Viernes 7 de octubre, 2022

PERSONAJES | 27-12-2021 14:33

Diego Starópoli: “No soy un rockstar”

El creador de Mandinga Tattoo presentará una muestra de tatuajes solidarios en Alaska. Martín Fierro y humildad.

El día que Diego Starópoli se grabó la piel por primera vez —el motivo más chiquito que encontró porque no le alcanzaba la plata para ponerse en exquisito—, descubrió una pasión y tuvo la certeza de que lo único que quería en la vida era tatuar. No sabía ni dibujar. Aprendió el oficio pagándole a los pibes con una pizza y una cerveza para que lo dejaran practicar en sus cuerpos. 

Ahora, a punto de cumplir 50 años, tiene el local más grande del país, en su barrio de Villa Lugano, y otro en San Telmo. Le acaban de dar el segundo Martín Fierro por su programa en cable y sorteó la sequía asfixiante de seis meses sin ingresos por la pandemia, lo que lo obligó a sacar un crédito después de comerse hasta lo que había juntado en la comunión su hijo menor. Hace años armó una fundación, les imprime areolas mamarias a mujeres que sufrieron cáncer de mama y hace sus “tatuajes sanadores”, así registró la marca, en quienes están cubiertos por cicatrices. El 5 de diciembre presentará la muestra fotográfica “Los Fénix de Mandinga”, con 15 de esas historias de vida, y planea luego llevarla a distintas ciudades del mundo en un viaje que hará en motorhome con su familia, desde Lugano a Ushuaia y desde allí hasta Alaska. “Además, en cada uno de los países, ya tengo personas que me esperan para tatuarse areolas mamarias o sobre quemaduras. Ver su antes y después, es increíble, yo no puedo pedir más”. Ahora, con todo eso, repite que su vida le parece irreal y que este no era su destino. 

Noticias: ¿Cuál es el trabajo que hace con la fundación Mandinga?

Diego Starópoli: Hoy la fundación cumple un rol importante en la prevención del cáncer de mama porque le damos atención médica gratuita a muchísimas mujeres, para hacerse un control que, al no tener una obra social, están meses esperando y esta es una enfermedad que no te espera. Y yo llevo 1730 mujeres a las que les reconstruí gratis la areola mamaria. Además están los tatuajes sanadores a personas que tuvieron grandes cicatrices. Tatuo lo que no se anima a tatuar nadie. Como a una chica que está quemada desde las uñas de los pies hasta el cuello. Se incendió la habitación de la pensión que alquilaba su familia cuando ella era chiquita y salió caminando en llamas. Tiene hasta parte de los huesos quemados. cuarenta y pico operaciones, nunca en su vida fue a una pileta o al mar, ¡hoy la tenés que ver! 

Noticias: Como contrapartida, Mandinga tatúa a grandes celebridades. ¿Qué le da cada uno de esos extremos?

Starópoli: Es real, es como un yin y un yang. El 50% de las bandas más grandes del país se tatúa acá. Vienen artistas, periodistas, conductores, políticos, con algunos tenemos una relación de amistad. El hecho de que venga Axel, hace que sus fanáticas vengan a Mandinga, lo mismo con La Renga, o con los jugadores de River, y así con todo. Yo no lo vivo desde el cholulaje. 

Noticias: ¿Se imagina haciendo otra cosa?

Starópoli:  Me imagino tatuando a los 70, lo disfruto y hace mucho que no tatúo por plata.

Noticias: Si mira para atrás, ¿qué hizo que usted se transforme en un personaje?

Starópoli: Siempre le tuve miedo a comerme un personaje. Trato de vivir la vida con muchísima humildad porque me da verguenza, porque yo sigo en mi barrio, sigo teniendo los amigos de siempre, no soy un tipo que me guste andar arriba de autos caros o con cosas extravagantes, trato de ejercitar la humildad y lo hablo con mis hijos porque tuvieron la suerte de ir a Disney dos veces o antes de la pandemia me pude ir de vacaciones a Playa del Carmen, pero la primera vez que salí del país fue a los 40 años porque siempre hubo prioridades. Entonces a mis hijos les prohibo que se saquen una foto en Disney y la suban a redes, por respeto. Apadrino a más de 500 chicos de escuelas rurales que esperan que bajemos de un camión con comida para poder morfar o ropa para poder vestirse, a esos chicos me los traigo a conocer Buenos Aires y cuando vienen, los llevo a casa y les pongo la pileta.

Noticias: Ser exitoso, ¿le genera cierta culpa?

Starópoli: Tengo la tranquilidad de sentirme un buen tipo. Lo que sí está claro es que mi destino no era este, por el barrio en el que me crié, por el entorno, por la formación nula que tengo yo. Sufrí muchísimas cosas que también me enseñaron. Mi escuela realmente fue la calle y salí ileso de muchísimas cosas que gente que me rodeaba no pudo. Hoy a los 50 años, a veces no sé si una palabra va con Z o con S, pero así como me averguenzo de algunas cosas que no pude, también me pone orgulloso haber llegado a otros lados. El otro día en los Martín Fierro, veo una limusina blanca, se baja Lourdes, que es la conductora del programa, toda la gente sacando fotos, y yo retrocedí hasta la entrada de un edificio, me subí el barbijo, me puse los anteojos y me quedé esperando porque me llegaban a ver con ella y yo no soy eso… claramente ella sí, Lourdes es rockstar, le gusta, pero yo no.

Noticias: No es un rockstar. 

Starópoli: No, ni en pedo. 

Noticias: En su rubro hay mucho rockstar.

Starópoli: Claro, hay muchísimos y he tenido gente que labura conmigo que era rockstar. Yo no. El otro día hicimos la segunda caminata por la concientización del cáncer, vinieron más de 6 mil personas y yo no pude caminar, me quedé a un costado lagrimeando. Y después me abrazaban y se sacaban fotos y me decían: “Vos me tatuaste, soy la número 750, gracias”. Me sentía El Gauchito Gil. Entonces no me puedo comer esa película del rockstar, si no manejo ese tema del ego, todo eso que generé se va a la mierda. Soy un tipo de 50 años que hace dibujitos en la piel pero que tuvo la visión y la calidez de llegarle a la gente por otro lado.

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Valeria García Testa

Valeria García Testa

Periodista.

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