NOTICIAS URUGUAY | 12-10-2019 14:24

Los trapitos sucios no se lavan en casa

La fuerza política que busca seguir en el gobierno no la tiene fácil. Entre divisiones, alejamientos y nuevas alianzas busca mostrarse vigente rumbo al 4FA.

Alianza Progresista rompe su vínculo con Asamblea Uruguay e informa que no integrará ningún espacio donde también esté el diputado por Maldonado, Darío Pérez. Se va pegando un portazo y tildando de “grosero” al astorismo. Pérez, en tanto, se alía con Rafael Michelini, del Nuevo Espacio, que termina no acordando tampoco con el sector de Danilo Astori. Pero, su sector suma a nuevas figuras que provienen de ámbitos por fuera de la política y entonces se golpea el pecho y dice que “hay Frente Líber Seregni para rato”.

En el trasfondo del conflicto se encuentra el hecho de que Darío Pérez y el ex intendente Oscar de los Santos, de Alianza Progresista -los dos principales caudillos del Frente en Maldonado- ni siquiera se dirigen la palabra.

Entre los aliados de último momento de Astori se encuentra la subcoalición El Abrazo, que busca fortalecer la imagen de la dirigente fernandina Susana Hernández y que tiene en Patricia Kramer, mano derecha de Carolina Cosse en las internas pero que ahora va por otro rumbo, a una de sus principales figuras.

Cosse, que hizo campaña como precandidata con el apoyo del MPP, se separa y termina asociándose con otro precandidato, Óscar Andrade, que consigo tiene atrás el aparato del Partido Comunista (PCU). Mientras, el otro precandidato, Mario Bergara, ya distanciado de aquella figura de delfín de Astori (y de Astori mismo), refuerza su nuevo sector, Progresistas, al sumar bajo su ala a Álvaro García, Cristina Lustemberg y los recién llegados Fernando Amado y Patricia Soria, ex colorados.

El Partido Socialista (PS) es el partido al que pertenece Daniel Martínez, el candidato oficialista, pero no parece estarlo apoyando con mucho entusiasmo que digamos. Y quien también se sentía socialista (y de allí proviene), el ex ministro de Industrias, Roberto Kreimerman, se termina yendo del FA hacia la Unidad Popular, el partido que se reivindica a sí mismo como la verdadera izquierda, con Gonzalo Abella como presidenciable.

Y a todo esto, la candidata a vice por el FA, la ex edila Graciela Villar se fue de AU para apoyar a Bergara, y termina acompañando en la fórmula a Martínez con el fin de movilizar a las masas, a los militantes de base, pero no concede casi entrevistas periodísticas tras una salida en falso en sus primeras intervenciones ante la prensa.

En ese extraño clima interno la fuerza política de gobierno busca convencer a la ciudadanía para hacerle ver de la conveniencia de cinco años más de gobierno frentista. Pero no parece tenerla nada sencilla.

Las encuestas dicen. “Independientemente de sus preferencias políticas y personales, ¿de qué partido cree que va a ser el próximo presidente de la República?”, preguntó la consultora Factum en su última encuesta divulgada el 20 de setiembre. Un 41% contestó Frente Amplio (FA) y un 40% el Partido Nacional (PN).

El resultado no está alejado de lo que opinan los politólogos: el FA difícilmente logre menos del 40%. Según la última encuesta de Cifra, del 11 de setiembre, hasta ese día el partido de gobierno sumaba 33% de intención de voto, 28% el PN, el 18% el Partido Colorado (PC) y 7% Cabildo Abierto (CA).

Ahora bien, dentro de la fuerza política de izquierda, más del 50% de los votantes del Frente no están sectorizados, según dijo la socióloga Mariana Pomiés a NOTICIAS. “Hay un grupo muy grande, que supera el 50%, que no se siente cercano a ningún sector del FA. Es un público que está por fuera de las informaciones de divisiones y alejamientos -el microclima de ustedes los periodistas y nosotros los consultores-, pero que saben que van a votar al Frente porque se sienten frentistas, pero de ningún sector”, agregó.

“Hay conflictos que tienen difusión uno o dos días, pero no todo el mundo los registró y después pasan. Y después, es lógico que un partido que ya lleva tres gobiernos y que es muy heterogéneo, que conjuga grupos muy diversos, en un momento de desgaste natural los problemas emerjan y máxime cuando se enfrentan a una posible derrota electoral. Creo que hay una preocupación muy grande por la posible pérdida de las elecciones”, sostuvo Pomiés.

