Política / 2 de abril de 2018

Interna opositora: Peronistas en ebullición

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Sergio Massa baja de un avión privado en el aeropuerto de Chubut. No lo hace solo: llega acompañado del economista Marco Lavagna y la diputada Graciela Camaño. Se dirigen directamente a la residencia oficial, donde los espera el gobernador Mariano Arcioni.

Desesperado por encontrar una salida a la crisis económica, el mandatario provincial que heredó el cargo tras la muerte de Mario Das Neves les confía al tigrense y a su equipo económico el refinanciamiento de la deuda. Coordinan cómo lo trabajarán y se vuelven a Buenos Aires: la reunión no es comunicada oficialmente por la gobernación ni se publican fotos de Massa en Chubut. Una presencia casi fantasmal, la del 17 de marzo, que apenas es advertida por los testigos que los cruzan en el camino.

Pero no es una casualidad. Así, entre sombras, se maneja Sergio Massa desde hace un tiempo y lo hará hasta después del Mundial de Rusia, cuando se empiece a perfilar como uno de los candidatos del peronismo a presidente. “No es tiempo de ir a ningún cierre electoral”, le dice a su entorno. Por eso rehúsa participar de cualquier armado que gran parte del PJ intenta realizar.
Si lo necesitan, que lo vengan a buscar. Eso piensa.

Las encuestas que empiezan a sondear las elecciones del 2019 marcan que podría ser la resurrección de Massa. El candidato que viene de hacer agua en las últimas dos elecciones, logró mantenerse vivo y podría tener revancha para volver a estar competitivo en las presidenciales del próximo año. Ve con entusiasmo que el peronismo tradicional no encuentre a su candidato y se mide cara a cara contra el gobernador de Salta, Juan Manuel Urtubey, que ya empezó a hacer su jugada.

El peronismo estaba desperfilado, pero los errores no forzados de Mauricio Macri lo pusieron otra vez en carrera. Consideran que haciendo una buena campaña pueden dejarlo sin reelección al Presidente. Sólo hay un factor determinante que no pueden manejar: qué hará Cristina Kirchner.

Armado. La piedra fundamental del resurgimiento del PJ se pondrá el 6 de abril en Gualeguaychú. Así lo imagina el presidente del bloque de senadores Miguel Ángel Pichetto: “Es el inicio del camino”, indica a cada uno de los que invita. Aunque algunos actores fundamentales ya empezaron a declinar la propuesta: Urtubey y Massa dijeron que no irán.

Arrancar a tiempo la carrera también es un arte.

Para el salteño, la confirmación de su candidatura será a fin de año, aunque la previa (coincide con el resto) comienza tras el Mundial. Urtubey, a quien se le vence el mandato de gobernador y se queda sin chances de ser reelecto, sólo le quedan dos opciones: ir por la presidencia o conformarse con ser senador. Está enfocado en la primera.

Sobre todo porque lo entusiasmaron los números, que lo ubican a menos de 10 puntos de Macri en un eventual ballottage, con un nivel alto de conocimiento y buena imagen positiva.

“Tenemos que confluir en un espacio los peronistas sin prontuario”, dicen en el entorno del salteño, de buena sintonía con Cambiemos.
El gobernador de San Juan, Sergio Uñac, otro que fue sindicado como posible candidato del PJ, se autoexcluyó y se manifestó a favor de Urtubey: “Recomiendo a Juan Manuel. Es una persona joven y con capacidad”, dijo. Roxana Bertone, mandataria de Tierra del Fuego, ya se había manifestado a favor del salteño. En el Norte, cada uno de esos apoyos se festeja como un gol.

En el Frente Renovador confían en que las cosas están saliendo mejor de lo que esperaban. “Hace un tiempo pasaban fardos por acá”, dicen en la oficina de Libertador y Callao, el búnker del partido massista. “Ahora llaman y vienen todos”, se vanaglorian en el entorno de Massa.

En dos semanas hubo dos encuentros en el barrio de San Telmo entre Massa y el ex ministro de Transporte Florencio Randazzo. Después de años sin hablar, empezaron a encontrarse para construir la oposición responsable con la que sueña el tigrense. Una reversión de la “ancha avenida del medio” que fracasó en la elección pasada. Eso sí, fiel al perfil bajo y misterio que intentan cultivar, no hubo foto.
El camino ya está marcado: “Crecer en silencio hasta el Mundial”. El ex candidato a presidente se alejó de los medios y, además de la rosca política, trabaja en su estudio jurídico con oficina en la Torre de las Naciones de Tigre.

