de la situación para estafarlo con sus acciones y transferirlas de manera fraudulenta. Recuerda que ella era su confidente y que Bartolomé siempre le decía: “Yo soy dueño de todo, es lo único que tenés que saber, y quiero que vos seas la directora cuando ya no esté”. Explica que el último dueño de las acciones en los registros de la IGJ, en el 2018, es su padre (¿acaso vendió o lo hicieron vender entre ese año y su muerte?). Y agrega que, según las declaraciones juradas de él, no se advierte una transferencia de ese paquete.         
En las reuniones en la IGJ, Esmeralda volvió a vérselas con Gagliardo padre. Según ella, el abogado la amenazó pasándose la mano por el cuello.
–Discúlpeme, me acaba de amenazar –le dijo al funcionario que dirigía el encuentro.
–Devolveme la bandeja que te regalé en tu casamiento –le espetó el abogado.
–No seas ridículo –contestó ella.
El funcionario a cargo de la reunión le advirtió a Gagliardo:
–Usted no puede mirarla más, yo vi cómo la está mirando.
Tras el encontronazo, los abogados de Esmeralda, Gabriel Len y el ya mencionado Llermanos, investigaron al marqués. El segundo viajó a Montevideo para realizar averiguaciones sobre la sociedad urguguaya con la que Spínola decía haber adquirido las acciones de Mitre, Endifol SA. Descubrió, dice, que no tenía personal ni tampoco registraba movimientos. “Es una cáscara”, afirma.
Tiempo después, en mayo del 2023, una cámara oculta del programa “Argenzuela” de C5N descubrió la presencia inesperada de Julio Saguier en el estudio que Gagliardo padre tiene sobre la avenida Santa Fe al 1500, en Barrio Norte. En esa filmación se lo veía al hombre fuerte de La Nación saliendo del edificio. Nunca hubo explicaciones al respecto.
En ese mismo estudio, como surge de un expediente judicial, también fijó domicilio en la Argentina el marqués Spínola. Raro.
¿De dónde salió el marqués? Quienes dicen conocerlo afirman que es sesentón, soltero, elegante y que viene de una familia de dinero, una de las tres que eran dueñas de la multinacional italiana Martini & Rosso. En su currículum, Spínola informa que inició su carrera en esa firma y que en la actualidad preside una consultora de inversiones internacionales, Parly Company SA, con sede en Ginebra, Suiza. Además, es amante de los perros y tiene una fundación para rescatarlos de la calle. Y también vivió un tiempo en Panamá, otro paraíso fiscal como Suiza y Mónaco. Años atrás le dio un reportaje a un periódico escolar de la provincia de Córdoba en el que dijo que también residió en la Argentina –entre 1986 y 1993– y que su “lugar en el mundo” era una antigua estancia ya vendida que tenía en la localidad bonaerense de Pellegrini. En los registros de ese municipio figura una donación del marqués, aunque no es nada del otro mundo: 90 mil pesos del 2020 para comprar insumos y equipamiento para el hospital del lugar.
En nuestro país, según su CV, Spínola se dedicaba a “administrar empresas agrícolas”, sin brindar más detalles. Es posible que a algunos de sus interlocutores del establishment local los haya conocido por aquellos años, aunque parecen algo remotos.
Lo cierto es que Spínola parece tener espalda económica para comprar las acciones de La Nación que hoy están en disputa. Es decir que, si realmente se tratara de un prestanombre, como intuyen Esmeralda y sus hermanos, entonces lo haría como un favor a alguien que no quiere aparecer. Llermanos, el abogado de los herederos, maneja esta teoría: “A Spínola lo eligieron muy bien. Es alguien con plata, que puede justificar la compra, y además vive en el exterior y es difícil extraditarlo”.
Según el abogado y sus representados, las acciones del Grupo La Nación en manos de Spínola sumarían al menos 50 millones de dólares.
Gritos. En la última asamblea de accionistas de La Nación en la que participó Esmeralda, en agosto del 2023, ella y sus letrados cuentan que pudieron confirmar el favoritismo de Julio Saguier con Spínola. Ella asistió por el 5 por ciento de las acciones que conservan los Mitre –más allá del 21 restante que está en disputa– y los representantes del marqués fueron dos, uno de ellos Lucas Cinto Courtaux, sobrino de un ex represor de la dictadura. “Doctorcito” lo llamaba irónicamente Esmeralda, en vez de “doctor Cinto”. En el medio de la caliente reunión, Llermanos instó al hombre fuerte del grupo a no pagarle los dividendos que le correspondían al marqués debido a su complicada situación judicial, pero Saguier desatendió el reclamo. “Se acabó el patoterismo”, levantó la voz Esmeralda luego de que él ignorara la frase conciladora que ella había planteado minutos antes: “El problema no sería con ustedes, sería con los Gagliardo, ¿no?”, había lanzado, a lo que Llermanos acotó: “El problema eventualmente no es con La Nación, es con KMB, que no es un tema menor porque es casi un cuarto del diario”. Pero Saguier se mantuvo imperturbable.
En otro momento, la conversación volvió a escalar de tono.
–Este es un tema muy delicado –insistió Llermanos–. La Sala D ordenó que la UIF investigue si hay lavado de activos del señor Spínola.
–Ya lo repitió dos veces –se fastidió Saguier, visiblemente molesto.
Entonces intervino Esmeralda:
–¡No lo delire, por favor, señor presidente Julio Saguier!
–Yo solo quiero decir que acá...         –intentó seguir Llermanos.
–¡Se acabó el delirio, Julio Saguier! –lo interrumpió Esmeralda y levantó aun más la voz.
La asamblea resultó un bochorno y fue impugnada por los herederos de Mitre ante la Justicia, sin resultado.
Esmeralda está acompañada en su reclamo por dos de sus hermanos, Rosario Mitre y Bartolomé junior. Al segundo, que ya era uno de los directores en el organigrama del diario, Esmeralda consiguió mejorarle el sueldo. Dice que los Saguier solo le pagaban 200 mil pesos a pesar de su cargo.
Rosario, por su parte, afirma: “Lo único que nosotros pedimos es que nos muestren los papeles de la supuesta venta de acciones. Y los papeles no aparecen, ¿no les parece extraño? Yo se los pedí a Gagliardo, que me respondió: 'Voy a fijarme si consigo algo'. Y le contesté: 'No, no es fijarte si aparece algo, te lo exijo'. Pero nunca, desde que murió papá, nos pudieron mostrar nada”.
Esmeralda concluye: “Si yo tengo que destruir el diario para que esta gente vaya presa, lo destruyo. Y lo vuelvo a levantar en cinco minutos”.
Esta historia continuará. 

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Franco Lindner

Franco Lindner

Editor de Política, columnista de Radio Perfil y autor de "Fernández & Fernández" (Planeta).

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