El politólogo Adolfo Garcé, en tanto, no ve al FA más dividido o unido que antes. “Es el partido más diverso del Uruguay, el que tiene diferencias ideológicas más visibles, o sea que sigue tan dividido como siempre. Esa es su principal fortaleza y la raíz de muchos de sus problemas”, opina Garcé y coincide Pomiés.

Para Garcé, lo que hay son “movimientos”, “reconfiguraciones”, en buena medida vinculadas al proceso de renovación generacional que vive el partido. Daniel Chasquetti, doctor en ciencia política, añade que cada sector frentista ha estado “enroscado en el armado de las listas”, pero no por eso siente que las grandes agrupaciones hayan dejado solo al candidato Daniel Martínez. “Fijate que en la interna, la lista más votada, el MPP tuvo el 18% de los votos. Entonces, había mucha fragmentación y como que recién ahora están agrupados y eso es bueno para Martínez: que se hayan alineado las distintas corrientes internas”.

Pero en las últimas semanas, la interna frentista ha tenido turbulencias y “reconfiguraciones”, como dice Fito Garcé, con declaraciones poco fraternas hacia compañeros frenteamplistas. Ejemplos hay varios.

El Frente Líber Seregni implosionó, o al decir de Garcé y Chasquetti: “no existe más”. A fines de agosto Alianza Progresista rompió con el astorismo y ratificó que no integraría ningún espacio que también integrara al diputado por Maldonado, Darío Pérez. Quien sí le tendió una mano al “diputado rebelde” fue Rafael Michelini, líder del Nuevo Espacio, pero Michelini tampoco se alió con Danilo Astori y terminó yéndose con Pérez a otra parte (hicieron una alianza para ir juntos en una lista al Senado).

“Nosotros fuimos a comunicarle a Astori que si Michelini iba a entrar, fenómeno, pero si iba con Darío Pérez nosotros no estábamos. La contestación de Asamblea Uruguay fue un tanto grosera para nuestro gusto”, dijo Julio Pérez, representante de Alianza Progresista en la Mesa Política del FA. Tras esos dichos, el sector del canciller Rodolfo Nin Novoa y la ministra de Turismo, Liliam Kechichián, terminaron sumándose al amplio sublema que ahora lidera Mario Bergara (“Progresistas”).

Pero contradiciendo la opinión de Garcé y Chasquetti, el ministro de Economía dijo: “El FLS no está muerto”. Tras la ruptura con el Nuevo Espacio y Alianza Progresista, Astori dijo que el FLS estaba “más vivo que nunca” y que incluso, se fortalecería. Lo dijo en el momento en que presentó nuevas adquisiciones al sector, con discutible peso electoral: el exdirector de Casinos, Javier Chá, el exdirector de Educación, Juan Pedro Mir, la periodista Daiana Abracinskas, el exbasquetbolista Diego Losada, el murguero Raúl Castro y el cantante Jorge Nasser. Luego se sumó la mencionada alianza con El Abrazo, que reúne a Ir, Magnolia, Frente en Movimiento, el Colectivo Plena e independientes.

En cambio, en ese período de pases interno, quien se benefició de ese quiebre fue el ex precandidato Mario Bergara, quien en Progresistas sumó primero a Álvaro García (OPP) y Cristina Lustemberg (ex subsecretaria de Salud Pública), luego a Fernando Amado y Patricia Soria (de Unir), y finalmente se alió con Alianza Progresista (como dijimos, liderado por Nin, Kechichián y el ex intendente fernandino Oscar De los Santos, enemistado con Darío Pérez) y la Vertiente Artiguista (Mariano Arana, Enrique Rubio).

Pero mientras Chasquetti ve que el sector moderado o de centroizquierda del FA se fortalece, Garcé opina lo contrario. “El sector moderado va a crecer. Tiene tres ofertas: Bergara y su bloque Progresistas, que es muy grande (yo creo que va a llevar a Mario al Senado, y creo que pelea una segunda banca), por otro lado está Astori solo con los fieles astoristas y por otro lado, como tercera fuerza está Michelini. Me imagino que esos tres sectores pueden sacar cuatro senadores, lo que significa un aumento”, especuló Chasquetti. Esto, en detrimento de la lista 711 de Raúl Sendic, Casa Grande de Constanza Moreira y el Partido Socialista (PS), opinó.

