Monday 27 de May, 2024

POLíTICA | 11-04-2024 09:45

Por qué Milei ve a sus cuatro perros y dice que hay cinco

Uno de los clones de Conan murió. Negación de la realidad, mediums y proyecto mesiánico.

¿Habrá leído Andrés Oppenheimer, el periodista de CNN, la última edición de NOTICIAS? ¿O lo que sucedió fue, simplemente, una casualidad? Es que cuando Javier Milei le contó en una entrevista sobre su rutina de cada mañana en Olivos (despertarse bien temprano, subirse a un carrito de golf, ir a la otra punta de la residencia y jugar durante una hora con “Conan, Milton, Murray, Robert y Lucas”), el conductor le hizo un comentario curioso. “Leí que tiene que estar con uno por vez porque si está con los cuatro juntos se pelean”, le contestó, como si no hubiera escuchado que el Presidente acababa de dar no cuatro sino cinco nombres.

¿Habrá leído Oppenheimer la última edición, donde se revelaba por primera vez que otro animal de Milei había muerto, a pesar del relato oficial? ¿O simplemente fue un descuido? Son preguntas sin respuesta, pero lo cierto -en este terreno perruno donde la realidad y la ficción parecen fundirse- es que lo que dijo el mandatario no es real. No hay cinco “hijitos” de Conan (que en relidad son sus clones). Luego de que uno muriera por un problema cardíaco a finales del 2020 quedaron cuatro, algo que descubrió este medio y que hizo que el comentario del libertario en la CNN se convirtiera en una polémica nacional durante días.

Sin embargo, este es apenas un capítulo más en la larga serie de desventuras de Milei. Por eso es que el gran tema de fondo es otro. Es que el libertario parecería no mentir cuando asegura que son cinco los clones: lo dice absolutamente convencido, y hasta en la aclaración durante la entrevista se le adivina cierto fastidio por tener que aclarar algo tan evidente para él. Por eso, el gran interrogante es cómo funciona la psiquis de Milei. Y el misterio alrededor de sus perros es una gran manera de averiguarlo.

Del revés

Hay otra entrevista que involucra a Milei y a sus canes que se hizo muy famosa. Es de principios del 2023. El libertario estaba en una nota con el periodista Esteban Trebucq cuando la producción le puso, sin previo aviso, una foto del Conan original. Desde ese momento él no pudo seguir la charla, quedó embelesado con la imagen del animal en la pantalla. El momento que se hizo célebre -escena con la que abre el libro “El Loco”- es exactamente ese: Milei mirando la fotografía y repitiendo, absorto en su mundo, “ahí está Conan, ese es Conan, Conan”. Sin embargo, lo que sucede a continuación es mucho más relevante y se le suele prestar menos atención.

“¿Cuantos años tiene?”, le pregunta Trebucq. Y la respuesta desafía toda lógica: “Uf, Conan tiene tantos que no saco la cuenta”. El problema acá es el mismo que en diálogo con Oppenheimer: de la misma manera en que no hay cinco “hijitos”, tampoco el mastín ingles “tiene tantos años” como para complicarle las cuentas al dueño, ya que la matemática es bastante sencilla. Conan está muerto desde el 2017.

Milei y sus perros

A mediados del 2018 sucedió un episodio similar. Milei, que no podía ni quería aceptar la muerte del animal dice el psicoanalista (“parece imposibilitado de tramitar simbólicamente su falta”, Hernán Scorofitz), lo había mandado a clonar. La empresa de Estados Unidos le envió copias genéticas de Conan y él llevó a los cachorros a la televisión. En esa nota con Pía Shaw en América, en donde los cuatro “hijitos” tuvieron su primer y única aparición en la pantalla chica, la conductora cerró preguntándole por Conan. “Él está bárbaro, es grande pero tiene la salud de un perro de pocos años”, fue su respuesta, a pesar de que para ese momento el can llevaba muerto casi un año.

La lista de hechos que generan dudas acerca de la estabilidad del mandatario no se quedan ahí: el hecho de crearle una cuenta en las redes al mastín original estando ya muerto e interactuar con ese usuario como si el animal siguiera vivo, el rol político y estratégico que le asignó a cada uno de los clones, el camino místico que comenzó con un hechicero anarcocapitalista llamado Gustavo y que siguió con la medium de animales (vivos y muertos) Celia Melamed, las charlas con Conan y con célebres personajes muertos como Ayn Rand o Murray Rothbard desde el más allá, y, finalmente, las conversaciones que logró tener con “el Uno”, como llama él a Dios, gracias al “canal de luz” que Conan -siempre Conan- le abrió, y la “misión” que este le dio que no era otra que meterse en política ya que estaba destinado a ser Presidente en el 2023.

Una decena de testimonios comprueban lo recién relatado. La empresa de clonación Perpetuate confirmó que Conan estaba muerto, Claudia Oviedo, entonces amiga de Milei, contó que el libertario le encomendó manejar la cuenta en redes del animal fallecido, el economista Mariano Fernández, también en su momento íntimo del libertario, aseguró que el ahora Presidente “le contó que los perros le bajaban un mensaje de Dios”, y el hechicero Gustavo y la medium Melamed confirmaron su “trabajo” con Milei, por sólo nombrar algunos.

Milei y sus perros

Entonces, cuando se habla del misterio de los clones -de los vivos y de los que ya no están más- no se está hablando sólo de las copias genéticas de un mastín inglés. Tampoco se cuestiona el cariño que una persona puede llegar a tener con un animal, que para muchos puede ser idéntico al que tiene un padre con un hijo. El fondo de la cuestión es otro. ¿Qué esconde un perro muerto? ¿Qué revela el hecho de que alguien diga que un animal existe cuando en verdad no lo hace? ¿Miente o está convencido de esa otra realidad?

