OPINIóN | 04-05-2021 15:05

Cuando la corrección política se vuelve censura

La máquina de cancelar es tan esquemática que no distingue realidad de ficción, ni presente y pasado. El riesgo de dejar de pensar. El caso de "Casados con hijos".

La ancha avenida de la corrección política, esa que le prometía respeto y consideración a los discriminados y a las minorías; se está convirtiendo cada vez más en un desfiladero estrecho y peligroso, en el que es muy fácil desbarrancar al menor paso en falso.

Y el arte en todas sus formas y la producción cultural en general (periodismo incluido) se ha vuelto una víctima particular de esta censura constante que cancela obras, autores, artistas y comunicadores a la menor desviación de una norma, que cada día tiene mayores alcances y aplicaciones.

La creación artística necesita libertad y es parte de su función social decir lo que nadie atreve a expresar y ser un espejo de la incorrección de todos. Pero la mirada que cancela, con su esquematismo fulminante, atenta contra esa libertad. Y no solo eso, interpreta mal y lee peor. Confunde ficción con realidad, aplica al pasado las normas del presente y no puede separar al artista de la obra. Tiene una mirada básica, no capta matices ni interpreta contextos.

Un hecho sucedido hace unos días es una buena muestra de esta situación. En la serie “Sky Rojo”, un personaje interpretado por Lali Espósito, dice el siguiente parlamento: “Deberían darme el premio al romanticismo a mí, o al mongolismo”. La frase, que jamás aparecería hoy en un texto periodístico, es expresada por la protagonista de la ficción (no por Lali Espósito, la actriz) en la jerga argentina y popular que la caracteriza. Después del estreno, la Asociación de Síndrome de Down (ASDRA) hizo una protesta por la utilización del término “mongolismo” y los responsables de Netflix reemplazaron en la serie esa palabra por otra. Pero lo que ni ASDRA ni Netflix entendieron fue que el guionista sólo hizo hablar al personaje de un modo verosímil, coherente con el medio en que se crió, donde ese término suele usarse -lamentablemente- de manera habitual. Es absurdo molestarse por la incorrección de un personaje. En ese caso, también debería preocuparnos que un nazi en la ficción insulte a los judíos o un racista a la gente de color.

Casados con hijos

Otro suceso del showbizz que inundó las redes, tiene la misma mirada desenfocada sobre el lenguaje ficcional. Se trata del conflicto que tuvo lugar dentro del elenco de “Casados con hijos”, en relación a su demorada versión teatral. La actriz Erica Rivas pidió que se aggiornaran algunos chistes machistas del texto y el director, Guillermo Francella (también protagonista de la obra), los guionistas y el productor, no estuvieron de acuerdo. ¿La razón? Que lo que Rivas pretendía modificar es parte constitutiva de “Casados con hijos”, una serie satírica que, a través de la parodia, critica ese estilo ofensivo hacia las mujeres. Otra vez aquí, no se terminan de comprender las reglas de la ficción y se mezcla el discurso real con el imaginario.

Estas dos situaciones son el síntoma de una tendencia agobiante que se encamina a provocar una verdadera catástrofe cultural. Ya podemos imaginar las bibliotecas vaciadas de títulos incómodos (empezando “Lolita” de Nabokov y las obras completas del Marqués de Sade), las películas históricas llenas de cortes (“Lo que el viento se llevó” ha sido suspendida en muchas programaciones) y a personas cada vez más temerosas de expresar lo que piensan.

En Estados Unidos se habla de “macartismo cultural” y el ex director de la Real Academia española, Darío Villanueva, calificó hace pocos días esta tendencia de “censura perversa”. La opción que tenemos por delante es: libertad total o control de las opiniones y obras. ¿No será posible que convivan la diversidad de pensamiento y el cuidado de las minorías? Porque si no, habremos escapado del horror de la discriminación, para correr a tirarnos de cabeza en el pozo de la censura.

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Adriana Lorusso

Adriana Lorusso

Editora de Cultura y columnista de Radio Perfil.

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