Su colega Garcé no está tan seguro de que Mario Bergara realmente termine concretando la fuerza que parece estar sumando: “Vamos a ver en octubre, cuando contemos los votos”. “Si estoy leyendo bien la elección el FA debería asistir a un debilitamiento del ala moderada”, dijo, contradiciendo la visión de Chasquetti. “Fijate que el PS se corrió a la izquierda, el Partido Comunista (PCU) va a crecer, el MPP se mantendría igual, supongo. Lo que veo tecleando son los tres senadores que hoy tiene el FLS”. ¿Y las otras fuerzas intestinas?

Llegan y se van. A fines de agosto, el ex ministro de Industria, Roberto Kreimerman, anunció su alejamiento del FA, y por ende del PS, para pasar a filas de la Unidad Popular (UP) con Gonzalo Abella como presidenciable. Kreimerman dijo que discrepaba con la visión productiva del Frente -en rigor, dijo que discrepaba con la “estrategia país” que estaba llevando adelante el FA-, sostuvo que la visión macroeconómica y productiva del FA no era muy distinta de la que tenían blancos y colorados. Por eso, anunció, se iba a una expresión más izquierdista que apueste a los trabajadores.

Con el triunfo de la corriente ortodoxa en la interna del PS (Gonzalo Civila como secretario general, Daniel Olesker como segunda figura), había llevado al alejamiento del director de OPP, Álvaro García, y también se terminó distanciando Daisy Tourné, quien pidió ser excluida de la plancha al Senado tras sentirse postergada. Lo curioso es que el candidato oficialista a la presidencia es un socialista, bastante alejado de la cúpula interna de su sector, por lo que no se siente el peso del PS en promover su candidatura. “Martínez nunca se apoyó en el PS. Él tenía sintonía con los socialistas que perdieron la interna, entonces al alejarse del partido, los apoyos de Martínez están más dispersos. Si mirás el gabinete que había armado en la Intendencia, los socialistas que estaban son los que perdieron la interna (Fernando Puntigliano, Lalo Fernández)”, dice el politólogo Chasquetti. “Hace años que Martínez es un socialista orejano, un socialista sin partido. No podemos decir que el PS apoya a Martínez con calor”, dijo por su parte, Garcé. El PS, según Garcé, tomó un giro más hacia la izquierda, donde también está la dupla Andrade-Cosse. “El PCU va a crecer”, apuntó. En tanto, con la dirección del PS apenas si mantienen un matrimonio por conveniencia.

“La alianza entre (Óscar) Andrade y (Carolina) Cosse me sorprendió. No hubiera pensado que podrían juntarse. Con el diario del lunes me parece una asociación interesante y veo que se complementan. Andrade tiene futuro porque es carismático, y Cosse le aporta esa cosa más empresarial, intelectual, a su nicho popular. Creo que van a votar bien”, señala la socióloga Pomiés

¿Y el MPP? Chasquetti se pregunta qué pasará cuando ya no esté José Mujica. Cree que se irá apagando su liderazgo como ahora ve que se apaga el de Astori y por eso el FLS se debilitó, o como antes se fue apagando la fidelidad al Movimiento Nacional de Rocha entre los blancos con el envejecimiento de su líder Carlos Julio Pereyra. “Cuando ya no esté Mujica peleando, deberá surgir otro líder, a menos que surja uno de adentro que rompa como hizo Bergara rompiendo con el astorismo”, sostuvo.

Las dos figuras que emergen en el mujiquismo son el diputado Alejandro “Pacha” Sánchez y el intendente de Canelones, Yamandú Orsi. “Sólo sabemos cuántos votos tiene Orsi, porque lo demostró ganando la intendencia canaria. Tiene su capital propio, hay que ver qué capital tiene Sánchez, todavía no lo sabemos. Se dice que puede tirarse a intendente de Montevideo en las próximas elecciones departamentales...”, dice Garcé. Como sea, él ve que el MPP -hoy con Mujica y Lucía Topolansky en la cancha, haciendo campaña- mantendrá sus seis senadores.

“Por eso digo que no veo que se fortalezcan los moderados: veo bien al PCU con la suma de Cosse a Andrade, y veo bien al MPP”, afirmó Garcé ante la consulta de NOTICIAS.

Para Mariana Pomiés, la peor señal que dio el MPP la dio su líder, el expresidente Mujica cuando en entrevista con Búsqueda dijo que no sería “el fin del mundo” que el FA perdiera las elecciones, y que él ocuparía una banca en el Senado. En agosto insistió con esa idea, dijo que veía al FA “pachorriento” y con la “enfermedad del segundo batllismo: el Estado lo achancha” En la misma nota afirmó que si el FA perdía, él ayudaría desde el Senado, y por qué no, entendiéndose con blancos y colorados, “porque el país está primero”.

