Saturday 20 de April, 2024

POLíTICA | 27-03-2024 09:20

Fin de la novela perruna: donde están los clones de Milei (y cuantos quedan)

Los animales del Presidente, copias genéticas de Conan, tienen nuevo destino. Pero no están todos. El cuidador, un secretario del libertario.

Patricia Bullrich pasó gran parte de su infancia y adolescencia en el campo de su abuela, en Los Toldos. Ahí, de hecho, solía ir con su grupo en Montoneros para practicar tiro al blanco durante los setenta. Es decir: está acostumbrada a la vida rural y desde que tiene memoria se codea con grandes animales.
Sin embargo, cuando Javier Milei le presentó a sus “hijitos” se llevó un susto. Era el sábado 8 de marzo y, después de una reunión de trabajo en la Quinta de Olivos, el Presidente le propuso hacer algo que pocos mortales hicieron: conocer a los clones de Conan. Para aquel momento, el paradero de los mastines ingleses ya era un asunto de debate nacional, e incluso había quienes sostenían que en verdad todos estaban muertos. La ministra de Seguridad en persona descubrió, en un punto, el porqué de tanto misterio: cuando se acercó a los caniles donde el libertario los tiene encerrados, uno de ellos, Robert, se le abalanzó feo. Aunque había una reja de por medio y aunque tiene experiencia en la materia, Bullrich no pudo evitar el instintivo salto hacia atrás.

Trama. La novela con los animales viene creciendo desde que el libro “El Loco” reveló que Conan, de quien Milei habla hasta el día de hoy como si estuviera vivo, murió en el 2017. Desde entonces, el animal fantasma se convirtió en una figura pública -hay carteles y pintadas por todo el país y hasta se coló en los debates en el Senado- a la par que las miradas empezaron a dirigirse hacia los que el libertario presentaba como “los hijitos” del mastín inglés. Esos eran, en verdad, copias genéticas de Conan, clones que mandó a hacer en Estados Unidos por 50 mil dólares.
Y cuando se convirtió en Presidente, el asunto escaló. Y creció no sólo por el nuevo cargo de Milei, sino por un rasgo central de la personalidad del libertario: la paranoia. El hombre, aunque habla mucho de ellos y hasta los incluyó en el bastón presidencial que mandó a hacer, los mantiene ocultos. Nunca subió una foto, y de hecho la única vez que los mostró fue cuando recién le llegó la compra, a principios del 2018, en una entrevista para Caras y luego en un programa de TV.
Pero -y esto fue lo que agigantó aún más el misterio- Milei no sólo no quería revelar nada, sino que cada vez que alguien osaba averiguar sobre los clones se montaba en una furia de mil demonios. Por ejemplo, atacó con una violencia inusitada a la periodista Silvia Mercado cuando ella intentó informar sobre el paradero de los mastines. En ese furibundo cruce, de hecho, el mandatario reveló que estaban construyendo caniles en Olivos para alojar a sus “hijitos de cuatro patas”. Hasta entonces estuvieron, como reveló el periodista Reynaldo Sietecase, en una guardería para animales llamada “Petville”, en la localidad bonaerense de La Lonja.
Luego el tema volvió a crecer cuando el Wall Street Journal sugirió (en una nota de fines de febrero titulada “Milei ama a sus perros, a la gente no tanto”) que alguno de los canes podría haber muerto también. Y el enigma ahí se volvió internacional.
Está claro que es todo un asunto de Estado. Y ahora va a volver a escalar.

Drama. Los pocos con los que Milei tenía la confianza suficiente cuentan que fue un drama hacerle entender al libertario que otro más de sus “hijitos” estaba muriendo. Al economista le había costado mucho procesar la muerte de Conan, y luego la de uno de los clones -“el angelito”, lo llama el Presidente- que falleció al poco tiempo de llegar a Argentina y al que nunca se conoció.
Pero en este caso era distinto. Ya habían pasado varios años viviendo con este perro y se había encariñado. Milei no quería, no podía aceptarlo. Tuvo que intervenir Karina, la hermana, que con paciencia, amor y trabajo le hizo entender lo que estaba sucediendo. El momento no es del todo claro, como tampoco cuál es el que murió (aunque una persona que conoce mucho al libertario dice que sólo la muerte de Conan II, uno de los clones al que él nombró como el original, podría afectarlo así).
Como muchas cosas en esta historia, el secreto está guardado bajo siete llaves. Pero la muerte de un nuevo clon sucedió entre el final del 2021 y el arranque del 2022. Desde entonces son cuatro, los mismos que viven ahora en Olivos.
No sería la única pérdida para la familia perruna de los Milei: Aarón, el de Karina (curiosamente, Milei dice que él “es Aarón, el hermano de Moisés” y que la secretaria general es el profeta), partió en el último tramo de la campaña del año pasado.
Acá se abre también una pregunta necesaria. Es que, como ya se ha contado en este medio, la muerte de Conan ocupa un lugar central en la historia política argentina: fue el perro muerto, a través de charlas desde el más allá, el que le dijo a su dueño que Dios tenía “una misión” que no era otra que meterse en política. ¿Seguirá manteniendo esas charlas de ultratumba el Presidente? ¿Hablará también ahora con el otro clon que murió? ¿Será una especie de reunión familiar entre todos, pero en otro plano astral?
Vida de perros. Ahora los cuatro clones pasan sus días en los caniles que el mandatario mandó a construir en Olivos, en donde Robert, el peor llevado de ellos, da un susto cada tanto. Y ahí tienen compañía. Los lectores de NOTICIAS ya están familiarizados con el nombre de Mario Suli. Él es el misterioso hombre de barba larga y gorra negra que en el primer tramo de la presidencia de los Milei solía aparecer detrás de Karina o su hermano, como si fuera una especie de custodio. Suli había despertado cierto misterio en el debate público ya que nadie sabía su nombre ni quién era, hasta que esta revista publicó su verdadera identidad y hasta su apodo. “Baron B”.
Ahora es Suli el encargado del cuidado de los animales. Aunque desde afuera podría parecer una caída en el escalafón político del Gobierno, hay que entender que para el Presidente los perros son literalmente sus hijos, no usa una metáfora cuando los llama así. Y no sólo eso: en la Casa Rosada algunos dicen que el libertario no muestra a los clones porque teme por su seguridad. Esta novela recién empieza.

 

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Juan Luis González

Juan Luis González

Periodista de política.

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