PERSONAJES | 12-11-2019 15:35

Oscar Araiz: "Ya no estoy para el escenario y la pompa"

Ganador del Premio Konex de Brillante, el coreógrafo está en una etapa de introspección. Negativa a ser maestro y baile popular.

En apenas unos días, Oscar Araiz recibirá el Konex de Brillante, la máxima distinción de la Fundación homónima y uno de los premios más reconocidos del país. Si bien hace 30 años ya había recibido el de Platino, la escalada de este galardón significa además que la danza, el espíritu que todo lo inocula en la vida de Araiz, se quedó con el podio de un premio dedicado a la Música Clásica. “Es muy especial, porque fue dado por un jurado que no tiene que ver específicamente con la danza, lo cual le da al género un lugar muy alto”, apunta Araiz, que a pesar de su enorme trayectoria y sus decenas de premios ganados, asegura que no se lo esperaba.  

Con tanta humildad como serenidad. Así se ve a este coreógrafo de 78 años que es toda una leyenda en el rubro, creador por ejemplo del Ballet del Teatro San Martín, director del Ballet del Teatro Colón, del Ballet du Grand Théâtre de Ginebra, del Ballet Contemporáneo del Teatro San Martín y del Ballet del Teatro Argentino de La Plata, así como colaborador en compañías internacionales como la Ópera de París, la Deutsche Oper Berlin, el Royal Winnipeg Ballet de Canadá y el Joffrey Ballet de New York, entre otros hitos. Y es que aunque el currículum continúa con otros datos igual de impresionantes, a Oscar ni la fama ni el reconocimiento le cambian el humor. Eso, en cambio, lo produce recordar funciones especiales como el estreno de “La consagración de la primavera” o “Boquitas Pintadas”, adonde apenas unos acordes lo transportan de inmediato. “La música tiene un poder evocativo fuertísimo, porque además te toca zonas que no son muy conscientes. El oído es un enorme portal de conocimiento”, sostiene.

Noticias: Cuando los artistas llegan a una cierta edad, suelen hacer retrospectivas. ¿Qué hacen los coreógrafos y directores para hacer un balance?
Oscar Araiz: Acabo de publicar un libro que se llama “Escrito en el aire”. Ese mismo nombre tuvo una pieza coreográfica que estrené en 2009. Fue una pieza donde había citas retrospectivas de muchos de mis trabajos anteriores. Con otra música, pero había movimientos y frases combinados de una manera, a la forma de lo que hizo Luciano Berio con la “Sinfonía de 1968”, donde uno de los movimientos usa como base una sinfonía de Mahler intercalando compases de otras obras importantes, como una especie de puzzle. Todo eso se entrama y produce una nueva forma. Quise reflejar un poco ese formato, y al mismo tiempo fue una especie de retrospectiva de mi trabajo, o al menos de ciertos momentos que merecían ser rescatados, revisitados, resignificados. La danza está muy relacionada con las circunstancias en las que se hizo. Sacada del contexto es muy frágil, se ridiculiza. 

Noticias: ¿Qué le pasó durante el proceso de escritura de este libro? ¿Se emocionó al revisitar momentos de su vida?
Araiz: En realidad el libro se llamó “Escrito en el aire” porque es un estudio de los procesos de trabajo en su contexto, no tanto autobiográfico. Habla mucho de los maestros, de las influencias de la época que me tocó, de las cosas que pasaron en esa época. Y está muy relacionado con las características. Por ejemplo, hice “La Consagración de la Primavera” en el 66. Y fue una versión. A medida que se iban presentando nuevas versiones, estaban cargadas del contexto en el que estaban insertadas. Siempre el trabajo que hacés habla de tus circunstancias, aún cuando las estés negando. Porque evadirse de algo también es significativo. 

Oscar Araiz

Noticias: O sea que este también es un trabajo de arqueólogo. 
Araiz: Sí, y me gusta muchísimo, cada vez le presto más atención a la historia de lo que hago. Me parece además que eso está faltando en el lenguaje de la danza joven. No hay mucha curiosidad por saber de dónde viene y quién hizo lo que se hace. Tal vez sea un signo de época. 

Noticias: ¿Cómo es como maestro?
Araiz: No me considero un maestro. Puedo ser un guía y puedo explicarte algunas herramientas que uso para que las combines y las uses de otra manera o las rechaces. Pero soy un facilitador, no enseño nada.  

Noticias: ¿Es estricto?
Araiz: Depende de qué entiendas por estricto. Sé que impongo cierto respeto, algunos lo llaman admiración. Pero a mí esa distancia me perturba, preferiría que no la hubiera. Busco una relación fraternal más que de maestro, como un par. Porque los grandes conocimientos se aprenden en forma colectiva, con experiencia grupal. Ahí es donde más efervescentes se ponen las ideas. 

