PERSONAJES | 06-02-2021 11:36

Olga Wornat: “La historia de los 70 no está bien contada”

La periodista reeditó “Putas y guerrilleras” y lanzó “Felipe, el oscuro”, censurado en México y por el que fue amenazada de muerte. Revisión y autocrítica.

Olga Wornat se obsesiona. Quiere saber qué hay detrás de la imagen que muestra quien preside un país o alcanza un puesto de poder. Entonces empieza a escudriñar: Carlos Menem, Cristina Fernández, Hugo Chávez o Felipe Calderón, entre tantos. Está segura que lo que se ve en superficie es una careta. Y que el poder, salvo honrosas excepciones, corrompe. 

De niña se refugiaba de los gritos y peleas con los que su padre se trenzaba con su madre. Se metía dentro de una casa de muñecas grande, abrazada a su perro y a sus monos (vivía en Posadas, Misiones, y esas eran sus mascotas). Se rodeaba de libros para amortiguar lo que pudiera pasar afuera. “Lo que más miedo me daba era que mi papá la matara a mi mamá, porque un día lo dijo sentado a la mesa”, recuerda. Eso nunca ocurrió pero al crecer, fue una adolescente tímida e insegura, esforzada al límite, hasta que le pintó la rebeldía. La paradoja es que pasó de la guarida de la casita de muñecas a la militancia en Montoneros y la clandestinidad. Durante años, la muerte le pisó los talones y después la culpa se le hizo carne. Son las coordenadas internas de esta mujer que una y otra vez se mete en distintas “bocas de lobo”, asume el riesgo y se empeña en desenmascarar a los poderosos. El último hito, según ella el más difícil, es el que alumbró en su libro “Felipe, el oscuro” (Planeta) en el que hace una semblanza profunda de Felipe Calderón, ex presidente de México, y de su gestión de gobierno. Es una exhaustiva investigación de 2011 y 2012 por la que recibió amenazas ella, su familia, sus amigos y la editorial. El libro fue censurado y recién salió a la venta a fines de 2020. 

Noticias: ¿Se reconoce como una sobreviviente crónica?

Olga Wornat: Creo que mi olfato de supervivencia quizás tiene que ver con mi niñez. Tuve una infancia muy dura, hoy lo puedo contar, mis viejos están muertos, lo hablé con ellos, me costó mucho perdonarlos. Eran dos personas que se querían mucho pero a la vez se odiaban mucho y mi casa era una locura de peleas y gritos. Me refugiaba en los libros y, como no recibía cariño, me sentía horrible. Tenía que ser la mejor alumna para que me quisieran. Quizás algunos me van a putear por lo que digo, pero por rebelión a mis padres, yo me metí en la guerrilla

Temía por la vida de su mamá pero la veía fuerte y considera que fue una de las primeras feministas. Entonces comparte lo que entendió hace poco en una reunión feminista a la que fue con su amiga Miriam Lewin: las recurrentes infidelidades de su madre eran la forma en la que la mujer compensaba los golpes y el maltrato. “Yo decía que ella tenía la culpa, pero hoy descubro que no, que esa fue su venganza”, asegura. La historia de amor odio que la engendró terminó con sus padres separados en los 80, sin que ninguno rehiciera su vida y muriendo con un año de diferencia y los cajones juntos (a pedido de su madre, la última en irse). 

Noticias: Decía que por rebeldía a esos padres se metió en la guerrilla.

Wornat: Hay miles de razones por las cuales uno entra en la militancia. Entré en el secundario, empezamos a militar y me puse de novia con un muchacho que era un pesado del ERP (después cae preso y lo matan en Monte Chingolo). Mi papá me decía: “Ahí vino el comunista de la campera a buscarte”. Y yo decía: “¡Pero no le importa que venga el comunista de la campera!”, (se ríe) no me decía nada. Después me fui a estudiar a La Plata (donde conoció a Jorge Giacobone con quien se casó y tuvo a sus tres hijos). A mí me encantaba hacer trabajo social en los barrios, ayudar a los más pobres, a los niños pero también había una gran parte de romper con mis viejos. 

Noticias: En el prólogo de “Putas y guerrilleras” (Planeta, en coautoría con Miriam Lewin), habla de la culpa que sintió por sobrevivir a la Dictadura Militar. ¿Será la razón por la que después cubrió guerras, fue corresponsal en Venezuela y denunció a los poderosos, investigó a la narcopolítica y tuvo que salir de México con un chaleco antibalas, entre otras cosas? 

Wornat: Puede ser, creo que hay una mezcla. Viví con culpa muchísimos años porque todos mis amigos estaban muertos. No recuerdo esa época como agradable, fíjate que después yo me involucro con la Contraofensiva (Montonera). Lo hablé con mis hijos, ellos me cuestionan: “Te das cuenta mamá, con papi estaban locos. Nos llevabas a nosotros que éramos chiquitos a casas llenas de armas, estaban clandestinos. Podríamos haber terminado desaparecidos o quién sabe dónde, ¿pensaron alguna vez? ¿Qué fue lo bueno de eso?“. No hubo nada bueno. Pienso en qué tenía en la cabeza en ese momento. Me provoca mucho rechazo estar con personas que fueron compañeros míos y que reivindican eso, que reivindican esa militancia de los 70 y la ponen bajo un aura de santificación cuando no fue así. La historia todavía no está bien contada. Tiene que estar contada con todo. Hay cosas que estuvieron muy mal.

