Jueves 3 de diciembre, 2020

POLíTICA | 16-11-2020 15:09

Cómo se gestó la pelea entre Mauricio Macri y Lilita Carrió

Todo nació por un cortocircuito en una charla. Pasaron de viejos aliados a rivales. 

Hace semanas que Mauricio Macri y Elisa Carrió no hablan. La última charla fue de alto voltaje y dejó a la ex diputada herida. Se puede rastrear, incluso, el momento exacto en el que se produjo el quiebre, al menos momentáneo, de la relación.

Macri y Carrió discutían por teléfono la estrategia adecuada para enfrentar al Gobierno. Cada uno exhibía su propia postura y eso no era extraño, pero una frase del ex presidente descolocó a Lilita: “A ver, ilustrame”, le soltó. “No fue lo que le dijo, sino el tono que usó”, explica una fuente de la Coalición Cívica. Y completa: “Lo sintió como un desplante”.

Desde la creación de Cambiemos, donde ambos participaron como fundadores junto a Ernesto Sanz, no había habido un distanciamiento tal entre Macri y Carrió. En ninguno de los rincones creen que haya ánimo de romper la coalición, pero las diferencias actuales los obligaron a tomarse un tiempo.

¿Qué los aleja de esta manera? El plan a seguir frente al gobierno de Alberto Fernández y Cristina Kirchner. Es que invirtieron roles: el ex presidente está del lado de los extremistas y Lilita de los moderados. Carrió cree que es tiempo de correrse hacia el centro, de no confrontar. Macri, en cambio, considera que no se puede plantear una tregua a dirigentes que lo odian tanto y que lo quieren ver preso y arruinado.

Ese llamado telefónico, esa frase en particular que ella califica como “desplante”, provocó que la ex diputada se animara a confrontarlo públicamente. Tanto desde su cuenta de Twitter, que usa como una verdadera arma y tiene gran poder de fuego, como en entrevistas con frases que quedarán en la memoria de Macri, aún luego de que recompongan la relación.

Las declaraciones de alto voltaje provocaron la reacción de un ejército de tuiteros que le quisieron marcar la cancha a Lilita. La ex diputada no maneja su red social, pero se enteró de la reacción en cadena, organizada por militantes que responden a un dirigente del ala dura, para llamarle la atención: #ConMacriNo y #ElLíderEsMacri fueron tendencia durante varios días. Lo que nadie se animó a reproducirle a Carrió fueron los insultos que recibió.

Fase pública. Las diferencias en la estrategia y el enojo de los cofundadores de Cambiemos habrían quedado como una cuestión interna si la ex diputada no hacía público el distanciamiento. En el entorno de Macri siguen sin entender por qué Carrió salió a visibilizar las diferencias de esa manera, si se consideraba casi retirada de la política.

“Estoy enojada con Macri, no tengo ganas de hablar con él porque me faltó el respeto, pero soy amiga de Juliana Awada”, dijo en una entrevista en La Nación Más, a fines de octubre. Aunque la frase que más le dolería al ex presidente la diría a continuación. “Macri ya fue”, soltó. En su entorno se deshacen en explicaciones acerca de que quiso indicar que “ya fue presidente”, no que ya no tenía retorno. Pero si hay alguien locuaz, en Juntos por el Cambio, es Carrió: sus declaraciones no suelen ser inocentes.

“A mí nunca me permitieron ser presidente, ni el periodismo ni la gente. A él sí y nosotros acompañamos. Y cumplimos el mandato porque le paré dos golpes que querían hacerle”, continuó la ex diputada.

Aquella entrevista solo marcaría el inicio de la fase pública de la ruptura. En otro momento, los canales subterráneos que unen al PRO y a la Coalición Cívica se hubiesen activado para calmar los ánimos. Esta vez, no funcionaron.

Un puñado de días después, Lilita volvería a cruzar a Macri. Esta vez por Twitter y con la postulación de Daniel Rafecas a procurador general como excusa. “A mí me ampara la libertad de expresión”, le espetó como si alguien hubiese intentado censurarla. La cuerda quedó más tensa que nunca.

"Comparto con Mauricio Macri que la decisión y responsabilidad histórica en relación a la designación del procurador general y del tratamiento de la ley de Lousteau, corresponde a los senadores de Juntos por el Cambio. Así se lo trasmití a Naidenoff hace 60 días", lanzó Carrió. Y remató: “La libertad de expresión me ampara como ciudadana de la Nación, y jamás hice secretismo; lo que digo en privado lo digo en público y no lo escondo a la ciudadanía. (art. 14 CN)".

