lunes, noviembre 18, 2019

POLíTICA | 07-03-2019 16:41

Eduardo Duhalde: un titiritero resucitado

El ex presidente volvió a ser protagonista. Cómo instaló a Lavagna. Encuentro con CFK.

Eduardo Duhalde estaba retirado. Su última jugada política había sido erigir como candidato a Néstor Kirchner para la sucesión presidencial de un mandato al que había accedido sin votos. Pero el patagónico no le había dejado ni un papel de reparto en su propia historia.

Por prescripción familiar se había jubilado tras presentarse como candidato a presidente en el 2011, en donde obtuvo un 5,86%. de los votos.  Sentía que habían manchado el apellido: “Tenía el mote de narco”, se lamentan en su entorno. Era suficiente. Sin embargo, la crisis en el Partido Justicialista lo metería de nuevo en la cancha para solucionar la feroz lucha entre Luis Barrionuevo y José Luis Gioja, que se disputaban el espacio. Lo fueron a buscar. “Estaba sentado debajo de una palmera escribiendo libros”, dice un dirigente que lo tentó con el regreso. Duhalde había proyectado su vida entre ensayos y exposiciones por el mundo, pero todo cambiaría.

“Mentalmente estoy bien, pero estoy agotado físicamente”, le respondió. Apenas un par de argumentos bastaron para convencerlo. Era el empujón que le faltaba.

Se le ocurrió que de la grieta del PJ se salía por arriba: con un tercer candidato. Fue la primera vez que habló de Roberto Lavagna, no para disputar la presidencia de la Nación, sino para salvar al peronismo. Falló. Pero fue el germen del proyecto que lo haría resucitar como dirigente político. Tras las legislativas de 2017, mientras todos veían cómo Cambiemos se consolidaba por la derrota de Cristina Kirchner a manos de Esteban Bullrich, Duhalde entendió que la clase media, la base del país, iba a sufrir y se iba a desilusionar con lo que venía. Pensó que una tercera posición esta vez sí tendría lugar y empezó a darle aire a su proyecto.

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Se reunió con Lavagna y luego lanzó su candidatura sin permiso y como un globo de ensayo. “Ustedes salgan a decir que yo quiero a Roberto para presidente. Yo después lo voy a negar”, les dijo a sus colaboradores. Así fue. Instalaron el rumor y los periodistas comenzaron a llamar al ex mandatario para confirmarlo: él dijo que no, que era el ex ministro el encargado de decidir si quería lanzarse. Lavagna, sorprendido, respondió que no era el momento. Pero el rumor prendió. Sólo faltaba que su esposa, “Chiche”, saliera a reafirmar la posición. “La candidatura de Lavagna me enamora”, sostuvo. Trabajo hecho.

El armado. Duhalde siente que es momento de esconder la mano. Tuvo un protagonismo fugaz en enero y considera que no debe abusar. Tratará de no mostrarse hasta marzo, cuando la campaña empiece a tomar temperatura.

Mientras tanto se recupera de una operación de espalda: el resultado de un golpe que se dio en Madrid, en diciembre. Estar bien físicamente lo preocupa tanto como la política. De hecho, en su descanso estival en Brasil, junto a parejas amigas, se ocupó de hacer natación para trabajar los músculos.

Con habilidad política logró colarse en el armado peronista en el que poco tenía que aportar: Alternativa Federal era una mesa de cuatro donde estaban Juan Manuel Urtubey, Sergio Massa, Juan Schiaretti y Roberto Lavagna. Duhalde entró por la ventana, como el promotor de un hombre que acaso no necesitaba promoción. O sí.

Fue un trabajo de hormiga que hoy lo gratifica. Hace un año atrás, empezó a tejer redes por dentro y fuera del peronismo. Ricardo Alfonsín funcionó de enviado: un día llegó a Santa Fe y le dijo al gobernador socialista, Miguel Lifschitz, que Lavagna sería el candidato de la tercera opción. Hoy el mandatario provincial es uno de los que más se reúnen con el ex economista y hasta sueña con ser su vice. Uno de los tantos que se subieron al barco aún sin la definición concreta de Lavagna.

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La idea del ex presidente es, ahora, armar un frente amplio opositor en el que podría sumar hasta al kirchnerismo. Con Cristina tiene un encuentro pendiente, pero ya le dio el visto bueno a La Cámpora: José Ottavis, con quien se reunió a principios de febrero, fue el adelantado. Él les hizo llegar el mensaje de que iría a verlos: “Ustedes no tienen la culpa de las cosas malas que sucedieron. Les vendieron un buzón”, le dijo a la juventud K. También habló con Carlos Menem y planea llamarlo a Fernando de la Rúa. Va por todos.

En el Gobierno minimizan su lugar. “Desde que encabezó el golpe a De la Rúa y forzó su ascenso a la presidencia, no tiene actividad política”, señala con saña un dirigente de Cambiemos.

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Entretiempo. Mientras se toma un recreo político- mediático, Duhalde hizo una jugada judicial que sorprendió. Se sumó a la defensa del juez Luis Carzoglio, apartado de su cargo tras denegar la prisión preventiva de Pablo Moyano.

El martes 26 pagó los aportes en el Colegio de Abogados y entró en la causa, por su amistad con el magistrado. “Se conocen desde hace 30 años”, dicen desde la defensa. Hubo una reunión en Avellaneda y otra en Capital. Cerca de Macri vuelven a restarle importancia: “No va a aportar nada, es sólo ruido mediático. Si nunca ejerció la profesión: en Banfield tenía una inmobiliaria”, sostienen.

Mientras tanto, las reuniones privadas continúan. La idea de Duhalde es que el próximo gobierno tenga mayoría en ambas cámaras. Y también busca acercar a los sindicatos: “Los gremios no te tienen que joder por dos años. Si no, no se puede hacer nada”, les dice.

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En su entorno aseguran que no quiere cargos políticos. Pero lo quieren instalar como interventor del PJ por cuatro años. Luego volvería a retomar su plan original de escribir libros y dar conferencias por el mundo. Pero con su imagen lavada.

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