Domingo 19 de septiembre, 2021

OPINIóN | 05-08-2021 14:33

Larreta judoca: cómo tirar a Manes sin oponer resistencia

El jefe porteño sabe que la ciudad está ganada y la suerte de Santilli no es determinante ni amenazante para sus planes. Pero para Manes puede ser debut y despedida.

Muchos nos preguntamos desde finales del 2020 como resolvería Horacio Rodriguez Larreta la disputa por el liderazgo del PRO con su jefe político, el ex presidente Mauricio Macri. Si lo pensáramos en clave psicoanalítica es el desafío de "matar" al padre, autonomizarse, poder salir a la vida sin tutela y con proyecto propio.

Sin duda uno de los momentos más desafiantes para cualquier ser humano. Muchos no logran nunca superarlo ni aún después de la muerte física de la figura paterna, quedando atados-subordinados de por vida al padre imaginario y a su rol de hijo.

Horacio Rodriguez Larreta, demostrando capacidad de diálogo con el peronismo gobernante, sentándose junto al presidente y al gobernador de la provincia de Buenos Aires, escaló a lo más alto del podio de la imagen pública durante el 2020 y logró mantenerse hasta el día de hoy como el político opositor más apreciado por la opinión pública,

Luego se enfrentó a la tensión que le ofrecieron los halcones de su propio espacio. Aquellos que le impugnaban su estilo negociador, dialoguista y proponían la confrontación y la impugnación del actual gobierno peronista liderando las protestas frente a la cuarentena extendida.

Pero Mauricio Macri, que luego de su salida de la presidencia pareció convertirse en el principal exponente de esta postura (junto a Patricia Bullrich), finalmente cedió ante Larreta.

Las cabezas de las listas del PRO, tanto en provincia como en CABA, son figuras cercanas al actual Jefe de Gobierno y ambos, María Eugenia Vidal y Diego Santilli, se muestran como dirigentes de diálogo, que proponen enfrentar los desafíos de la Argentina en clave de construcción de consensos más que con liderazgos decisionistas con capacidad para desarticular en un movimiento la Argentina populista.

Pero cuando todo parecía dispuesto para la consolidación del liderazgo del Jefe de Gobierno de la Ciudad, con una lista de unidad en la provincia y una interna edulcorada entre Vidal y Lopez Murphhy en CABA, apareció el cisne negro: la PASO de Juntos en provincia de Buenos Aires es la gran atracción de las elecciones de septiembre.

El radicalismo se convirtió en la plataforma para que Facundo Manes, que hace tiempo venía amagando con su ingreso a la política, finalmente encabezara una lista en la PASO del radicalismo.

Manes no es ni halcón ni paloma y por eso es difícil de someterlo a la dinámica de Juntos. En términos ideológicos uno tiende a ubicarlo en el cuadrante progresista de la coalición opositora. La realidad es que es un médico neurólogo, divulgador masivo de su disciplina, y que suele evitar hablar de la coyuntura para referirse al largo plazo con fuerte eje en la educación, discurso caro al partido de Alem e Yrigoyen y la clase media forjada en nuestras escuelas y universidades publicas.

Sin experiencia en cargos partidarios ni de gobierno, trata de sacar partido de su condición de lejanía con la dirigencia política. Pero sobre todo, ha expresado su interés por el cargo más alto al que aspiran los políticos argentinos. Manes no quiere ser diputado. Manes quiere ser presidente. Dice tener un proyecto para la Argentina y si ha decido "jugar" es porque siente que este es el momento o su momento.

¿Porque la pelea y la tensión en Juntos es inevitable? Porque los tiempos son diferentes para los contendientes. Larreta sabe que la ciudad está ganada y la suerte de Santilli no es determinante ni amenazante para sus planes. Si gana será su triunfo, si pierde será un derrota lógica frente el peronismo en su principal bastión electoral. Manes en cambio sabe que puede ser debut y despedida. Una derrota contra Santilli postergaría por años su sueño presidencial e incluso pondría un manto de dudas sobre su incursión en las movedizas arenas de la política.

En tiempos de Juegos Olímpicos, Larreta actúa como un judoca, no opone resistencia, sus aliados no atacan, pero todos buscan anular el esfuerzo de Manes, el desafiante. Hagamos un código de convivencia proponen. El adversario es el kirchnerismo insisten. Manes, como un boxeador a la ofensiva, toma el centro del ring y pega. Sabe que no tiene los 15 rounds por delante. Que si la pelea se hace muy larga su resistencia puede ceder. ¿Puede afectar las chances de juntos? Podría, pero noviembre hoy es problema de otros, no de quienes se juegan todo en septiembre.

 

Por Facundo Nejamkis. Politólogo y director de la consultora Opina Argentina 

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