POLíTICA | 08-07-2020 11:08

Máximo se redefine como canciller de la Cámpora

El hijo de la vicepresidenta aparece como un moderado ante opositores y empresarios. Massa y Wado como socios en un plan para construir consensos post cuarentena.

Mientras varios dirigentes oficialistas -el presidente mismo- suben el tono en la discusión con la oposición y el periodismo, uno de sus voces más centrales empieza a revalidar su nuevo perfil moderado. Máximo Kirchner se convierte sostenidamente en el canciller de la Cámpora, con un discurso más aplacado que otrora, y una diplomacia insospechada. Así lo percibieron los empresario que se reunieron con él y Sergio Massa, su socio político más allá de la Cámara de Diputados, la semana pasada.

Ya hace mes y medio, Kirchner y Massa le presentaron juntos al presidente Alberto Fernández, un plan de las reuniones que tenían por delante, con el objetivo de juntar voluntades. “Es construir una agenda de diálogo post-pandemia”, le dijeron. El país saldrá económica y socialmente golpeado de la cuarentena, con problemas de empleo e inversiones.

En ese plan, Máximo también se apoya en la buena relación que tiene desde siempre con el ministro del Interior, Wado de Pedro, link a su vez con los gobernadores y grandes grupos empresarios: habría sido quien organizó la reunión con Marcos Galperín, de Mercado Libre, el año pasado tras las PASO.

Lo que para opositores y empresarios es una sorpresa, los kirchneristas revalidan como un valor presente en el hijo de la vicepresidenta. “Máximo (…) es muy criterioso, razonable, moderado. No es el vago de la Playstation que decían que era”, lo definió el presidente en una entrevista con Viviana Canosa.

“Con Máximo hablo mucho. Siempre dije, incluso en los años en que estuve distanciado de Cristina, que es un chico maravilloso. Tengo la mejor opinión de él. Tiene que evolucionar más en política, pero por qué no podría ser presidente”, agregaba entonces Alberto Fernández. El mismo Máximo dicen, fue el puente en la reconciliación con su madre, y quien terminó de cerrar el acuerdo político con Massa que les dio la diferencia final para la victoria electoral.

Su peso dentro del gobierno, ya por conducción dentro y fuera del Congreso más que por portación de apellido, le han conferido un nuevo status. Y es frecuentemente quien tiende puentes con la oposición en la Cámara Baja, donde tiene buen diálogo con Cristian Ritondo: no sucede lo mismo en el Senado donde su madre suele confrontar cada vez que preside sesiones. Y es garante de esos acuerdos con la oposición. “Lo que más le molesta es que no crean en su palabra”, explica uno de sus colaboradores. “Lo que prometió, hasta ahora, se materializó”, dicen del otro lado.

Si la frase del Indio Solari “Si no hay amor que no haya nada” que lleva tatuada en brazo izquierdo, definió en otro momento su sentir más pasional también con la política, hoy a sus 43 años demuestra la madurez que exige su rol como presidente de la Cámara Baja, pero también su peso en un gobierno cimentado en un espacio de alianza, que tiene nuevamente la necesidad de consolidar voluntades para superar el escenario de crisis.

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Maximiliano Sardi

Maximiliano Sardi

Editor de Internacionales.

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