Viernes 23 de abril, 2021

POLíTICA | 15-12-2020 13:01

Alberto Fernández y Liz Solari: foto polémica, enojo empresarial y ruidos desde China

La imagen del Presidente cayó mal en los que tienen negocios con China. Capitanich ya puso primera. El viaje de Alberto en mayo.

Cuando le preguntaban sobre la clave para administrar con éxito un movimiento político Juan Domingo Perón respondía que el secreto era “tener siempre con quién hacerle frente a los demás”. “Cuando me macanean los políticos me voy con los sindicalistas, cuando me macanean los sindicalistas me voy con los políticos. Y si me macanean estos dos grupos me voy con las mujeres”, decía el General. Salvando las distancias, parece que Alberto Fernández tomó nota: “macaneado” por varios espacios de su Gobierno, se fue con las mujeres, y puntualmente con la modelo y militante vegana Liz Solari. Sin embargo, la foto que circuló ayer, que la muestra a ella junto a un risueño Presidente sosteniendo un cartel con el mensaje “no al acuerdo porcino con China”, provocó todo lo contrario a lo que hubiera recomendado el equilibrista Perón: enojo empresarial, ruidos en el oficialismo y hasta prendió algunas alarmas del otro lado del charco, en donde esperan recibir al Presidente en mayo.

Ya de entrada algo comenzó mal en la reunión entre Fernández, Solari y Manuel Martí, el titular de la Unión Vegana Argentina. Y no fue por el almuerzo sin carne que el Presidente mandó a hacer a los chefs de la Rosada para recibir a sus invitados, sino que el encuentro se dio a las 13:30 del 25 de noviembre, minutos después de que se conociera la triste noticia de la muerte de Diego Armando Maradona. Algún fanático del eterno astro argentino podría decir que fue aquella fue una señal maradoniana.

De cualquier manera, el encuentro se hizo público ayer y cayó pésimo en varios lugares, por ejemplo entre los empresarios –que cada vez son más- que tienen un pie en los negocios con el gigante asiático. “Es increíble. Este acuerdo se viene trabajando desde hace más de diez años y el Presidente se presta a este tipo de fotos en un momento delicado. Nos vamos a perder una gran oportunidad si seguimos así, China es como cualquier otro inversor y si ve ruido no se va a meter”, se lamentaba un importante hombre de negocios que registra decenas de viaje a China en su pasaporte.

Diego Guelar, ex embajador en aquel país durante el macrismo, un político que fue clave en aceitar esas relaciones comerciales y uno de los artífices del acuerdo porcino, visibilizó el enojo que recorrió en la comunidad empresarial: “No puedo creer que el Presidente esté promoviendo que Argentina no produzca cerdos para su exportación. Por suerte San Martín, Belgrano, Rosas, Mitre, Sarmiento, Yrigoyen o Perón no participaron de tan precario acontecimiento”.

Hay que entender desde donde viene la frustración. En un año de vacas –y chanchos- flacas, los 4.000 millones de dólares, más el trabajo en blanco, que se calcula que va a traer este acuerdo para exportar hasta nueve millones de toneladas anuales de cerdo a China está casi a la altura de un milagro maradoniano. Como será de importante que, aunque a Liz Solari y a los veganos le pese, el gobernador de Chaco Jorge Capitanich ya cerró con la empresa china-argentina Feng Tian Food la construcción de tres complejos productivos porcinos, de 2400 madres en cada uno: significará una inversión desde el otro lado del charco de 129 millones de dólares y la creación de al menos 360 empleos para esa provincia, un número que, en plena crisis económica y sanitaria, ningún mandatario puede resistir, por más que el Presidente se muestre sonriente con flyers contra el negocio.

Esa foto, además, llegó a la embajada de China en Argentina, aunque, como suele suceder en los asuntos que involucran a aquel país, la reacción que provocó es un misterio. “Es que los chinos son inescrutables”, cuenta alguien que pisa con frecuencia aquella embajada.

Argenchina. Lo recién relatado es sólo la punta del iceberg. China es, desde principios de este año, el principal socio comercial de Argentina por primera vez en la historia, y el 85% de la carne que se exporta y el 60% de las divisas que ingresan por comercio exterior dependen de esta relación bilateral. Acá está el centro de la bronca por la foto con Solari: nadie quiere arriesgarse a que la gallina de los huevos de oro se enoje y se vaya a ponerlos a otro lado. En especial porque, luego del frustrado viaje de Alberto Fernández y Felipe Solá en noviembre, se está empezando a barajar la idea de que esta vez el Presidente si concrete el periplo. Sería en mayo, donde ocurriría un encuentro cara a cara con Xi Jinping, el líder político de China, con el que hay pendiente una estratégica agenda: la posibilidad de la construcción de una nueva central nuclear y la incorporación formal de Argentina a la Nueva Ruta de la Seda, el proyecto más ambicioso de las últimas décadas de China, con el que planean incorporar a su comercio internacional a una parte del mundo, entre otros temas.

Desde Cancillería, en donde se atraviesan días movidos en la relación de Felipe Solá con la Rosada, buscan bajarle el tono a la polémica. “La imagen fue una gentileza, no un apoyo. El proyecto por el acuerdo para la exportación de chanchos sigue, y de todas manera ya no está acá: ahora lo tienen que refrendar los ministros de agricultura de ambos países”, explican, aunque nadie puede dar todavía con la pieza más misteriosa de este rompecabezas: por qué Fernández propuso posar con el flyer de la polémica. Parece que se mandó una macana, diría el General.

 

 

 

 

 

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Juan Luis González

Juan Luis González

Periodista de política.

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