Noticias: ¿Le gusta rodearse de jóvenes? ¿Es de los que cree que es un poco la forma de conservar la propia juventud?
Araiz: ¡Para nada! (ríe) Hay jóvenes que me interesan muchísimo y que me cambian la cabeza, pero también hay gente grande que lo hace. 

Noticias: Así como habla de la fuerza del contexto, ¿tiene alguna obra o noche particular que quisiera revivir?
Araiz: Recién mencioné una pieza, y fue la que marcó mi destino. Escuché esa música cuando tenía 4 años, viendo “Fantasía”, de Walt Disney. No sabía lo que era un coreógrafo, pero con esa música dibujaba y fue el primer disco que compré. Después tuve la suerte de mostrarle esos dibujos a alguien que fue mi primera maestra. Ella me encaminó, a la primera clase ya me dijo que iba a ser coreógrafo. Y el estreno de “La Consagración…”, aunque tuvo que esperar mucho tiempo y atravesar diferentes ejercicios, siempre tuvo alrededor los mismos deseos. Es como un viaje antropológico por las cosas más instintivas y salvajes de uno. Cuando finalmente se estrenó, fue un antes y un después para mí. Me gustaría volver a esa noche. Tuve que bailar el rol principal porque quien lo iba a hacer me dejó clavado, y recuerdo hasta la vibración de la música. 

Noticias: ¿Cómo es su rutina?
Araiz: Sigo trabajando, pero este año tuve un vuelco, cambiaron un poco mis actividades y horarios. Dejé la dirección del área de danza de la UNSAM, aunque sigo dando clases de composición. Ahora puedo administrar mi tiempo de modo más libre y tengo un trabajo interior más grande. Tengo otras inquietudes; estoy menos para el escenario y la pompa. 

Noticias: ¿Cómo ve la programación de danza hoy?
Araiz: No estoy muy al tanto. Hay mucha oferta, pero no sigo a los medios ni me entero de todo. Quizás es porque lo que veo no me atrapa, atrae, emociona. Estoy un poco saturado. Tampoco me gusta esta cosa de bailar para el círculo de la danza. Me gusta lo popular, el humor. A veces me encuentro con gente que vio una función hace muchos años y lo recuerda y me impresiona, porque son como huellas emocionales. 

Noticias: ¿Qué artistas actuales le gustan?
Araiz: Hace poco vi un espectáculo de Mariana Blutrach y Gustavo Lesgart en El Picadero y me gustó muchísimo. Con músicos en vivo, simple, sin pretender ser original. Se tomaban su tiempo, no había prisa por sorprenderte con algo. Hoy, en cambio, se cae en las superproducciones, y si no te subís, perdiste.  

Oscar Araiz

Noticias: ¿Cómo se forma un perfil como el suyo? No es común que un chico elija ser coreógrafo… 
Araiz: Mi madre era poeta, pianista, tejedora, taquígrafa y tenía habilidad con las manos. Tenía mucha música interna. Ella me vinculó con cosas que después desarrollé. Y sobre todo me dio mucha libertad. Soy del interior, nací en Punta Alta, cerca de Bahía Blanca, y viví ahí hasta los 10 años. Después mis abuelos se vinieron a Buenos Aires y vine con mi madre. Ahí viví unos cinco años muy duros hasta encontrar mi lugar. Hasta ese momento andaba más con la escritura y el dibujo, pero cuando me di cuenta de que lo mío era la danza y la coreografía, orienté el timón y no miré atrás.  

Noticias: ¿Extraña bailar?
Araiz: Sigo bailando. Por empezar, bailo con la cabeza. E incluso cuando coreografío dibujo cosas que siento porque las hago internamente. 

Noticias: ¿Le gusta rodearse de artistas?
Araiz: Es una palabra que trato de usar con mucho cuidado. La línea divisoria entre el artista y el que no lo es resulta demasiado subjetiva y todos pueden atribuirle significaciones diferentes. Tengo muchos amigos que pueden ser considerados por fuera de esa categoría. Quizás por eso la entiendo como algo mutable y dinámico. Lo siento como refugio. Si lo entendemos como una forma de vivir, me resulta más cómodo y me conecta con artistas de su propia vida, que determinarían así su “obra” en vez de como productores de arte. La ampulosidad de ciertas palabras, cuando se usan con demasiada liviandad, nos remite a interrogarnos.

Noticias: Si el arte es su refugio, ¿de qué lo salvó?
Araiz: De las desarmonías. Propias y del mundo.

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Vicky Guazzone di Passalacqua

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