Monday 27 de May, 2024

OPINIóN | 11-04-2024 08:21

No culpen a Ayn Rand por Javier Milei

La filósofa no tiene culpa en la creación del que se convirtió en presidente. Lo desconcertante es que organizaciones que se supone que se especializan en estudiar su pensamiento se suban a la ola de Milei.

Milei es en sí mismo una gran incógnita ideológica, lo que detallo en mi libro “Milei, todas las preguntas que suscita” (Deusto, 2024), en el que hago una radiografía de su pensamiento, más allá de lo que expresa como parte de su retórica política. Federico Galliani hace en Infobae un análisis de la invitación que recibió el presidente a un evento que celebra el pensamiento de Ayn Rand y entre otras interpretaciones, a mi juicio erróneas, la describe como conservadora, algo que ella rechazó abiertamente ser y, efectivamente, nunca fue. Milei incluso encajaría como un personaje de sus novelas, pero no un héroe sino un perfecto villano, incluso exagerado como eran los que ella construía con fines confesadamente pedagógicos.

Lo primero que habría que aclarar para el lector que no conozca su obra, es que el concepto de egoísmo racional, que era central en su pensamiento, nació en ella como una oposición a la retórica altruista del régimen totalitario de su país de origen: la Rusia que se convirtió durante su juventud en la Unión Soviética. El altruismo en Rand es lo que postula el sacrificio del individuo a los deseos del grupo, la patria, la iglesia, la familia, el Estado, la necesidad de la propagación de la especie, la cultura, las tradiciones u Occidente; todas figuras utilizadas por la política para explicar por qué el individuo y sus aspiraciones podrían ser sacrificadas. El centro de su ética es que nada es bueno en sí mismo por implicar un sacrificio y un desprendimiento, sino por responder a un valor objetivo. Ocurre que para quién se acerca a ella desde tradiciones de pensamiento muy distintas, la definición del individualismo ético desde la palabra egoísmo, hace que no se quiera ir más allá en búsqueda del sentido de sus explicaciones.

El individualismo opuesto al colectivismo en Ayn Rand, dista mucho de lo que una aproximación desprevenida, sin leerla, llevaría a suponer, solo por la carga que la palabra egoísmo trae consigo. Y, como aclararía ella muchas veces, no trae esa carga por casualidad, es parte de lo que una explicación posmoderna describiría como el establecimiento de relaciones de poder.

Pero veamos algunos de sus pronunciamientos, a través de los cuales podrá entenderse el contraste que existe entre Ayn Rand y Javier Milei, un individuo que habla en nombre de Dios y  de las fuerzas del cielo, que cita a la Biblia para justificar sus acciones, como el traslado de la embajada de Israel a Jerusalem. Dice Rand de los místicos como Milei:

"Todo dictador es un místico, y todo místico es un dictador potencial. Un místico ansía la obediencia de los hombres, no su acuerdo. Quiere que se rindan su conciencia a sus afirmaciones, sus edictos, sus deseos, sus caprichos, como su conciencia se rinde a la de ellos. Quiere tratar con hombres mediante la fe y la fuerza; no encuentra satisfacción en su consentimiento si debe ganarlo mediante hechos y razón. La razón es el enemigo que teme y, simultáneamente, considera precario; para él, la razón es un medio de engaño; siente que los hombres poseen algún poder más potente que la razón, y solo su creencia sin causa o su obediencia forzada pueden darle una sensación de seguridad, una prueba de que ha logrado controlar el don místico que le faltaba. Su deseo es mandar, no convencer: la convicción requiere un acto de independencia y se basa en el absoluto de una realidad objetiva. Lo que busca es poder sobre la realidad y sobre los medios de los hombres para percibirla, su mente, el poder para interponer su voluntad entre la existencia y la conciencia, como si, al acordar fingir la realidad que les ordena fingir, los hombres, de hecho, la crearan.” (For the New Intellectual 1961)

