Sunday 21 de April, 2024

POLíTICA | 18-11-2023 09:14

La Argentina espiada

Cómo opera la inteligencia paralela que ningún Gobierno pudo desmontar. Cuentapropismo y uso político.

Ariel Zanchetta es un sargento retirado de la Policía Bonaerense que por estos días cobró notoriedad por la revelación de sus conversaciones con el diputado kirchnerista Rodolfo Tailhade y el vocero de la AFIP, Fabián “Conu” Rodríguez, en las que el ex policía hablaba de enviar “carpetas”, “informes” o “hacer la tira” de diferentes personajes opositores como Elisa Carrió, Luis Juez y hasta oficialistas como Victoria Tolosa Paz. El mismo hombre, además, accedía a una base de datos ilegal, sudamericadata.com.ar, para investigar a los más encumbrados dirigentes de la Argentina: desde Sergio Massa, Javier Milei, Patricia Bullrich, Máximo Kirchner y Horacio Rodríguez Larreta hasta jueces de la Corte como Horacio Rosatti y Ricardo Lorenzetti, gremialistas como Hugo Moyano o empresarios de medios como Jorge Fontevecchia, CEO de Perfil Network y fundador de NOTICIAS.

A simple vista se puede presumir que el espía Zanchetta, hoy detenido, brindaba sus servicios a Tailhade y Rodríguez haciendo ese tipo de investigaciones y que las cobraba recibiendo pauta oficial de la provincia de Buenos Aires, porque trabajaba como periodista y tenía un portal llamado enclave.com.ar, donde salían los avisos. Pero detrás de ese dato hay una trama mucho peor y más compleja.

Esta historia tiene su origen en el viaje realizado en octubre del 2022 a Lago Escondido por los jueces Julián Ercolini, Carlos Mahiques, Pablo Cayssials y Pablo Yadarola; el procurador general de la Ciudad, Juan Bautista Mahiques; el ex ministro de Seguridad porteño, Marcelo D’Alessandro; el ex agente de Inteligencia Leonardo Bergroth; el consultor Tomás Reinke; el presidente del Grupo Clarín, Jorge Rendo; y el director de Telecom, Pablo Casey, sobrino de Héctor Magnetto. Luego de aquel viaje, el celular de Marcelo D’Alessandro fue hackeado y sus conversaciones se publicaron en un portal llamado patagonianfacts.com.

Desde aquel momento, todos los protagonistas del periplo se propusieron vengarse de quienes los habían expuesto y tenían como objetivo a dos personas: José Glinski, director de la Policía de Seguridad Aeroportuaria, y el diputado Tailhade.

Para “los huemules” -como se llamaban en su grupo de chat hackeado- el camino es lineal: Glinski, por su rol en la PSA, se entera del viaje, consigue la lista de los pasajeros del avión, las imágenes del aeropuerto de Bariloche y las filtra a la prensa, y luego se activa otro grupo de Inteligencia paralela que incluye a Zanchetta y un hacker misionero llamado Elias Nuñes Pinheiro, que roba la línea de D’Alessandro para poder acceder a sus conversaciones de la aplicación Telegram y dárselos a Tailhade.

Los “huemules” tuvieron un aliado inesperado: Silvio Robles, el principal asesor del presidente de la Corte Suprema de Justicia de la Nación. ¿Por qué? Como ya se dijo, Zanchetta era un usuario compulsivo de la web  sudamericadata.com.ar, que en forma ilegal ofrece el servicio de bases de datos de personas físicas y jurídicas de todo el país. El servicio incluye información como DNI, domicilios, sociedades, antecedentes laborales y otros datos públicos que forman parte del contenido básico que ofrece la AFIP, la Anses o el Renaper de cualquier ciudadano. Pero, además, esta web también permite obtener información de patentes, números de celulares y hasta sueldos, que son privados. Zanchetta había hecho más de mil consultas sobre diferentes personas, entre ellas Robles. Anoticiado de esto, el secretario de Rosatti se constituyó como querellante y buceando entre los archivos de Zanchetta encontró el vínculo con los kirchneristas Tailhade y “Conu” Rodríguez. ¡Bingo!

La información estaba en su poder desde hacía meses y lo que se conoció hasta ahora es apenas una pequeña parte de lo que hay, pero a la Justicia todavía le falta atar cabos.

Conexiones. Zanchetta aparece en el expediente porque había hecho una consulta sobre los jueces Mariano Borinsky y Gustavo Hornos en la web sudamericadata.com.ar el 8 de septiembre del 2022. Ese mismo día, pero más temprano, ambos jueces habían sido hackeados. Para los investigadores, Zanchetta era el que le proveía al hacker la información personal de las víctimas, pero por ahora los tiempos no coinciden y tampoco está comprobado el vínculo entre ambos.

Por ahora, lo que pudo comprobarse es lo siguiente:

- En Eldorado, Misiones, había dos hackers: Elías Nuñes Pinheiro, que hackeó le teléfono del ministro porteño Marcelo D’Alessandro, y Santiago Machado, que creó seis líneas de telefonía móvil a nombre de Horacio Rosatti.

- Ariel Zanchetta acumulaba y sistematizaba información privada de personas y se las enviaba a Fabián “Conu” Rodríguez y Rodolfo Tailhade.