El ex presidente lo sintió como una provocación. No le importó tanto Rafecas en sí, como la maniobra de Carrió de poner en agenda un tema de manera inconsulta. Otra vez, las estrategias de ambos los separan. El ex presidente cree que es tiempo de dejar gobernar y criticar lo que está mal, amparado en la máxima que se le atribuye a Napoleón Bonaparte, acerca de que “nunca se debe interrumpir a tu enemigo mientras está cometiendo un error”. Carrió, por el contrario, sostiene que no se puede correr siempre de atrás. Que hay que obligar a Alberto Fernández, pero sobre todo a Cristina Kirchner, a mover fichas atentos al juego de la oposición.

Para colmo, una reunión de trabajo planteada con anterioridad terminaría de dividir las aguas  entre halcones y palomas. Porque en el medio del torbellino, Horacio Rodríguez Larreta y María Eugenia Vidal recorrerían los 90 kilómetros que separan a Capital Federal de Exaltación de la Cruz para sacarse una foto con Lilita que sería todo un mensaje para Macri. Ni de las explicaciones más cándidas se escaparía que hubo suspicacia en la imagen: “Era una actividad partidaria que estaba en agenda desde antes de que se inicie la tensión entre Mauricio y Lilita”, explican cerca de los concurrentes. Aunque aclaran lo de la foto: “Es cierto que a este nivel, las cosas no se hacen inocentemente”.

Cerca de Carrió sospechan que Macri puede mirar con una pizca de envidia el espacio que ocupa Lilita en el llano. Mientras el ex presidente busca su lugar en la coalición, ella renunció a su banca en Diputados para jubilarse, pero se arrepintió y ahora le bastan un par de tuits o una entrevista televisiva para ganar centralidad e instalar su mensaje. Lejos de eso, el ex presidente cree que en la actualidad tiene mucho más para aportar en los Zoom partidarios y en el rearmado de Juntos por el Cambio de cara a las elecciones de medio término, antes que buscar el centro del ring, de donde normalmente sale bastante magullado.

Antecedentes. Nadie de la oposición olvida que Carrió siempre fue una bomba a punto de estallar. Cuando Cambiemos ocupó la Casa Rosada corrían las apuestas para determinar cuándo pegaría el portazo. No lo hizo.

Pero no fue casualidad. Hubo un trabajo de hormiga para conseguir que la relación no se resquebrajara nunca. Dejaban que se tensara, pero luego provocaban el acercamiento. Incluso, en Balcarce 50 llegaron a crear lo que irónicamente llamaban un “gabinete psicológico”, para atender exclusivamente los reclamos de la cofundadora del espacio. Marcos Peña, entonces jefe de Gabinete, era el encargado de llamarla en persona para anticiparle las decisiones de Macri y de prestarle el oído para escuchar reclamos.

En diversas oportunidades Carrió amenazó con irse del Gobierno, incluso con hacerle juicio a los propios, como al ex canciller Jorge Faurie. Pero finalmente acompañó a Macri hasta el final del mandato e incluso estuvo muy activa en la última campaña electoral. Sin embargo, la centralidad que el ex presidente le otorgó, provocaba enojos. “El error fue haberle dado la posibilidad de hablar de igual a igual con él. Porque sus críticas retumbaban más”, analiza ahora un miembro de la UCR.

Esa etapa está cerrada. Ahora tendrán que reconfigurar la relación para que funcione con ambos en el llano. Aunque Carrió, por ahora, parece más interesada en sacar a la luz los errores de la gestión que en construir hacia el futuro: “Cristina no fue presa porque Cambiemos no quería que se haga justicia”, disparó hace varias semanas, rememorando una de sus frases de cabecera durante el macrismo. Cada una de esas balas le hace un poco más de daño al ex presidente.

El distanciamiento entre Macri y Carrió está a punto de cumplir un mes. Nunca, como ahora, los canales de comunicación estuvieron tan cerrados y sus protagonistas con tan pocas ganas de reabrirlos, aunque en ambos entornos consideran que ya llegará el momento de la reconciliación. Con la triste noticia de la muerte de Fernando “Pino” Solanas, con quien Lilita tuvo un rompimiento público emblemático, muchos recordaron aquel episodio en que ella se levantó, tomó su cartera y se fue disgustada en medio de un discurso de él. “Yo no estoy enojada, solo me fui con mi carterita a comer pizza, ¡miren que linda!”, tuiteó después. Ni Macri ni Carrió quieren que esto termine de modo parecido. Pero por ahora, no encuentran la solución.

Galería de imágenes

En esta Nota

Carlos Claá

Carlos Claá

Periodista político

Comentarios