Javier Milei no solo es un místico, sino que solo se relaciona con místicos. Tiene dentro de su partido y su círculo áulico, sus legisladores y funcionarios, a gente que, siguiendo el manual de la nueva derecha a la que adscribe, mezcla religión con política como una característica principal. Los ideólogos del movimiento, como Steve Bannon o Olavo de Carvalho, el filósofo de Bolsonaro, postulan una confusión entre religión y estado. Los líderes de esta tendencia que crece en muchos países tienen la exacta pretensión de la rendición de la conciencia de las personas a sus “visiones”. Los que logran dejar de pensar, “la ven”. Su invocación permanente de las fuerzas del cielo, su propia comparación con Moisés y las citas bíblicas para apoyar sus acciones, hacen de Milei un individuo antitético respecto del pensamiento de Ayn Rand. La sola idea de Dios era para ella una barrera para el uso de la razón.

Veamos lo que opinaba Rand del tipo de movimiento intelectual y político en el que se referencia Milei, que empieza por la constitución de lo que se llamó la “mayoría moral” en tiempos de Reagan y terminó en la transformación del Partido Republicano trumpista:

“La clase de criaturas estilo Halloween que está tratando de tomar la arena intelectual de hoy no fue creada por la administración Reagan, existieron en cada período en los rincones oscuros y ventilados de la historia. Pero en un período de quebranto filosófico, pueden arrastrarse hacia la luz. Hoy están organizados bajo muchos nombres y lemas pretenciosos. El más presuntuoso de los nombres es 'la mayoría moral', y el más falso de sus lemas es la afirmación de que son 'pro-vida'. Lo que todos tienen en común es que son místicos militantes que han aprendido a ser arrogantes al no encontrar oposición. Su pensamiento común y el ideal reconocido, la encarnación de sus objetivos filosóficos, es el hombre que ha tenido éxito en unir la religión y la política y establecer una dictadura religiosa. No es un árabe, pero es un vecino cercano de los árabes. Es conocido como ayatolá Komeini.”

Según ha afirmado Javier Milei, el aborto es un “asesinato agravado por el vínculo”, algo que ninguna legislación o teoría jurídica ha avalado jamás. El contraste con Ayn Rand es contundente; este no era para ella un tema en el que se pudiera disentir dentro de un cierto espectro de coincidencias.

“Para gran crédito del pueblo estadounidense, las encuestas de opinión pública muestran que una mayoría significativa apoya el derecho de la mujer al aborto. Por lo tanto, los místicos militantes que querían una enmienda constitucional que prohibiera el aborto ahora están recurriendo a un nuevo truco inconstitucional. Buscan que el Congreso apruebe una ley para dirimir una cuestión metafísica: la naturaleza de la vida. Esta ley declararía que la vida humana comienza en la concepción, que un embrión es una persona y, por lo tanto, que un aborto es un asesinato. No parece, en el momento presente, que esta ley vaya a ser aprobada, pero eventualmente podría serlo, si no encuentra una oposición mejor de la que se escucha actualmente, a la mera noción del Congreso como una autoridad filosófica que prescribe un dogma oficial para reescribir la naturaleza de la realidad. Equiparar un poco de protoplasma con un ser humano debería haber causado una marcha en Washington en protesta.”

Ese un proyecto que Trump ya ha anunciado que quiere revivir. Rand entendía que el aborto estaba relacionado con la responsabilidad a conciencia de ser padres:

“La campaña antiaborto de hoy es tan obscenamente malvada, que es un fenómeno que me resulta difícil de entender o creer. Uno podría atribuir esa campaña a la psicología de las gárgolas medievales, pero ¿en el siglo XX en Estados Unidos? Solo hay una pregunta esencial en este asunto, ya que una mujer no es un animal y si es consciente, no puede abandonar a su cría. El parto significa la entrega de toda su vida al tedio de criar a un niño, y la entrega de la vida de su padre también, si él también actúa con conciencia. ¿Con qué infernal impertinencia asumen algunas mujeres el derecho de disponer de las vidas de otros de esta manera? No me hablen de un feto de 8 meses. Lo que se discute aquí es un embrión que es un pedazo de protoplasma, a lo cual se va a sacrificar una vida humana completa. No me hablen de los derechos de ese protoplasma, no tiene ninguno. Y no me digan que ese abominable movimiento que busca anular las vidas de innumerables seres humanos se llama movimiento pro-vida. Es simplemente un ejemplo de la Gran Mentira”.

