Thursday 16 de July, 2026

OPINIóN | Hoy 17:53

El regreso de la casta

Por qué Milei, a pesar de su discurso público, elige rodearse de personajes de la política tradicional. El ascenso de Santilli y el rol de Bullrich.

Hace ya más de dos años y medio, Javier Milei triunfó no sólo por su voluntad de hacer todo cuanto fuera necesario para frenar la inflación rampante que devastaba la economía nacional y empobrecía a sectores cada vez mayores de la población, sino también por el desprecio que sentía por una clase política que, a juicio de él y de muchos otros, había degenerado en una suerte de asociación mutual parasitaria cuyos miembros estaban mucho más interesados en su propio bienestar material que en cualquier otra cosa. Puede que hayan exagerado quienes pensaban así, ya que algunos políticos son personas decentes que realmente quieren hacer aportes positivos al país, pero era comprensible que la mayoría había llegado a la conclusión de que “la casta” era una banda de ladrones.  El que a más de cuarenta años de su muerte Arturo Illia aún sea recordado como un santo cívico porque no aprovechó el poder presidencial para enriquecerse, nos dice mucho sobre la reputación colectiva de la elite política nacional.

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Aunque para un sector significante de la sociedad la corrupción que se supone característica de “la casta” podría tomarse por una manifestación de viveza que merece ser aplaudida, ya que a pesar de la evidencia abundante en su contra Cristina Kirchner conserva la lealtad de aproximadamente un tercio del electorado, los demás entienden que el saqueo por ella y sus secuaces de las arcas públicas estaba entre las causas principales de la depauperación de millones de familias y por lo tanto de la gran debacle nacional.

Así las cosas, no sorprende demasiado que el ascenso de Diego Santilli a la jefatura de Gabinete haya motivado muchos reparos entre los interesados en las vicisitudes de los habitantes del mundillo político. De acuerdo con casi todos, Santilli “es casta”, ya que es un experto notorio en los tejes y manejes de la política tradicional, un personaje que ha logrado subir hasta el lugar que ha alcanzado merced a su habilidad sinuosa y su dominio de las artes oscuras de su oficio. Como tantos han señalado, el nuevo hombre fuerte del gobierno libertario hizo pinitos en el peronismo para entonces mudarse al Pro de Mauricio Macri y, sin abandonar su lugar en dicha constelación, erigirse en un colaborador clave de los hermanos Milei gracias en buena medida a su buena relación con Karina.

Puede que sea injusto criticarlo por su flexibilidad ideológica. Parecería que, en cierto modo, Santilli y otros integrantes del Pro que ocupan puestos en el gobierno de Milei se asemejan a aquellos funcionarios franceses y británicos respetados que sirven con profesionalismo a los gobiernos de turno sin preocuparse demasiado por los principios que dicen representar a menos que los encuentren inaceptables. Como dice él mismo, es “un hombre de gestión”. Asimismo, la evolución política que se le atribuye es la de una parte sustancial del electorado que, luego de sentirse afín al peronismo menemista, se dejó seducir por el macrismo por suponer que eran imprescindibles las reformas que trataban de concretar, para después acercarse al mileísmo que, en su opinión, tendría la firmeza necesaria para llevarlas a cabo.

De todos modos, la tarea que a Santilli le aguarda dista de ser sencilla. Milei y Karina lo seleccionaron para reemplazar a Manuel Adorni al darse cuenta de que, a menos que consiguieran reconciliarse con los indignados por la conducta insólita del exjefe de Gabinete, la reelección con la que sueñan sería inalcanzable. A Santilli le corresponderá convencer a más gobernadores provinciales y legisladores de diversa procedencia de que será de su interés solidarizarse con el gobierno, aunque sólo fuera porque las eventuales alternativas serían tan negativas.  

Dicho de otra manera, lo que los hermanos esperan de él es que los ayude a reconciliarse con la parte rescatable de “la casta” que, como en todas las demás democracias, se ve bajo ataque debido a su corporativismo, a su incapacidad para cumplir con sus promesas y también a los escándalos protagonizados por personajes determinados como el exjefe del gobierno bonaerense, Martín Insaurralde.

