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Política / 18 de febrero de 2016

Esas raras nuevas barbas K

Los ex funcionarios se dejaron crecer los pelos. Épica setentista, look pseudorrevolucionario y dejadez. Opinan los expertos.

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BOUDOU. Hipster. Look cool y posmoderno para el ex vicepresidente.

Corría 1959 en Washington y un reportero cuestionaba una y otra vez a Fidel Castro, en lo que era la primera visita del mandatario cubano a suelo norteamericano. “Su próximo viaje a Estados Unidos, ¿lo hará con barba o sin ella?”, quiso saber el periodista. Sincero, el revolucionario contestó: “Mi barba significa muchas cosas para mi país. Cuando hayamos cumplido la promesa de un buen gobierno, me afeitaré”. A contramano de la legendaria frase de Castro –y algo lejos de dejar un Estado eficiente a sus espaldas– los K en el despoder pusieron la afeitadora en remojo y se la olvidaron allí. Carlos Kunkel, Aníbal Fernández, Amado Boudou, Hernán Lorenzino y Florencio Randazzo son algunos de los políticos del ex oficialismo que decidieron cambiar el look que los caracterizó siempre. Aunque algunos se la jugaron por algo más hipster y canchero y otros apostaron a la épica setentista, todos comparten un denominador común: la barba.
El Cambio. En la primera semana de febrero, el diputado Kunkel y Aníbal F sorprendieron en la cumbre del PJ ostentando los nuevos rumbos que le dieron a su cara. Como si fuera parte de una estrategia secreta, a los pocos días fue noticia la extravagante pelambre que se dejó crecer el ex vicepresidente Boudou, que reveló en una visita al acampe en la Plaza de Mayo por la liberación de Milagro Sala. Por esas fechas también aparecieron otros looks de fin de ciclo: el ex ministro y frustrado presidenciable Randazzo presumió una incipiente barba en un hotel porteño junto a Gildo Insfrán y José Luis Gioja, el titular K del gremio de los porteros, Víctor Santamaría, mostró la suya –más cuidada que las del resto– en las redes, y el ex ministro de Economía Lorenzino veraneó en Pinamar seguro de pasar desapercibido detrás de un abultado vello en el rostro.
Quizá con el deseo de imitar a los guerrilleros de Sierra Maestra, que pasaron a la historia como “Los Barbudos”, los políticos K le dieron rienda suelta a la naturaleza y le dijeron basta a la Gillette. “Es parte de una idea estética clara. Quieren hacernos creer que son héroes de la revolución cubana y que tienen una brújula para guiar al país. Cabe dentro de la lógica del mercadeo vil que hicieron con el setentismo”, dice el politólogo Carlos Escudé. Dueño de la que tal vez sea la barba más larga de la intelectualidad local (“la mía es producto de la edad, hay más desconcierto que política”), Escudé asegura que los raros peinados nuevos no deberían sorprender a nadie: “Son símbolos de una época con la que siempre lucró el kirchnerismo”.
Al filósofo Marcos Novaro tampoco le cierra el cambio. “Es una sobreactuación del ex funcionario reconvertido en revolucionario que es ridícula”. Para él, es parte de una estrategia de mostrar que, ya sin poder, estos políticos vuelven a su condición auténtica de luchadores y para eso mantienen el mismo look que un militante raso. “Igual es un delirio pensar que porque ahora tienen barba volvieron al seno de la sociedad”.
Antimoda. Desde hace varios años, impulsada por famosos de todo el mundo, la barba resurgió como símbolo fashion. En pasarelas, canchas de fútbol, televisión, política o en la música, el que era símbolo de un idealismo intransigente en los setenta o prueba de virilidad en el antiguo Egipto reflotó como el nuevo detalle chic internacional. George Clooney, Ben Affleck, Ezequiel Lavezzi, Marcelo Tinelli y Ricky Martin son algunos de los ejemplos que atravesaron el globo en los últimos tiempos. Pero jamás en políticos. “No es aconsejable el uso de la barba. Los estudios comprueban que la gente le cree más a las personas que no la usan o que la tienen muy prolija”, asegura Laura Malpeli de Jordan, directora de Styletto, una empresa de asesoría de imagen política. Según ella, los pelos largos en la cara dan la sensación de una barrera detrás de la cual algo se oculta. “Si Aníbal hubiera ganado, de ninguna manera tendría el look que tiene hoy”, asegura Malpeli.
El diseñador de moda Gabriel Lage dice que estos looks ya están pasados de moda. “Ahora se usa algo muy prolijo y cuidado”. Lage advierte que hay que tener cuidado: si se les da mal uso puede sumar años y quedar feo, como asegura que es el caso de estos ex funcionarios. La dueña de la barbería Pompadour, Ornella Boite, asegura que son un “espanto”. “Los envejece y no da una imagen de político. La barba tiene que ser prolija, sino da sucio”.
En cambio, Ygnacio Cervio, eminencia internacional en la materia –salió tercero en el 2013 y quinto en el 2015 en el Campeonato Mundial de Barbas y Bigotes– banca a pleno el nuevo look. “Me encantan, imponen jerarquía y poder, remite a sabiduría y consciencia”, dice, aunque advierte que tienen que estar acompañadas de un correcto “espíritu interno”.
Prohibido afeitar. Ya sea por la idea de transmitir la imagen de una oposición heroica, porque quieren pasar desapercibidos o por un simple capricho, es evidente que el look caló hondo en las filas K. Aunque la psicóloga Beatriz Goldberg asegura que esto es parte de la clausura de una etapa y el comienzo de otra, quizá sea algo mucho más simple: el cómico francés Molière decía que del lado de las barbas está el poder, y tal vez sea el sueño de volver un día a él lo que aleja a los ex funcionarios K de cualquier tijera.