Viernes 25 de septiembre, 2020

OPINIóN | 11-08-2020 18:55

Coronavirus: vacuna rusa y las razones para dudar y también para creer

No fue una buena idea bautizar a la medicación con el nombre Sputnik V, la palabra significa “satélite” y remite al triunfalismo que caracteriza a los nacionalistas rusos.

No fue una buena idea bautizar con el nombre Sputnik V a la vacuna que con bombos y platillos Rusia le anunció al mundo. Esa palabra rusa que significa “satélite” remite directamente al triunfalismo que caracteriza a los nacionalistas rusos.

En 1957, la Unión Soviética lograba su primera “victoria” sobre Estados Unidos en la carrera espacial, al poner el órbita el primer artefacto construido en la tierra. Y su segundo satélite, el Sputnik 2, fue la siguiente victoria, porque fue el primer envío al espacio de un ser vivo: la perra Laika. Por eso, el nombre de la vacuna rusa remite al nacionalismo triunfalista cuyo objetivo primordial es vencer a las otras potencias.

Por cierto, todos los países están deseosos de ser los primeros en lograr la vacuna. Todos compiten, igual que los laboratorios y las empresas farmacéuticas, que a menudo muestran que su interés primordial no es salvar vidas sino que sus acciones coticen mejor en los mercados financieros. No obstante, la cuestión es que ese afán de llegar primero no los haga jugar sucio. Y jugar sucio es llegar a una vacuna que no cumpla alguno de los dos requisitos fundamentales: toda vacuna debe ser eficaz y también debe ser segura.

De nada sirve una vacuna eficaz para inmunizar a las personas, sino es segura respecto a efectos colaterales negativos. Tampoco sirve una vacuna segura, sino es eficaz en inmunizar.

En esta competencia no gana el que obtiene primero una vacuna, sino el que obtiene primero una vacuna probadamente segura y eficaz.

En ese punto, el anuncio de Vladimir Putin genera dudas. Si la noticia que llegó al mundo desde Moscú tuviera basamentos sólidos, sería la noticia del año, incluso de la década.

¿Se justifica el escepticismo con que se recibió en Occidente y en la OMS el anuncio de Moscú? ¿Hay razones para tener esperanzas en que la vacuna rusa sea eficaz y segura?

Hay varias razones para la incredulidad, pero también hay una razón para el optimismo. Las razones para dudar están dadas por la forma en que el Kremlin encaró dese el primer momento su búsqueda y también por la falta de publicaciones científicas sobre el trayecto del Instituto Gemaleya de Moscú hasta la consecución de la fórmula para inmunizar contra el coronavirus.

La forma en que transmitía la información sobre la vacuna el ministro de Salud del Kremlin, Mijail Murashko, y también el presidente, parecía evidenciar más ansiedad por vencer en la carrera a las otras potencias, que por vencer al coronavirus.

La victoria válida es llegar a la vacuna que venza al coronavirus, no a las demás potencias en la carrera por llegar antes a la vacuna. Pero al anunciar que la fórmula de inmunización atravesó con éxito todas las pruebas y fases, el Fondo de Inversión Directa de Rusia, ente que financió los trabajos del Instituto Gemaleya, equiparó el logro con el Sputnik. Y poco después se la bautizó con el nombre del primer triunfo soviético en la carrera espacial.

Las victorias de la Rusia soviética en la conquista del espacio llegaron hasta la puesta en órbita del primer hombre. En 1961, Yuro Gagarín giró alrededor del planeta en la cápsula Vostok., aunque Moscú terminó perdiendo cuando la misión Apolo puso hombres en la luna.

Quizá dar prioridad a la competencia contra otras potencias explica la otra razón para dudar: el Instituto ruso que produjo la vacuna no realizó las publicaciones científicas que están haciendo todos los laboratorios del planeta sobre cada paso que dan en la búsqueda de la fórmula de inmunización. Por esa razón, a los científicos del mundo no les consta que Rusia pueda haber logrado, de verdad, la vacuna que dice haber logrado.

A la falta de publicaciones adecuadas la explica, o bien el objetivo de llegar primero sin que los científicos del mundo puedan señalar errores en el diseño y en las pruebas, o bien que ningún laboratorio de otra potencia pueda usar en su favor los pasos dados por el Instituto Gemaleya de Moscú. En ambos casos, la explicación muestra como prioridad llegar primero a una vacuna, y no llegar a la vacuna más eficaz y segura.

No obstante, aún con esas opacidades, hay razones para tener esperanzas en la vacuna rusa. La principal razón es que Rusia tiene diplomas bien ganados en el terreno científico. La era soviética logró avances notables en muchos campos de la ciencia. También logró niveles elevados en medicina, en química y en microbiología.

El Instituto Gemaleya es prestigioso en esos campos. Su nombre es una prueba de los merecidos diplomas rusos. Nikolay Gemaleya fue un científico importante que produjo avances en el terreno de la epidemiología desde los tiempos del imperio ruso hasta la era soviética, en la que, ya anciano, siguió haciendo notables aportes, como una vacuna contra la viruela.

Aunque la Unión Soviética haya cometido estropicios al ideologizar algunas ramas de la ciencia, y también a pesar del exacerbado nacionalismo de Putin, por ser la heredera de una potencia científica, Rusia merece un margen de credibilidad.

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Claudio Fantini

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