OPINIóN | 02-05-2020 00:42

El Gobierno y su Plan V (Vamos Viendo)

El Presidente se acomoda gracias al virus en su estilo de tanteo y equilibrismo. Bloopers, fake news y relato distraído.

En el principio, estaba Ginés. El ministro de Salud, eslabón perdido entre el gabinete de “científicos” y el de los PJ Classic, dio los primeros pasos en falso del Gobierno en su acercamiento al coronavirus. En realidad, más que acercarse al enemigo viral para estudiarlo mejor, Ginés González García prefirió alejarse, tratarlo como un fantasma remoto al que no teníamos por qué temerle. Le preocupaba más el dengue, opinaba. Y todavía rebota en las redes sociales su afirmación de que no había “ninguna posibilidad de que exista coronavirus en la Argentina”. Seamos justos: la frase fue pronunciada a principios de año, y se refería a la inexistencia de circulación comunitaria: “salvo que sea importado”, aclaraba Ginés. Exacto, esa era la clave letal que nadie supo anticipar, tampoco la Argentina, que se decidió tarde a cerrar sus fronteras y a proveerse de suficientes kits de testeo. Ginés actuó de buena fe: incluso cuando ya estaba declarada la emergencia nacional, todavía insistía con sus dudas sobre la conveniencia de suspender las clases, como muchos otros países, que siguieron enviando a los chicos a la escuela. Quizá por miedo a quedar en el bando de los Estados negacionistas del virus, la posta comunicacional pasó al Presidente de la Nación.

Pero ahí comenzaron los bloopers del profe Alberto Fernández, que tal vez sea un gran docente de Derecho, pero todavía le falta repasar un par de bolillas sobre infectología. Primero recomendó tomar bebidas calientes para matar el virus, receta nunca chequeada antes de convertirse en fake news oficial. Luego vino la contradictoria reapertura bancaria que dejó a miles de jubilados expuestos en plena cuarentena. Y las compras de insumos a precios sospechosos, que primero se justificaron con la promesa presidencial de que “no somos corruptos”, pero que a las pocas horas terminaron en una purga de mandos medios del sector Compras. El Presidente se enojó por tanto derroche oficial de su creciente imagen presidencial por errores no forzados, y llamó a su equipo al orden.

Pero en sus próximas conferencias de prensa seguirían las improvisaciones. El profe Alberto se entregaría al triunfalismo sanitario, apoyado en “filminas” de dudosa consistencia estadística. Empeñado en ponerle onda al encierro indefinido, el Presidente nos dio permiso para salir a correr, pero sus asesores dudaron y el running quedó para otro momento. Para evitar más malentendidos, su equipo de comunicación decidió cambiar las conferencias de prensa por mensajes grabados, para que no sean saltos sin red que pudieran confundir a la población acuarentenada. Pues no. Fernández lo hizo de nuevo: prometió paseos para todos y todas, y al rato los gobernadores de las provincias más pobladas salieron a desmentirlo, sin distinción de banderías partidarias, como pedía el Gobierno: unidos. Por el espanto.

El Presidente tuvo que salir por radio a aclarar que no hubo conflicto con los gobernadores aterrados, sino que “se le pasó” aclararle a la audiencia que cada distrito tenía que reglamentar el tema de los paseos. ¿Cómo se explican tantos despistes? Podemos echarle la culpa del relato distraído al Covid-19, que rompió los planes en todo el planeta. Pero también es cierto que Alberto Fernández venía debiendo un plan desde antes de asumir. Mientras otros países activan forzados un Plan B para sobrevivir a la pandemia, al Presidente argentino le pasa al revés: por fin encontró su plan, o legitimó gracias al caos viral el Plan V del experimento Fernández-Fernández: el gobierno del Vamos Viendo.

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Silvio Santamarina

Silvio Santamarina

Columnista de Noticias y Radio Perfil.

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