Política / 5 de mayo de 2017

Macri sobre CFK: “Tuve que tomar una pastilla, es una psicópata”

En el libro “Macri”, la periodista Laura Di Marco recoge las impresiones íntimas del presidente, incluso las de sus sesiones de terapia. La última conversación con Cristina.

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La última vez que hablaron por teléfono, el presidente electo estaba en el baño de Los Abrojos, a punto de dormir una siesta. Fue el sábado 5 de diciembre de 2015. Cuando cortó la comunicación, quedó tan alterado que tuvo que tomar medio Somit para poder conciliar el sueño: Cristina lo había dejado completamente estresado.

“Tuve que tomar una pastilla para poder dormir porque es una mujer que te turba la cabeza; todo el tiempo va girando los argumentos. Es una psicópata”, se desahogó.

Pocos días antes del traspaso de mando, Cristina y Macri se trenzaron en una fuerte confrontación sobre el lugar de entrega del bastón y la banda presidencial, atributos simbólicos del presidente. El round se jugó en dos partes. El primero fue en la Quinta de Olivos el 24 de noviembre de 2015. Y, como cada vez que se vieron a lo largo de la relación institucional, él la trató de usted y ella, de vos.

—La casa está bien —mintió la Presidenta, después de felicitarlo—. No es como la mía del Sur, pero está bastante bien…

—Querría ver si podemos hacer algún trabajo de coordinación en el traspaso. Ahí está llamándolo Peña a Aníbal Fernández y estamos intentando hablar con Kiciloff, con todos, como para ganar estos diez días…

—Nosotros estamos a disposición, a partir del 10 de diciembre.

No hace falta que nadie venga; yo gobierno hasta el último día y… a partir de ese momento, te hacés cargo vos —ordenó ella.

Macri insistió con la necesidad de ordenar el traspaso de los ministerios y los detalles de la ceremonia.

—¿Cómo es el tema este de los atributos? ¿Vamos a hacerlo bien, o sea…? ¿Me los dan en el Salón Blanco?

—No, no… En el Congreso. Yo te los doy y me voy…

—¿En el Congreso? Me parece que es… en el Salón Blanco —tanteó Macri.

—No, no, querido, la Constitución dice claramente que es en el Congreso —volvió a mentir ella.

—Pero, Presidenta, hagámoslo bien, me parece que…

La pulseada continuó unos minutos, hasta que Cristina dio por terminada la conversación. Todo duró menos de diez minutos.

La pelea siguió días a través de los diarios, hasta que surgió un inesperado colaborador: Aníbal Fernández.

—Yo soy un tipo de colaborar —sobreactuó aflicción el ministro, durante una charla con Macri—. Yo siempre soy un tipo de ayudar… pero ¡no puedo más! La señora no se mueve del lugar. Te pido que vos hables con ella… Que la convenzas.

—¿Otra vez? Pero yo ya hablé.

Marcos Peña también le insistió y, finalmente, Macri volvió a llamarla el sábado anterior a la jura. Se levantó temprano y marcó el número de la Presidenta, pero atendió su contestador. Ella recién le devolvería el llamado varias horas más tarde, después del almuerzo. Cuando sonó el celular, Macri estaba en el baño en suite, a punto de meterse en la cama. “Ju se ríe porque escuchaba: ‘No es así, señora. No es así, señora. No es así, señora’. Mi mujer me dice: ‘Se lo repetiste como veinte veces’. ¡Pero si no paraba de hablar!”.

—Lo que pasa es que vos sos ingeniero y no entendés la Constitución —arrancó ella.

—Señora, yo la leí y no dice lo que usted dice.

—¿No? Es como si yo te quisiera discutir sobre obras civiles…

—Bueno, recuerdo que cuando hablamos sobre el tema de las inundaciones, me discutió la obra del Medrano —retrucó Macri—. Yo le decía que había que hacer una como en el Maldonado, y usted me dijo que no, aunque no tenía idea.

—Bueno, no me acuerdo.

Macri respiró, antes de hacer el último intento:

—Pero, Presidenta, a ver si entendemos una cosa. ¿De quién es la celebración del día 10 de diciembre? ¿Suya o mía?

Por primera vez Cristina hizo una pausa.

—Tuya —concedió.

—Mía… bien. Entonces ¿por qué no me la deja hacer como yo creo que corresponde? Yo la voy a recibir con toda la educación del mundo en el Salón Blanco. Usted me da los atributos, la acompaño por la escalera, se va y yo arranco un almuerzo con mis invitados. Es lo lógico, si es mi…

Cristina no lo dejó terminar la frase y estalló:

—¡Sí! ¡Es tu fiestita con tus amigos de Barrio Parque! ¡Pero no tenés idea de lo que decís! —volvió a desequilibrarse.

A esta altura, nervioso, él se la devolvió en el mismo tono.

—Pero, señora, escúcheme, ya le dije que… —le respondió, casi gritando.

—¡Me estás gritando! —aprovechó ella.

—Usted está hablando hace media hora, y no me escucha una sola razón, entonces no entiendo…

—¡Yo no puedo creer que me faltes el respeto de esta manera! ¡Que maltrates a una mujer de esa manera! —reprochó Cristina y le cortó dejándolo con la palabra en la boca.

Macri abrió la puerta del baño, empapado de sudor.

Del otro lado, lo esperaba Juliana.

Fragmento del libro “M”, de Laura Di Marco, editado por Sudamericana.