La primera vez que Ben Affleck vio una demostración de inteligencia artificial en las oficinas de OpenAI, casi le da un infarto. Lo contó hace unos días en la conferencia Screentime de Bloomberg: salió de ahí, llamó a Matt Damon y le dijo que tenían que hacer todas las películas que pudieran en los próximos años, "porque estamos terminados". Lo que no contó en ese momento es que la respuesta no fue retirarse sino fundar una empresa.
Se llamó InterPositive, nació en 2022 y funcionó en silencio, con apenas 16 empleados, hasta que este año Netflix la compró por 587 millones de dólares en efectivo y sumó a Affleck como asesor. La historia aparece en la nueva tapa de Variety, que lo retrata como el ganador de Oscar convertido en empresario: además de director y estrella de "Animals", el thriller que Netflix estrena esta semana, Affleck es socio de Damon en Artists Equity, la productora que reparte las ganancias del streaming con el talento como si fueran inversores.
Completar, no inventar.
InterPositive no fabrica películas a partir de una frase escrita. Su herramienta intrena un modelo con el material filmado de cada producción y lo usa para corregir la luz, reencuadrar, sumar efectos o completar una toma que faltó. Affleck insiste en que no es "algo de la nada" y en que, para no usar obra ajena, su equipo filmó ocho meses de material propio para entrenar el sistema. Dice que la IA "va a sumar" y no va a apoderarse del negocio.
Pero la tecnología no se queda quieta. Una herramienta capaz de completar una escena con los rostros, las voces y los decorados de una película es, en esencia, un paso de distancia de poder generarla entera.
El propio Affleck admitió que usó IA "para muchas cosas" en "Animals", aunque se negó a decir dónde: lo comparó con un mago que muestra el conejo escondido. Netflix, por su parte, reconoció que este año aplicó IA generativa en unos 300 títulos. Y la primera escena de la plataforma hecha con esta tecnología fue argentina: el derrumbe de un edificio en "El Eternauta", que según Ted Sarandos salió más rápido y más barato que con efectos tradicionales.
Si se proyecta la lógica un par de años, aparece un modelo posible. Pensemos en "Avengers: Doomsday", que llega a fin de año con un presupuesto que se acercaría a los 400 millones de dólares y un elenco que junta Vengadores, X-Men y Cuatro Fantásticos. Solo los cachets de Robert Downey Jr., los hermanos Russo y Chris Hemsworth sumarían más de 100 millones. Coordinar las agendas de decenas de figuras que tienen que filmar casi al mismo tiempo es una pesadilla logística y financiera.
Hollywood con licencia.
En el esquema que se insinúa, las grandes estrellas ya no necesitarían estar todas en el set. Filmarían sus escenas clave, prestarían su imagen y su voz bajo licencia, y la IA completaría el resto: planos generales, escenas de acción, tomas de cobertura, versiones alternativas. El antecedente existe: James Earl Jones cedió los derechos de su voz antes de retirarse para que Darth Vader siguiera hablando con su timbre gracias a la IA. La élite de Hollywood se volvería una especie de catálogo de rostros licenciados, con contratos que definan cuánto, dónde y por cuánto se usa cada uno.
El modelo de Artists Equity encaja con esa lógica: si el actor es socio de la película, su imagen es también un activo. La propia tapa de Variety plantea que la estrella de cine está en crisis, que cada vez hay menos caras que conoce todo el país y que hoy a los actores se les pide ser marcas, con seguidores y presencia en redes. En un mundo así, el valor de la cara famosa podría multiplicarse, justamente porque se vuelve escasa. La pelea de fondo es por la propiedad de la imagen. Disney y Universal, y después Warner, le iniciaron juicio a Midjourney por generar figuras como Darth Vader o Bart Simpson sin permiso; la empresa responde pidiendo que los estudios muestren cómo usan la IA puertas adentro. Disney había ido más lejos: en diciembre pasado firmó con OpenAI una licencia de unos 250 personajes para videos generados con Sora y anunció una inversión de 1.000 millones de dólares. El acuerdo se cayó en marzo, cuando OpenAI cerró Sora, una aplicación que según trascendió le costaba unos 15 millones de dólares por día. La señal, igual, quedó clara: los estudios no quieren frenar la IA, quieren cobrarla.
