La política chaqueña Sandra Mendoza, exdiputada nacional y figura histórica del peronismo en el Chaco, falleció este miércoles 11 de febrero a los 62 años tras permanecer varios días internada en terapia intensiva en una clínica privada de la Ciudad de Buenos Aires. Su deceso, confirmado por el Partido Justicialista chaqueño y lamentado en el Senado —donde la senadora Juliana Di Tullio pidió un minuto de silencio durante el debate de la reforma laboral—, generó una ola de condolencias en todo el arco político argentino.
Mendoza, exesposa del exgobernador Jorge Capitanich y exministra de Salud de la provincia, padecía complicaciones graves derivadas de una diabetes severa que se agravó en los últimos meses, afectando su movilidad y derivando en un cuadro crítico que requirió asistencia respiratoria. Su trayectoria incluyó mandatos como legisladora provincial y nacional, siempre marcada por una militancia intensa y disruptiva dentro del justicialismo chaqueño.

El fallecimiento trascendió fronteras partidarias. Desde el kirchnerismo, Cristina Kirchner la recordó como una "guerrera de la vida" en mensajes que circularon en redes, mientras que figuras de distintos espacios expresaron su pesar por la pérdida de una dirigente con décadas de compromiso político.
Uno de los mensajes más llamativos llegó desde Elisa “Lilita” Carrió, líder de la Coalición Cívica, quien publicó en X (ex Twitter) una despedida personal y emotiva: "no estabas loca, eras una excelente profesional y mejor persona".
Con esa frase, Carrió aludió directamente a uno de los episodios más duros de la vida pública de Mendoza. Años atrás, cuando la exdiputada se animó a cuestionar públicamente aspectos de la gestión de Capitanich, fue duramente atacada desde sectores oficialistas y afines. La tildaron de "loca", "enferma psiquiátrica" o "impulsiva" en un intento por deslegitimar sus críticas y minimizar su voz. Aquel linchamiento mediático y político dejó una marca profunda, y la referencia de Carrió rescata ahora la integridad profesional y humana de Mendoza.
La despedida, con su tono afectuoso y reparador, resuena como un gesto de sororidad política en un contexto donde las diferencias ideológicas suelen ser irreconciliables. Mendoza, más allá de sus controversias personales y partidarias, deja un legado de tenacidad en un peronismo chaqueño que la vio crecer y también sufrir sus internas.














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