“Ahí tiró la toalla”, opina Pomiés. “Llegó a decir como que sería bueno que el FA perdiera, así después ellos volvían y lo hacían bien. No me parece bueno como estrategia política de un partido que se muestra preocupado por la gente. Si genuinamente vos creés que sos la mejor opción y creés que son malas las ideas de la oposición, no podés decir ‘no importa, después volvemos’. Es irrespetuoso para los votantes si él está convencido de lo que sostiene el FA: que si gana la oposición los avances sociales se van a perder”.

Y ese discurso de los avances perdidos en caso de ganar blancos o colorados está. La propia Topolansky, en entrevista con NOTICIAS para la edición anterior, dijo: “Hasta hace pocos años la gente que no tenía recursos tenía que sacar un carné de pobre para atenderse en un hospital de salud pública desabastecido. Eso cambió, es un derecho humano, te lo merecías. ¿Cuesta plata? Ni que hablar. ¿Querés que se conserve? Bueno, hay que defenderlo. Lo hicieron las políticas públicas que creó el Frente”, dijo.

Por eso Pomiés sostiene que “si no es tan grave el cambio de gobierno, no me digas: ‘Ojo que con la oposición van a perder todo lo que les dimos’”.

Conclusiones. Así las cosas, Chasquetti entiende que el FA está encarando un momento histórico de transición, con un recambio generacional de sus figuras más salientes, donde Bergara, Andrade y el propio Martínez buscan reemplazar al tridente Vázquez, Astori y Mujica. “Lo está haciendo de manera ordenada y cumpliendo con algún requisito de la política en Uruguay. No sé si le va a alcanzar para ganar, pero tampoco creo que haga una mala elección”.

Pomiés, por su parte, dice que a partir de ahora pesará mucho cada acierto o error de los presidenciables en pugna. “Cada detalle cuenta”, dijo. Pomiés dijo que a Cifra le cuesta estimar un comportamiento del electorado de cara a las elecciones de octubre, mucho más pensando en la segunda vuelta. Pero se animó a pronosticar que si todo sigue como hasta hoy y ninguno comete errores, el favorito para ser el próximo presidente es Luis Lacalle Pou.

Fito Garcé fue más tajante y claro: “Veo al FA perdiendo el poder. Lo veo hoy, mañana y pasado. Es el escenario más probable por lejos. No tengo la bola de cristal pero me parece muy difícil que el Frente supere el 40%, no va a tener mayorías parlamentarias en octubre. A menos que ocurra una cosa muy rara, que los partidos de la oposición no sean capaces de orquestar una coalición en los primeros días de noviembre... Si se juntan todos en torno a una mesa, dicen: ‘Señores, acá hay 17 senadores y 60 diputados’. Chau. Si logran armar una coalición en ambas cámaras, el partido se terminó, ganan la elección”.

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¿Y Villar?

Tanto los politólogos Daniel Chasquetti y Adolfo Garcé como la socióloga Mariana Pomiés, directora de Cifra, coinciden en señalar que la presencia de Graciela Villar en la fórmula frentista se ha limitado a movilizar a las bases, pero su resultado todavía es una incógnita.

“Después de una interna donde el FA votó muy mal, ella le habla a las bases, al comité de base. Pero evidentemente su discurso no estaba alineado a los objetivos de una elección”, y por eso, entiende Chasquetti, “da la impresión que la mandaron callar”. Tras su frase de que la elección se resuelve entre pueblo y oligarquía o su comparación de Manini Ríos con Hitler, Villar casi no ha concedido entrevistas a los medios, pero acompaña al candidato Daniel Martínez a sus actos y le habla a los fieles.

“Las elecciones se ganan en el centro, con discursos moderados. Como parece que la mandaron callar, desde el punto de vista electoral no está ayudando mucho. Están tratando de minimizar el error y depositar todo el esfuerzo en el candidato”, agregó Chasquetti. Garcé coincide, y agrega que desde el momento en que su lugar son los comités de base, su aporte es “marginal”.

Mariana Pomiés hace otra lectura. “Martínez la eligió apostando a que trabajara más hacia la interna del FA, de la cual él se había alejado. Pero tampoco está funcionando ahí. Veo que está haciendo todo él: dialoga con los del centro, con los moderados y los que vienen de afuera, Villar le aguanta la barra. Puede ser costoso que todo el desgaste caiga sobre el candidato”, opina.

por César Bianchi

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