Por todo esto es muy difícil vincular a Ayn Rand con Javier Milei, el encajaría mejor en lo que él y sus influencers denominarían una feminista “zurda” que está entre los que “no la ven”.

Nuestra autora fue en realidad la primera opositora al germen de la nueva derecha en la que se inscribe Milei y sus “liberales”, siendo muy incomprendida por eso en su tiempo. Se opuso vehementemente a aquella mencionada “mayoría moral” que involucraba a las iglesias evangelistas en la campaña republicana. Ese movimiento, en ese momento, era un apoyo más al liderazgo de Ronald Reagan, pero hoy ha tomado al Partido Republicano y ha transformado incluso al liberalismo en un proceso que describo en el libro “Lo Impensable. El curioso caso de los liberales mutando al fascismo”. Ella fue con su crítica al centro neurálgico de aquella ideología en formación y que ahora representada por Milei y sus aliados. Defendió, por ejemplo, la educación sexual, que los religiosos de Milei quieren terminar: “Esos mismos místicos militantes están en contra de la educación sexual en las escuelas. Y esto en un momento en que la categoría de adolescentes embarazadas comienza a la edad de 11 o 12 años. Es como si esos místicos buscaran deliberadamente crear desastres sexuales y difundirlos lo más ampliamente posible. Un gran número de místicos militantes desaprueba a las parejas sin hijos. Las personas que no quieren tener hijos, afirman, son egoístas. Esto es cierto. Cuando traes niños al mundo, sacrificas tu propia soberanía y te conviertes en un medio para un fin. El fin, la preocupación principal, son los niños. No hay nada malo en tener hijos, incluso si ambos padres eligen conscientemente y saben lo que están haciendo. Pero aceptar la procreación como un deber moral es aceptar el rol de un animal en una granja reproductora, ¿en beneficio de quién? Aquí sale a la luz el motivo oficial de los antiabortos en un tono de voz bonito y reverente por el bien de la familia. Dado que no sigo las publicaciones de los místicos, la primera vez que me encontré con la palabra ‘familia’ en ese sentido extraño, artificial y exagerado fue en la última plataforma Republicana.”

Y como si estuviera hablando de la “batalla cultural” en la que está embarcado el mileísmo, agregó: “A su ‘familia’ se le dio el estatus de algún tipo de valor o objetivo político, algo por defender y por lo que luchar en las barricadas. Algunos religiosos, amantes del hogar, siempre se habían preocupado por la familia de esa manera, pero no tanto. Lo vi como un toque espantoso en la plataforma, una promesa de una futura campaña ideológica y un intento de hacer de la familia un tema inspirador como el Día de las Madres o un eslogan como ‘hogar dulce hogar’, para llenar el vacío moral de los conservadores. Bueno, la campaña está aquí. No creo que esa campaña esté teniendo éxito o vaya a tenerlo; el pueblo estadounidense, incluidas las familias estadounidenses, son demasiado limpios y saludables para eso. Pero este tipo de propaganda es una revelación valiosa del alma del místico militante. La adoración de la familia es un mini racismo, como un primer paso crudamente primitivo hacia la adoración de la tribu."

En un marco más general, Javier Milei se ha definido como un anarcocapitalista. Aunque dudo mucho que encaje en esa definición alguien que se atreve a prohibir la biblioteca del género, para Ayn Rand eso significaba el problema de pasar de una organización de fuerza institucionalizada, con la función de proteger derechos individuales, al sometimiento de las personas a la acción sin límite de múltiples bandas.

De lo dicho se desprende que es posible que una lectura muy ligera del pensamiento de Ayn Rand (tan ligera como la que se hace de las teorías sobre el género) pueda llevar a una cróncia periodística simplista a asociar a Milei con ella. Pero ella no tiene ninguna culpa en la creación de este personaje que se convirtió en presidente de la Argentina. Lo verdaderamente desconcertante es que organizaciones que se supone que se especializan en estudiar su pensamiento se suban a la ola de Milei, tal vez en busca de promoción.

 

por José Benegas

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