Jueves 19 de mayo, 2022

OPINIóN | 24-07-2020 16:11

La mutua obsesión entre Julio De Vido y Alberto Fernández

Qué se esconde tras las críticas del ex ministro de Planificación al Presidente. La historia de una rivalidad eterna. 

Cada vez que encuentra una excusa, o aun cuando no la tiene, Julio De Vido le pega a Alberto Fernández. Lo último que acaba de decir es que “retrocedió en chancletas” en la prometida y nunca concretada expropiación de Vicentin. Y poco antes de eso, adhirió efusivamente a la carta de Hebe de Bonafini que trataba a Fernández como un empleado de la “corpo” por sentar a los grandes empresarios a su mesa. Para darle contexto a la pelea, recordemos que el ex ministro de Planificación es un ex preso –hasta hace poco aún cumplía domiciliaria– que le habla de igual a igual al Presidente de la Nación. Es que hay confianza entre ellos, por llamarla de alguna manera. Se conocen y se odian desde el fondo de los tiempos, cuando Alberto lideraba la pata porteña del kirchnerismo y De Vido era el más encumbrado de los “pingüinos” del Sur. 

La rivalidad entre ambos bandos no se disimulaba. Los patagónicos veían en Fernández a un paracaidista que había envuelto a Néstor con sus artes de operador para terminar convirtiéndose en su jefe de Gabinete. Y el porteño, a su vez, consideraba que los del Sur, y en especial De Vido, solo le traían problemas al jefe. Los escándalos de corrupción de aquellos años, como el de Skanska o el de Antonini Wilson, siempre  terminaban involucrando a De Vido y su equipo.

En 2007, cuando Alberto convenció a Kirchner de que la candidata esta vez debía ser Cristina, también se ilusionó con deshacerse de sus rivales “pingüinos”. Durante meses se habló de oxigenación, de nuevos nombres para el Gabinete de CFK y de un kirchnerismo más prolijo, pero al final Néstor terminó salvando a los suyos. Fernández esparció el mensaje entre sus amigos periodistas de que en esas condiciones él no seguiría, ante lo cual el jefe se plantó. “No me gusta que me operes en los medios”, le dijo. Alberto continuó como jefe de Gabinete, y De Vido al frente de Planificación. 

Con la posterior renuncia de Fernández, hastiado por la guerra contra el campo y por el doble comando entre Cristina y Néstor, el enfrentamiento se profundizó. El punto cúlmine fue cuando De Vido, ya preso con el macrismo, le dedicó una carta abierta en la que lo acusaba de apadrinar a los “traidores” del movimiento que habían pasado de ser K a criticar a Cristina y hasta a enfrentarla electoralmente: Randazzo, Massa, Lousteau y Ocaña fueron los mencionados.

Luego, todo cambió. Alberto reconquistó a Cristina y De Vido, en prisión, pasó a ser un paria. Ella incluso le negó el saludo cuando se cruzaron por última vez, el año pasado, en el juicio oral por supuesta corrupción en la obra pública. Casualmente, Alberto defendió a CFK en esa causa.

De Vido no parece darse cuenta de que se trata de una pelea desigual, entre un Presidente elegido hace solo unos meses y un ex preso acusado de corrupción sobre el que pesa una fuerte condena social. O tal vez se da cuenta y no le importa.

De una u otra forma, le hace un favor a Fernández cada vez que lo señala.

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Franco Lindner

Franco Lindner

Editor de Política, columnista de Radio Perfil y autor de "Fernández & Fernández" (Planeta).

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