Lo mismo que muchos otros profesionales de la política, a Insaurralde le está resultando ser muy difícil explicar cómo se las ha ingeniado para vivir como una multimillonario en base a ingresos derivados del servicio público. Huelga decir que no es el único que se halla en esta situación. Parecería que se cuentan por centenares, cuando no por miles, los políticos, jueces y funcionarios nacionales, provinciales y municipales que han logrado adquirir propiedades suntuosas y otros bienes de lujo por medios misteriosos. En esta compañía, Adorni desempeña un papel que es decididamente modesto, pero es en buena medida gracias a él que el tema de la corrupción se ha convertido nuevamente en uno que más preocupación está motivando entre los golpeados por una crisis económica que, para frustración del gobierno, amenaza con prolongarse. Si bien sería ingenuo suponer que las penurias actuales se deben a nada más que el robo de vaya a saber cuántos miles de millones de dólares por cleptócratas natos como los Kirchner y otros de mentalidad similar, no cabe duda de que las obsesiones patrimonialistas de tantas personas vinculadas con el quehacer político ha contribuido al desastre al incidir poderosamente en sus actitudes hacia el manejo de la economía. Por razones evidentes, el capitalismo de amigos es incompatible con la justicia social ya que sólo sirve para perpetuar el subdesarrollo.

Sea como fuere, por ahora cuando menos, la Argentina no está en condiciones de procurar reducir drásticamente el nivel de corrupción con una versión local de la operación “mani pulite” (manos limpias) italiana de hace ya 34 años que destruyó buena parte del sistema político de un país de cultura política y judicial parecida. Hasta nuevo aviso, tendrá que conformarse con el enjuiciamiento de algunos sujetos que, como Insaurralde, por su ostentación insolente se vieron transformados en símbolos del mal, y esperar que su caída en desgracia sirva para intimidar a los tentados a emularlos.  

¿Es vulnerable Santilli? Según sus declaraciones juradas, su patrimonio es de dimensiones nada excepcionales y niega tener intereses en empresas “off shore” con sedes en Miami o el Caribe. Con todo, en 2023, cuando competía para la gobernación bonaerense, Milei lo calificó de “un engendro”, un candidato “horrible” que “se mueve por los negocios”. Parecería que últimamente el presidente ha cambiado de opinión y ve en Santilli un operador muy valioso que, luego de “pacificar” la política dialogando amablemente con quienes militan en otras agrupaciones, le permitirá avanzar con su programa ambicioso de reformas estructurales.

¿Es compatible la estrategia así supuesta con la aspiración de Karina de hacer de La Libertad Avanza un partido hegemónico que no tenga que depender de aliados que a su juicio son poco confiables como el Pro?  Puede que no, pero desde el punto de vista del presidente Milei es claramente mejor apostar a un negociador experimentado como Santilli de lo que sería correr el riesgo de compartir el destino de Mauricio Macri, si bien en su caso una hipotética derrota electoral no se debería a un imprevisto choque económico procedente del exterior, ya que el andamiaje financiero del país parece ser mucho más fuerte de lo que era en 2019, sino a su propia proclividad a fabricarse enemigos maltratando a los reacios a rendirle homenaje.   

Antes de las elecciones de 2023 Milei era un hereje de convicciones que, para todos salvo los miembros de algunos grupos muy minoritarios, eran antipáticas. Aunque muchos siguen repudiándolas, ya cuentan con la aprobación de una parte sustancial del elenco político estable que ha llegado a coincidir en que, sin disciplina fiscal, la inflación es inevitable, que al país le beneficiaría sacar pleno provecho de sus recursos naturales ya que no tiene sentido dejarlos en el subsuelo por razones supuestamente patrióticas o ecológicas y que hay que exportar lo más posible.  Si bien el mileísmo no se ha convertido en la nueva ortodoxia nacional, ya está conformándose un nuevo consenso político que se parece mucho más al predicado por Milei que al existente cuando casi la mitad del electorado estaba dispuesta a permitir que el trío conformado por Cristina, Alberto Fernández y Sergio Massa se encargara del país.   

Para todos los políticos -con la excepción de los más oportunistas-, es difícil adaptarse al cambio cultural que está modificando el panorama frente al país, ya que a nadie le gusta sentirse obligado a reconocer que durante años militó a favor de esquemas que andando el tiempo tendrían consecuencias nefastas para muchísimas personas. Sin embargo, mientras no haya una alternativa coherente basada en la estabilidad macroeconómica al proyecto del anarco-capitalista libertario furibundo, será probable que se anote un nuevo triunfo en las elecciones del año que viene a pesar de su propensión a cometer errores políticos groseros por motivos que pocos entienden muy bien. Después de todo, si el electorado tiene que optar entre continuar el programa de reestructuración mileísta que ya está brindando resultados macroeconómicos promisorios y un nuevo salto al vacío, sería lógico que la mayoría decidiera conformarse con más de lo mismo. 

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En esta Nota

James Neilson

James Neilson

Former editor of the Buenos Aires Herald (1979-1986).

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