Parteaguas

Milei es una revolución política. Rompió reglas escritas en oro: nadie puede pasar del llano a presidente en dos años, nadie puede ganar una elección sin territorio o militancia propia, nadie puede ganar una elección prometiendo un fenomenal ajuste, nadie puede gobernar con minoría en el Congreso y sin un solo gobernador aliado, y la lista sigue. A cuatro meses de su gobierno, aún en un contexto de una galopante crisis económica, el presidente goza de una popularidad envidiable para cualquier líder de la región. No sólo eso: el libertario ocupó el centro gravitacional de la política local. De la misma manera en que hasta hace no tanto este mundo se ordenaba entre los que estaban a favor de Cristina Kirchner y los que estaban en contra, ahora es Milei el centro de ese sistema solar.

Hay, por lo tanto, varios elementos para afirmar que el liderazgo del economista es algo que llegó para quedarse. Pero Milei tiene un gran problema: el propio Milei. Y, específicamente, los problemas para lidiar con la realidad que viene relatando esta nota y este medio desde que el hombre se metió en política.

Sobre este punto ya vienen debatiendo distintos analistas y políticos. Entre los primeros están los que dicen que, lejos de ser un problema, hablar sobre sus perros es algo que “humaniza” a Milei y que está científicamente comprobado que poner un animal cerca de un político es algo que sube votos e imagen. Entre los segundos -entre los que se cuenta el grueso del propio Gobierno- están los que aseguran que esto es apenas un tema más para desviar la atención de la crisis económica, diagnóstico que repiten incluso varios de los críticos más acérrimos de Milei, que se quejan cuando se profundiza sobre los “hijitos de cuatro patas” o sobre los desvaríos mesiánicos del mandatario.

Milei y sus perros

Pero hay dos elementos que se oponen a esa lectura. El primero es que, como sostiene el investigador Alejandro Frigerio, estos hechos apuntan al corazón del fenómeno Milei: el proyecto es político a la vez que mesiánico y religioso. Una esfera no se puede separar de otra, están imbrincadas desde el momento mismo en que el libertario -vía su perro muerto- recibió de Dios “la misión” de meterse en política.

Este carácter de revolución religiosa del mileísmo exuda por todos los poros de este gobierno: en su discurso (“las fuerzas del cielo” y los “argentinos del bien” son sus seguidores, en su asunción afirmó que empezaba “una nueva era”, en el paralelo que hace con el Rey Salomón y en la idea de que él mismo simboliza la lucha de la “luz” contra la “oscuridad”), en su manera de gobernar donde busca un corte total con el status quo (con el Congreso de espaldas, al que tilda de “nido de ratas”, en la pelea furibunda con toda la “casta” política), en la construcción propia de un pasado mitológico (la Argentina pre democrática de 100 años atrás), en el coqueteo de sus seguidores y de algunos funcionarios, como Santiago Caputo, con la idea de un “Milei emperador” y en cómo algunos hechos místicos llegan a tener consecuencias en la realidad (como la intención de mudar la embajada en Israel porque el rey David le habló en un sueño al mandatario). Judaísmo, mediums, hechiceros, clones, perros muertos, fantasmas que hablan, canales de luz, política, elecciones, candidatura, presidencia: en la cabeza de Milei todo esto es lo mismo, una cosa sola, inseparable entre sí de la misma manera en que un mar no existe sin olas.

También hay otro análisis a tener en cuenta. Es que parecería ser cuestión de tiempo hasta que la realidad termine golpeando a alguien que cuando ve a cuatro animales dice ver a cinco. Ciro Korol, un escritor rosarino que padeció esquizofrenia, definió bien esta pulseada en la revista Belbo. “Cuando estaba loco yo también quise ser presidente, pero la gran diferencia es que yo recibí y recibo tratamiento psiquiátrico y psicoanalítico y pude reconocer que estaba loco. Yo creía que era el salvador de la Argentina, y también creía que Dios me había elegido y me hablaba. Pero la gran diferencia con Milei es que nadie, además de yo mismo, confiaba en mi destino mesiánico. Con el libertario es bien distinto, porque mucha gente lo sigue, lo aclama y lo vota”.

Por todo esto es central entender ese laberinto que es la psiquis del Presidente. Incluso a través de Conan, que es quizá la mejor llave para comprender al libertario. Paradójicamente, quien lo entrevista sabe de antemano que el tema lo incomoda. Oppenheimer no le repreguntó sobre el tema, y ninguno de los periodistas que suelen entrevistar a Milei le menciona jamás la rareza de hablar en presente de un perro que lleva siete años muerto.

A través del perro se puede adivinar la difícil vida de Milei, ya que la imposibilidad de aceptar la muerte del animal es inseparable de la terrible violencia física y psicológica que sufrió de parte de sus padres y de sus compañeros de colegio. Se puede adivinar su ideología anarcocapitalista, ya que alguien que nunca pudo conectar con humanos y sólo con perros puede pensar la vida entera bajo la lógica del mércado, y apoyar, bajo la tesis de la oferta y la demanda, cosas como el mercado de órganos y de niños, se puede llegar al camino místico que comenzó luego de la muerte del animal y que terminó con él como Presidente, y se puede arribar, finalmente, a este presente. A un mandatario que esconde, detrás del misterio con sus perros, el laberinto que es su cabeza.

 

 

 

 

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En esta Nota

Juan Luis González

Juan Luis González

Periodista de política.

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