Tanto al juez como al fiscal del caso, Marcelo Martínez de Giorgi y Gerardo Pollicita, les falta conectar a los funcionarios kirchneristas con los hackers. Sobre este punto hay una hipótesis. La cuenta de Telegram de D’Alessandro se activó en Santiago de Chile y la sospecha está puesta sobre el delegado de AFI en aquel país, Diego Raitano. Los investigadores avanzan en esa línea.

Otro personaje misterioso en esta trama es un joven de 19 años, Tomás Hvalica, que sería el creador de una web llamada DarkPFA, donde se habrían cargado bases de datos de la Policía Federal y Migraciones que fueron filtradas en diferentes hackeos anteriores. El inquieto Hvalica, vecino de Quilmes, donde vive con su madre, le habría proveído un usuario y una clave a Nuñes Pinheiro para que hiciera búsquedas. No está claro cómo se conocían Nuñes Pinheiro y Hvalica, pero podría tratarse de foristas de la dark web.

Para los investigadores es un desafío desentrañar toda esta red de relaciones y conectarlas con los verdaderos interesados en hackear a D’Alessandro o crear líneas telefónicas a nombre del presidente de la Corte, Rosatti. Tailhade, que antes de ser diputado trabajó como espía la AFI, es lo más cerca que llegaron de Cristina Kirchner. Para los “huemules” que viajaron a Lago Escondido, los jefes de todo esto son el precadidato fallido Eduardo “Wado” De Pedro y Juan Martín Mena -subsecretario de Justicia y antiguo segundo de la AFI-, que tienen conocimientos sobre estos rubros.

Al cierre de esta edición, De Pedro se había presentado como querellante porque estaba en la lista de informes de inteligencia que tenía Zanchetta en su casa. ¿Cómo es posible que, si Zanchetta trabajaba para el kirchnerismo, tuviese informes sobre De Pedro? Es probable que en esos casos se tratase de decisiones autónomas del espía, y no de pedidos de arriba. Hay profesionales y también cuentapropistas.

Por otro lado, el jueves 9 al mediodía el fiscal Pollicita pidió la detención del “Conu” Rodríguez, que antes de eso fue allanado en la misma causa. Por ahora nada dijo sobre el diputado Tailhade. ¿Por qué? En las más de 100 fojas de su dictamen no menciona ni una vez al dipu-espía y es por una razón estratégica: quiere evitar que lo recuse por enemistad manifiesta porque, en el 2020, Tailhade escribió unos duros tuits acusando al fiscal de tener distinta vara para peronistas y macristas: “Contra peronistas, los fiscales Pollicita y Mahiques actúan con urgencia y piden prisión preventiva hasta de los hijos. Contra macristas, duermen la causa, encubren a los jefes de la corrupción, y hasta los dejan viajar por el mundo derrochando el dinero que le robaron a todos”, dijo. Cuando Pollicita lo impute, Tailhade podrá decir que entre él y el fiscal hay enemistad manifiesta.

Oscuridad. Alberto Fernández está terminando su mandato incumpliendo una de las tantas promesas que hizo el día que asumió: que los servicios de inteligencia, esos sótanos de la democracia, se iban a terminar durante su gobierno. Lo dijo hace casi cuatro años y el mes pasado volvió sobre el mismo tema: “Ningún celular de ustedes es interdictado por el Estado. Ningún periodista ni ningún opositor es espiado por el Estado nacional”. Estuvo cerca. A un mes de terminar su mandato se comprueba que fracasó. ¿Por qué? ¿Porque no supo conducir a su fuerza política y mucho menos a los servicios de inteligencia, o porque se trata de un organismo con vida propia que resulta imposible de controlar?

En el gobierno de Mauricio Macri existió la “banda de los Mario Bros”, que espió a periodistas, políticos y empresarios. En la gestión de Cristina Kirchner asistimos a la guerra entre “Jaime” Stiuso y sus jefes políticos, que terminó con la SIDE descabezada a fines del 2014, apenas dos meses antes de la muerte del fiscal Nisman. En el 2001, una pelea entre bandas de la SIDE terminó con la exposición pública del jefe de la CIA en Buenos, Aires Ross Newland, cuya foto salió publicada en el diario Página/12. Más atrás en el tiempo, en la década del ‘80, la guerra de servicios de inteligencia era entre los agentes de la democracia y el remanente militar que ofrecía sus servicios por ser mano de obra desocupada.

Ahora, este caso de espionaje estalla a dos semanas de las elecciones y contamina la campaña de Sergio Massa. ¿Qué hará el candidato-ministro? Cuando estalló el caso Insaurralde, le pidió que renunciara a la candidatura en Lomas de Zamora y a la jefatura de Gabinete bonaerense. ¿Hará lo mismo con Tailhade y “El Conu” Rodríguez? Se trata de dos personas valiosas para el esquema de Cristina Kirchner, uno por su rol en Diputados y el otro por su trabajo en La Cámpora. Un ejemplo de la influencia de Rodríguez: cuando en el 2022 se hizo la marcha a la casa de Cristina y los alrededores fueron vallados, en el enfrentamiento con la Policía, Rodríguez fue detenido. Unas horas más tarde, toda la cúpula de La Cámpora estaba pidiendo por su libertad. En la comisaría no entendían por qué había tanta gente llamando para preguntar por ese flaco pelado.

Hasta la vicepresidenta está al tanto y preocupada por la situación de su militante. Entiende que lo que hizo “El Conu” no es tan grave. Porque, como en todas las épocas y en todos los gobiernos, hay espionajes buenos y espionajes malos.

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Rodis Recalt

Rodis Recalt

Periodista de política y columnista de Radio Perfil.

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