¿Quién llena el cuadro? El problema está abajo. Si la IA puede poner los extras, los actores secundarios, el compañero de escena que dice dos líneas, ¿por dónde entra el talento nuevo? Casi todas las estrellas de hoy empezaron en papeles chicos, comerciales, series menores. Ese escalón inferior es el más fácil de automatizar y, a la vez, el que forma a los grandes. No es una preocupación nueva: en la huelga de 2023, uno de los puntos más calientes fue la propuesta de los estudios de escanear a los extras una vez, pagarles un día de trabajo y usar su réplica digital para siempre. Hoy esa discusión está en el centro del negocio.
Los gremios ya se anticiparon. El nuevo contrato de SAG-AFTRA con los estudios, firmado en mayo, establece un "principio que favorece fuertemente la interpretación humana": los actores sintéticos solo pueden usarse si aportan un "valor adicional significativo", y escanear a un intérprete para crear su réplica digital requiere una razón de negocio concreta. Pero el sindicato no consiguió que los estudios paguen un aporte cada vez que usan un personaje generado por IA.
Mientras tanto, la frontera se corre. Tilly Norwood, presentada como la primera "actriz" creada con IA, busca representación en agencias de talento, y su creadora, Eline van der Velden, prepara un "Tillyverse" donde personajes virtuales desarrollen carreras. En redes, el fenómeno lleva años: Lil Miquela acumula millones de seguidores y la española Aitana López, una modelo que nunca existió, factura miles de euros por mes en publicidad. No se cansan, no envejecen, no piden aumento y no se pelean con el director. Para un anunciante o un productor, la ecuación es tentadora; para un actor que recién empieza, es competencia directa.
El talento humano.
La duda de fondo es qué pasa con la próxima generación. Si los influencers que hoy se convierten en actores son reemplazados por avatares, si los papeles de reparto los cubre un algoritmo y las grandes producciones se arman con licencias de imagen de unas pocas figuras consagradas, el sistema de estrellas puede quedar congelado: los famosos de hoy alquilando su cara indefinidamente y casi nadie subiendo detrás.
También hay preguntas de trabajo detrás de cámara. Affleck sostiene que las producciones con IA emplean igual o más gente, pero no presentó números. Los datos que sí existen no ayudan a la tranquilidad: la industria de producción de cine y video de Estados Unidos perdió 49.000 puestos entre 2016 y 2026, aunque la mayor parte de esa caída es anterior a la IA. Y según el Pew Research Center, siete de cada diez estadounidenses creen que la inteligencia artificial va a dejar menos empleo.
Hay, sin embargo, otra lectura. La IA puede abaratar las películas medianas que hoy no se filman, permitir que directores jóvenes hagan con poco lo que antes requería un estudio, y hacer que lo humano se vuelva el lujo. El propio Damon lo dijo en el podcast de Joe Rogan: ninguna IA puede reemplazar lo que transmite un actor en pantalla. Affleck agregó que lo que escribe la máquina tiende al promedio, y el promedio nunca hizo una estrella.
Esa es la apuesta, y también la contradicción, de los dos amigos que ganaron un Oscar con "En busca del destino". Defienden la singularidad del talento mientras uno de ellos construye las herramientas que pueden volverlo prescindible. Affleck dice que lo que más le preocupa de la IA no es Hollywood sino sus hijos en el colegio y la "indefensión aprendida" de una generación que delega todo. Puede que esa sea, también, la pregunta para el cine: qué pasa con un oficio cuando ya nadie necesita aprenderlo desde abajo.















Comentarios