Opinión / 13 de septiembre de 2013

Guillermo Moreno, el terrible

Un hombre que se ha mostrado capaz de hacer temblar de miedo a los supuestamente aguerridos capitanes de la industria del país.

LA permanencia de Moreno en el Gobierno es motivo de debate entre los funcionarios. Ilustración: Pablo Temes.

Cuando, hace ya más de seis años, Néstor K nos informó que le sucedería en la Casa Rosada la pingüina Cristina, muchos dieron por descontado que la señora así designada aprovecharía la oportunidad para poner fin a las andanzas de Guillermo Moreno, un personaje que, se suponía, le resultaba antipático por motivos estéticos, ideológicos y, desde luego, administrativos.

Tales esperanzas duraron muy poco. Para sorpresa de los impresionados por los modales civilizados de Cristina, parece que le encantaba, y que le seguiría encantando, el estilo procaz y prepotente del ferretero, un hombre que una y otra vez se ha mostrado capaz de hacer temblar de miedo a los supuestamente aguerridos capitanes de la industria del país.

También le habrá gustado la heterodoxia delirante del hiperactivo secretario de Comercio Interior. Como los convencidos de que la mejor forma de hacer funcionar una heladera rota consiste en asestarle una buena patada, Moreno cree que casi todos los problemas económicos se deben a la resistencia de las variables más importantes a obedecerle y que por lo tanto hay que enseñarles a actuar como es debido.