En aquel prólogo, cuenta que en el ´76, embarazada de su primer hijo y escapando, se desvelaba pensando en hacer un bunker debajo de la tierra para ocultarse hasta que todo se calmara. También que cuando le dijo a su marido que quería que se fueran de allí porque las balas caían cada vez más cerca, él la miró y le dijo: “¿Vos te estás quebrando?”. “Ahí sentí como que me hundía, que estaba sola con mi hijo. Era un tipo muy esquemático, le costó mucho irse de ese lugar, le costó mucho la crítica, era muy noble, muy transparente. Murió en 2002, muy joven. Reconstruyendo la historia con él después, obviamente nos autocriticábamos estas locuras. Y vos ves hoy el tema de la reivindicación literal de la década del 70 y todo lo que fue la izquierda de los 70, estamos en el 2021, quiere decir que no hemos crecido nada”, reflexiona. Dice que en sus seis años de corresponsal en Caracas le fue difícil relatar lo que era la Venezuela de Chávez porque le decían que “se había dado vuelta”. Incluso su hijo no le creía. “Vino a visitarme con toda la ilusión de ir a donde estaban los colectivos en los barrios y le dije: “Estás loco, son una banda de malandros que trafican armas, mujeres, drogas”. “No, no puede ser”. Entonces lo llamé a un amigo mío, que era muy amigo de Chávez, y le pedí que le cuente la verdad y él le dijo: “Esto no es una revolución, es una robolución y esos colectivos que ves en los barrios son gente muy violenta, armados y el mismo Comandante no sabe qué hacer con ellos porque les dio semáforo verde para que hagan lo que quisieran con tal de que lo apoyaran en las movilizaciones”. Cuando reivindican eso, yo me río porque digo “¡Qué tristeza me da!”, cuenta.

Noticias: Gran parte de la reivindicación en Argentina la trajo el kirchnerismo.

Wornat: Yo no reivindico nada de eso, es una gran mentira.

Noticias: ¿Alguna vez lo habló con Néstor o Cristina?

Wornat: No, con Cristina lo hablé una vez, no en profundidad, yo estaba haciendo “Reina Cristina” (Planeta, 2005) y ellos todavía no tenían una relación tan estrecha con Chávez. Pero lo hablé con mucha gente del espacio y después les empezó a caer la ficha. 

Noticias: Habiendo estado tan de cara al poder, ¿qué es lo más peligroso que hace el ser humano cuando lo tiene?

Wornat: Hay muy pocas excepciones en las que el poder no haya corrompido a quienes lo detentan. Creo que las grandes transformaciones de la humanidad se dan en la calle, no en el poder. La legalización del aborto, por ejemplo, se dio por el impulso de las chicas. 

Noticias: De hecho en 2020 se reeditó “Putas y guerrilleras”, un libro de 2014, en un contexto muy distinto en términos de revoluciones feministas.

Wornat: En 2014, fue más bien un libro del boca a boca, no tuvo un gran marketing. Y entre la militancia de los 70 fue sumamente cuestionado. Hubo un colectivo de ex presas políticas que se juntaron para boicotear la salida porque decían que había cosas que no se tendrían que haber contado, que eran íntimas, cuando la Corte Internacional de la Haya declaró que el abuso físico o verbal a una mujer es un delito de lesa humanidad. Y cuando fue el éxito monumental de la canción “Un violador en tu camino” de Las Tesis, en Chile, teníamos el prólogo de Rita Segato y automáticamente el libro sale porque era el momento en el que podía ser más público, menos subterráneo. 

Noticias: ¿Cómo ve la gestión de Alberto Fernández y a CFK como vice?

Wornat: A mí me causa gracia porque Cristina es incorregible (se ríe), es ella, es imposible, es un personaje tan fuerte, fue presidenta dos veces no se va a quedar callada, obviamente. Alberto creo que le debe mucho, le debe casi todo, Cristina tiene los votos, eso creo que sigue siendo así. No lo veo mal a Alberto, a veces me molesta un poco cuando exagera ese papel de profesor. Creo que hay un equilibrio entre los dos. Las coaliciones en Argentina nunca terminaron bien pero creo que ambos son inteligentes y Cristina es muy inteligente, no va a romper nunca, a lo sumo puede apretar, empujar

Noticias: ¿A qué le tiene miedo?

Wornat: A muchas cosas, al dolor, a las enfermedades, a que pase algo con mis hijos y mis nietos, por eso fue tanto el quiebre para mí cuando amenazaron a mi hija que estaba embarazada (en medio de la investigación de “Felipe, el oscuro”). Fue muy terrible porque ella tuvo a su bebé con policías en la puerta de la sala de parto, esas cosas me dan temor.

Noticias: Con el libro en la calle y Felipe Calderón en la escena política mexicana, ¿tiene miedo?

Wornat: No, porque estoy lejos, nunca se sabe pero… trato de no pensar mucho en ellos.

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Valeria García Testa

Valeria García Testa

Periodista.

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