Opinión / 19 de marzo de 2018

Un feminismo menos trivial

Al cambiar expresiones de la lengua en defensa de las mujeres, la Real Academia Española falsea la historia del idioma y hace de la lucha femenina una tontería.

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El 8 de marzo pasado la RAE (Real Academia Española) decidió eliminar la acepción “mujer fácil” de su diccionario y cambiarla por “persona fácil”. La decisión se tomó en el marco de las protestas y denuncias que organizaciones feministas y mujeres en general han realizado en los últimos años a propósito de un uso discriminador y sexista del lenguaje.

En nuestra opinión, esta modificación del diccionario no sólo es innecesaria, es disparatada y tonta. Una más de las iniciativas que, por un prurito de corrección política, emprenden las instituciones a costa de su propia seriedad.

Antes de seguir adelante, recordemos como es una “entrada” en un diccionario. Primero aparece el término (en este caso, “fácil”). Luego, el tipo de palabra de que se trata (“adj.” adjetivo). A continuación, el significado más habitual bajo el número 1 (para “fácil”: “que no requiere gran esfuerzo, habilidad o capacidad. Un trabajo fácil. Un problema fácil. Un encargo fácil de realizar”). Después, también numerados, se consignan otros usos de la expresión, menos habituales que el primero.

Los usos incluyen no sólo el sentido con que se utiliza la palabra todos los días, sino también frases y contextos menos cotidianos donde su significado sufre variaciones. El diccionario, incluso, consigna sentidos históricos del término caídos en desuso o utilizados sólo en textos literarios de otros tiempos, por ejemplo, en la Edad Media. El registro léxico de un idioma tiene como propósito detallar todos los usos de la mayor cantidad de términos en la historia de una lengua. Los diccionarios no dan (o no se proponen dar) una opinión sobre las costumbres lingüísticas de una comunidad. Simplemente registran y describen con toda la objetividad posible el conjunto de palabras que componen el idioma.
En el caso que tratamos, la acepción de “fácil” que cambia la Academia es la cinco: “dicho de una persona: que se presta sin problemas a mantener relaciones sexuales”. Donde dice “persona”, antes decía “mujer”.

Y aquí comienza el disparate. La expresión usada en nuestra lengua siempre fue “mujer fácil” no “persona fácil”. Justamente, porque en nuestros esquemas machistas, un hombre nunca es “fácil”. Un varón que se va a la cama sin mucho esfuerzo es un “galán”, “canchero”, “seductor”, y ninguno de estos epítetos es despectivo.

Cambiar “mujer” por “persona”, tergiversa todo un sentido lingüístico que la expresión tiene en nuestra lengua. Falsea la verdad histórica. Tendría más sentido decir: “dicho de una mujer en forma despectiva” o “dicho de una mujer antiguamente”. Pero la expresión real que registra la lengua, es “mujer fácil”.

Es sorprendente que la Real Academia tome este tipo de decisiones en honor de las mujeres. Cumplir con ellas no debería significar faltar a la verdad en materia lingüística.

Y, aún más importante, las mujeres no necesitan semejante trivialización de sus reivindicaciones.

El feminismo no es tonto. Y la lengua, ese instrumento tan eficaz para reflejar dinámicas sociales y políticas, exige un tratamiento más riguroso que el que la RAE propone hoy para zanjar la cuestión del género.