OPINIóN | 17-01-2019 12:03

Pensamiento único: el enemigo oculto del feminismo

¿Quién tiene el copyright del movimiento? Verticalismo, prejuicios y cómo transformar un orden social sin hacer uso de lo que se quiere combatir.

Se lo dijo la periodista italiana Oriana Fallaci a Bernardo Neustadt en los ´80 y la frase hizo historia: “los argentinos tienen un enano fascista adentro”. Hablaba de ese autoritarismo agazapado que se puede esconder bajo cualquier apariencia, incluso –para seguir en clave de época- de la inocente Doña Rosa, ese personaje que inventó Neustadt para designar a la gente común, poco instruida y que era, casualmente, una mujer; dato que hoy no pasaría el control de corrección de género. Porque, reversionando la máxima de “educar al soberano”, son tiempos de “deconstruir al machirulo”, ese mismo enano camuflado que “todes” podemos llevar adentro. Y todes es todes.

Bajo el paraguas de la causa se suceden derrapes tales como el de las Feministas Radicales Independientes Argentinas, para quienes “muerte al macho no es sólo una metáfora”. Así justifican su apoyo incondicional a Nahir Galarza, condenada a prisión perpetua por matar al novio de dos tiros, con el arma de su padre policía. O el tuit viralizado cuando se conoció el suicidio del adolescente falsamente denunciado como abusador por una ex novia: “Si para atrapar más violadores tenemos que cargarnos a unos cuantos inocentes lo hacemos y listo.

(Leer también: Quién es Rita Segato, la voz del feminismo)

Absurdo, muy poco representativo, es cierto. Pero obliga a seguir explicando que el feminismo, en su expresión más generalizada (porque nadie tiene el copyright) no expresa la contracara del machismo ya que promueve la igualdad de derechos y no postula superioridad alguna. También trae un cambio en el paradigma del poder y nuevos estilos de liderazgo. ¿O no?

La lucha por las conquistas femeninas tiene otro enemigo menos bestial que estas opinadoras renuentes a que se las llame feminazis. Más sutil, pero igual de tramposa, es la tentación del pensamiento único.

Pareciera existir un politburó invisible para adoctrinar a la militancia. He visto periodistas jóvenes temerosas por opinar distinto a los lineamientos doctrinarios que se bajan en chats de colegas; otras que denuncian el autoritarismo del patriarcado edificado durante siglos mientras repiten la historia como farsa “bloqueando” de sus redes incluso a quienes disienten con respeto. Si hay que discutir es sólo para darse la razón.

¿Se puede ser feminista y liberal? ¿Abogar por la paridad salarial y no acordar con el garantismo selectivo para otorgar la presunción de inocencia? ¿acompañar denuncias de abuso sexual y a la vez tener un dilema moral frente al aborto? En síntesis: ¿se puede pensar con libertad y ser feminista?

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La antropóloga argentina Rita Segato, gran referente latinoamericana en el tema, viene advirtiendo sobre el peligro de caer en un “feminismo del enemigo”. Ni los hombres, ni las mujeres que no homogenizan su pensamiento deberían ser considerados enemigos naturales. Segato recuerda siempre las palabras de un policía que conoció en El Salvador (lo mejor es que no le baja el precio que se lo haya dicho un varón-policía). Le dijo: “que la mujer del futuro no sea el hombre que estamos dejando atrás”.

La sororidad bien entendida no es corporativismo.

(Leer también: Actrices Argentinas en el barro: el riesgo del pensamiento único)

* Editora ejecutiva de NOTICIAS.

por Alejandra Daiha*

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