Cuando se lance, la estrategia principal será atacar desde la economía. Pero no con estilo fundamentalista, de “la resistencia” típica del kirchnerismo. “La idea es mostrar que se puede hacer mejor lo que se está haciendo. No que si nos eligen vamos a dar un volantazo completo”, sostienen.

“Hay que armar un frente. El PJ tiene que ser la arquitectura, como fue el radicalismo para Cambiemos”, dicen en el Frente Renovador y se entusiasman en imponer su marca.

Massa y Urtubey coinciden en una oposición moderada, en que tienen que terminar con Cristina Kirchner y en que el objetivo es meterse al ballottage.

Factor CFK. Todo lo que el peronismo arma tiene un elemento clave, imposible de prever. De hecho, no habrá candidato responsable que no termine sus hipótesis con un “hay que ver qué hace Cristina”. La ex presidenta es una trampa mortal para el PJ: es la que más votos junta, pero su techo es tan bajo que nadie la cree capaz de ganarle a Macri. La paradoja es que sin sus votos no se puede empezar a pensar en ganar, pero con ella la derrota parece casi segura.

“Es impensada la unidad del peronismo sin Cristina”, dicen en Unidad Ciudadana. Pero lo cierto es que ni en el entorno más íntimo saben si la ex presidenta va a competir. Haber perdido las legislativas con Esteban Bullrich la convenció de que ya no es intocable: arriesgarse a perder su capital político sin chances de ganar una eventual segunda vuelta contra Macri podría ser catastrófico.

Otra opción sería que le preste su nuevo sello a Agustín Rossi o Axel Kicillof. No siendo ella la candidata, la unidad del peronismo es más fácil, entienden en todos los espacios.

“Hay que ir a una interna y lograr que el que gane conduzca y el que pierda acompañe”, dicen fuentes kirchneristas. Saben que en un frente a frente, la ex presidenta le puede ganar a cualquiera del peronismo. El resto del PJ no se amilana: “Si nos juntamos todos, le podemos ganar. Incluso en una PASO abierta, muchos macristas podrían votar contra Cristina sólo por el odio que le tienen”, analizan.

La revancha de los Saá. El último que se apunta en la lista de candidatos es Alberto Rodríguez Saá. El puntano se opuso con ferviente entusiasmo a Cambiemos y desde ese lugar quiere tener la posibilidad de competir. A diferencia de los moderados, el gobernador de San Luis reconoce como su conductora a Cristina Kirchner: “Nadie tiene más votos que ella”, indica. Pero se anota en caso de que la ex presidenta no quiera jugar.

Por primera vez puso un operador en Capital Federal: su primo Nicolás Rodríguez Saá, director de la Casa de San Luis en Buenos Aires, es el encargado de tejer relaciones con el Instituto Patria. “Esta vez Alberto está mejor referenciado. En el pasado tuvo candidatos con poco peso como Ivo Cutzarida, la madre de Ricardo Fort y el narcotraficante ‘Mameluco’ Villalba”, recuerda Nicolás.

Tras el tropezón que significó el encuentro del peronismo en San Luis, donde faltaron figuras de peso, la apuesta será al primer encuentro de abril.

Los senadores tienen la llave para abrirle la puerta a la unidad. Tendrán que sumar voluntades para no seguir haciendo agua. La idea es haber superado las rispideces para el segundo semestre: “Reglas claras, que los que quieran ser candidato lo manifiesten a viva voz para evitar cortocircuitos”, es el pedido de los armadores a los posibles aspirantes a la presidencia.

Un actor fundamental en el armado de la estructura será el gobernador de Córdoba Juan Schiaretti, que no tiene ninguna intención de jugar a la presidencia y por lo bajo ya manifiesta su objetivo de ser reelecto mandatario provincial. “No podemos descuidar el territorio”, le dice a su entorno. Además no quiere perder su posición privilegiada de opositor responsable: el mismísimo presidente Mauricio Macri lo llama por teléfono en reiteradas oportunidades y cada vez que visita su provincia lo ve. Eso enoja y confunde a los candidatos locales de Cambiemos.

En la Casa Rosada se manifiestan tranquilos. Confían en que Cambiemos es un equipo digno de quien fuera el técnico de Boca durante la dirigencia de Macri, el más exitoso de la historia xeneize, Carlos Bianchi: un plantel que no luce, pero sabe jugar finales.
En los indecisos estará la clave: quién logrará enamorar a los desenamorados.