Viernes 9 de diciembre, 2022

TEATRO | 21-11-2022 00:48

“Bodas de sangre”: una fallida versión de un clásico

De F. G. Lorca. Con María Onetto y elenco. Dirección: Vivi Tellas. San Martín, Av. Corrientes 1530.

★ “Bodas de sangre”, de F. G. Lorca. Con María Onetto y elenco. La versión y puesta de Vivi Tellas del clásico de Federico García Lorca no convence por muchas razones.

Desde su estreno, en 1933, fue ovacionada en todo el mundo, en especial en nuestro país, donde la dio a conocer la compañía de la legendaria actriz Lola Membrives. “Bodas de sangre”, considerada una de las obras cumbre del gran dramaturgo y poeta español Federico García Lorca (1898-1936), expresa sentimientos desatados por una pasión amorosa, en medio de la tierra andaluza. Sin abandonar la imaginería de su pluma, Lorca abreva en sus obsesiones: el caballo, el cuchillo, la sangre, la tierra ardiente, la luna y los ríos.

Escrita en prosa y en verso, a través de tres actos, el autor granadino nos sumerge de lleno en una historia de amor, odio y muerte en la que las diferencias se resuelven con el filo de una navaja. La trama se centra en una madre posesiva que perdió a su marido y a uno de sus hijos, ambos acuchillados en enfrentamientos. Obsesionada con el cuidado de su vástago menor, lo vigila temerosa del interés que siente por una muchacha con la que se compromete en matrimonio. ¿A qué obedece su desconfianza? Leonardo, único personaje que tiene nombre propio, primo del novio, mantuvo amoríos con la prometida y no está dispuesto a dejarla de lado. La noche de la unión, huye con la novia y se amparan en las sombras de la foresta. Los dos hombres se trenzan en combate y, como en una tragedia griega, no logran escapar a un destino fatal.

Lamentablemente, ese vendaval de emociones que emana del texto encuentra un pálido reflejo en esta malograda versión, adaptada y dirigida por Vivi Tellas, donde todo se enuncia y se declama, pero jamás se palpita. El énfasis está depositado en lo visual antes que en la convicción de las actuaciones. Incluso, la escena del bosque, donde la luna junto con la mendiga son personajes alegóricos asociados a la muerte, deja de lado el costado onírico y se parece más a la recreación de una película muda de Georges Méliès o a un film de terror, clase B, del estadounidense Ed Wood.

El desconcierto se profundiza aún más con el injerto de la participación de una cantaora, dos bailarines flamencos y la injustificada aparición de un joven actor en el rol de la añosa criada. En el extenso elenco, cada uno hace lo que puede, aunque en registros disimiles que nunca se alinean entre sí. Muchos diálogos y parlamentos resultan ininteligibles y no ayudan las constantes bajadas y subidas del telón para separar escenas. Una pena.

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Jorge Luis Montiel

Jorge Luis Montiel

Periodista crítico de artes y espectáculos.

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