Jueves 13 de mayo, 2021

OPINIóN | 16-04-2021 17:37

Guillermo Lasso y el resultado milagroso

Por Santiago Nieto. El presidente electo de Ecuador dio un giro de 180 grados tratando de llegar con su campaña al 60% de electores que estaba pidiendo otro mensaje.

Guillermo Lasso siempre enfrentó al correísmo. En 2017 lo hizo en una elección ajustada. En la primera vuelta Lenin Moreno obtuvo el 39.4% de los votos, Lasso el 28% y sus aliados socialcristianos el 16%.  El país se dividió entre un 39% de personas que quería que siga en el poder la Revolución Ciudadana y un 44% que quería un cambio.  En la segunda vuelta Moreno sacó el 51% y Lasso el 49%. En ese momento Correa dividía al país casi en partes iguales: los que querían que siga el socialismo del siglo XXI y quienes lo rechazaban. 

En la primera vuelta del 2021 las cosas cambiaron radicalmente. En un país con 13 millones de votantes, Andrés Arauz, reemplazo de Moreno, obtuvo el 33% de votos, y Guillermo Lasso casi el 20%. El correísmo sacó 16% menos votos que hace cuatro años y el anticorreísmo 26%. Otros candidatos menores acumularon un 36%.

Lasso analizó los resultados y fue capaz de comprender el cambio que había ocurrido. Dio un giro de 180 grados tratando de llegar con su campaña al 60% de electores que estaba pidiendo otro mensaje. La tarea fue compleja porque no lo entendían las élites, obsesionadas con Correa. Era necesario llegar a una mayoría que no vivió la guerra fría y demandaba otras propuestas de cambio.

Al iniciarse la carrera de segunda vuelta, Lasso perdía las elecciones con un 20%, en los sondeos, unos dos millones trescientos mil votos. En tres meses pasó a ganar con 5%, movió a casi 3 millones de electores.

Siempre el resultado de las elecciones depende del candidato. Lasso exhibió en la segunda vuelta una serie de elementos de su personalidad que le volvieron empático con la gente. Se dedicó a escuchar más que a predicar sus verdades. Tuvo un mensaje inclusivo con todos los ecuatorianos, los indígenas, los afroecuatorianos, los LGBTIQ, la enorme diversidad de personas que constituyen ese país.

Los ciudadanos están cansados de 14 años de peleas entre políticos, confrontaciones personales y persecuciones. En Ecuador y Perú, los países en que se han celebrado elecciones en estos días, la gente rechaza a los partidos, al Congreso, la justicia, a todas las instituciones del establecimiento.

Lasso no confrontó, no atacó a Correa, a Arauz, ni a nadie. Evitó toda campaña sucia. Está convencido de que se necesita una actitud positiva que una a ecuatorianos de todas las tendencias para encontrar soluciones a la mayor crisis de la historia. Tuvo una campaña con estrategia, con una dirección clara, a la que supo imprimir una disciplina estricta.

En contraste, Andrés Arauz tuvo una campaña dispersa. Por momentos parecía ser inclusivo, amigable con la gente, a veces repetía una serie de insultos y versiones calumniosas acerca de supuestas propiedades de Lasso en el mundo.

Sus esfuerzos por instalar una nueva generación que exprese a la Revolución Ciudadana chocaban con la constante intervención de Rafael Correa, con su viejo estilo amenazante e impetuoso, que felicitaba a la dictadura militar venezolana por el plebiscito, exhibía la lista de personas que apresaría cuando vuelva al poder. Ofendía y calumniaba a quien podía con unas formas que de tan repetitivas se volvieron aburrida.

Le apoyó un dirigente cargado de odio que dijo que sería bueno que un indígena sea presidente, para que los mestizos sepan lo que les pueda pasar. La mayoría indígena no piensa así. Lasso arrasó en todas las provincias con población indígena.

Hay que revisar paradigmas y renovarse para vivir en este siglo.

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