Lunes 20 de septiembre, 2021

OPINIóN | 08-10-2020 09:45

Alberto Fernández lo hizo: el día que el kirchnerismo entregó sus banderas

El Presidente desmoralizó a la militancia de CFK con su condena a Venezuela. Los negocios de su archirrival De Vido con el chavismo.

Diez meses tardó Alberto Fernández en asestarle el primer golpe terminal a la identidad del kirchnerismo. El flamante voto argentino en la ONU contra el régimen de Nicolás Maduro por las violaciones a los Derechos Humanos en Venezuela significa un mazazo a la alianza estratégica que los K construyeron con Hugo Chávez y su sucesor. Después de esa decisión, la militancia de Cristina Fernández siente con razón que el Presidente entregó las banderas del movimiento.

El silencio –por ahora– de la vice no impidió que otras voces, como la de Hebe de Bonafini, condenaran la movida. Pero ya está hecho: ningún inversor o mandatario extranjero podrá decir que el gobierno argentino es chavista, algo que es de mucha ayuda por estos días en que una misión del FMI aterrizó en Buenos Aires para terminar de llegar a un arreglo por la descomunal deuda contraída. Y un hecho y el otro, como reconocen en voz baja en la Cancillería, están íntimamente relacionados.

Es cierto que, al menos en esta oportunidad, a Alberto lo movió una razón adicional para independizarse del yugo cristinista: los negocios con el chavismo, como el de la maleta de Antonini Wilson, la recordada “embajada paralela” o los fideicomisos entre ambos gobiernos con plata que desaparecía sin explicación aparente, siempre estuvieron bajo la órbita de Julio De Vido, el archirrival de Fernández en aquel antiguo Gabinete de Néstor que luego heredó Cristina. Al ex superpoderoso ministro de Planificación sus jefes le confiaban la parte “contable” del proyecto, mientras que a Alberto solo lo utilizaban para la gestión. De Vido y Fernández siempre se miraron de reojo por esa división de tareas.

¿Qué hará la vicepresidenta ahora que su socio quemó las naves con Venezuela? Es algo impredecible. Pero está claro que si la militancia del ala dura cristinista leyó como una claudicación el hecho de que finalmente no se expropiara la cerealera Vicentin, lo de ahora es muchísimo peor. Mejor ni pensar en qué pasaría si el demorado impuesto a la riqueza impulsado por Máximo Kirchner, que en los próximos días se tratará en el Congreso, no llega a buen puerto.

El cristinismo no está en condiciones de digerir otra derrota. Pero Alberto ahora ya probó lo que es desafiar a la jefa y tal vez vaya por más. Lo guía su propio instinto de supervivencia, aquel que le enseñó que ningún gobierno de Occidente es viable si lleva colgado el rótulo de “populista”.

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Franco Lindner

Franco Lindner

Editor de Política, columnista de Radio Perfil y autor de "Fernández & Fernández" (Planeta).

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