La decisión del presidente Javier Milei de vetar la candidatura a jueza de María Verónica Michelli, presuntamente por ser cuñada del periodista Hugo Alconada Mon, generó una polémica que amenazó con alcanzar ribetes escandalosos. Pero el verdadero terremoto no vino del caso judicial en sí. Vino de quien decidió pararse en la vereda opuesta: Patricia Bullrich.
El argumento oficial para retirar el pliego tiene una lógica que el Gobierno no tardó en hacer pública. Desde la Casa Rosada sostienen que Michelli presenta un conflicto de interés insalvable: que una magistrada con ese vínculo familiar integre un tribunal federal no es un detalle administrativo sino un problema republicano de fondo. En el oficialismo van más lejos: interpretan la presión para sostener el pliego como una muestra del poder de la corporación periodística defendiendo sus propios intereses a través del sistema judicial. La jueza no sería víctima de una arbitrariedad, en esa lectura, sino el instrumento de una influencia que el Gobierno decidió no convalidar.
Bullrich no lo vio así. La postulación de Michelli había sido promovida durante el gobierno de Mauricio Macri y luego frenada en la gestión de Alberto Fernández, lo que para la senadora acreditaba una trayectoria que no podía borrarse por el apellido del cuñado.

Gerardo Milman, ex viceministro de Seguridad y actual asesor de Bullrich en el Senado, lo explicó en El Disparador, el programa que conduce Maxi Sardío por Delta 90.3: "Lo que ha pasado en los últimos momentos es una objeción de conciencia respecto al pliego de una candidata a senadora nacional para un tribunal oral, que había juntado mayoría de firmas. Si uno ve la Constitución, para retirar un pliego que ya está en el Senado, hace falta el acuerdo de la mayoría del Senado." Y fue más allá: "La posición sobre los méritos de un candidato para ser juez de la nación no define el proyecto político."
Lo que siguió fue una secuencia de alto voltaje. Bullrich confirmó que le presentó a Milei su renuncia como titular del bloque de La Libertad Avanza en la Cámara alta. "Toda persona de bien, cuando tiene que darle a conocer al Presidente una posición distinta a la suya, pone su renuncia a disposición", justificó la senadora. Milei le planteó su visión sobre el conflicto de interés de Michelli con la misma firmeza, pero el ofrecimiento de renuncia no prosperó. Milman lo graficó con precisión en el aire de Delta: "El presidente siguió hablando, no tomó el disenso de la senadora Bullrich." Gesto hecho, gesto archivado. El tablero siguió en pie, con dos lecturas irreconciliables del mismo expediente.

El episodio dejó en evidencia además fricciones internas con el ministro de Justicia, Juan Bautista Mahiques, a quien varios legisladores responsabilizan por no haber revisado los antecedentes de los candidatos antes de enviar los pliegos al Senado. "Con googlear los nombres les habrían ahorrado este problema al Presidente", deslizó uno de los senadores oficialistas. Una crisis que, en su origen, tiene más de impericia que de conspiración, aunque el Gobierno prefiere la segunda lectura.
El capítulo siguiente fue la foto. Karina Milei recibió a Patricia Bullrich en su despacho del primer piso de Balcarce 50, y el encuentro buscó mostrar unidad y despejar dudas sobre la continuidad de la legisladora en el bloque oficialista. Bullrich lo publicitó en X con una frase que mezcla lealtad y posicionamiento: "Reunión con Karina, trabajando siempre juntas por las transformaciones que lidera el Presidente Milei." Milman fue discreto en El Disparador: "No acompañé la reunión de Patricia con Karina Milei, fue privada. Soy asesor de Patricia en el Senado." La confirmación sin el contenido: el encuentro existió, fue entre ellas dos, y lo que se habló quedó en el despacho de la secretaria general de la Presidencia.

Que Karina Milei reciba a Bullrich en privado y que el encuentro se fotografíe y publique no es un gesto menor. Es una señal hacia adentro del espacio: Bullrich sigue, la tensión se administra, la foto reemplaza al comunicado. En el armado porteño también remarcaron que las tensiones no modificaron la posibilidad de que Bullrich sea la candidata de La Libertad Avanza a jefa de Gobierno en 2027.
Y ahí está la clave de todo. Milman lo dijo con la honestidad: "En este país, salimos de una elección y empezamos a pensar en la otra. La política habla de los candidatos todos los días." En ese marco, la pregunta sobre el peso legislativo real de Bullrich es central. La respuesta fue cautelosa pero reveladora: "No sé cuántos diputados tracciona hoy Patricia. Son varios, pero no tengo hecha esa cuenta, que encima es una cifra dinámica."
Una cifra dinámica. En esa expresión está todo el realismo de la política argentina: las lealtades se cuentan pero se mueven, los bloques se negocian pero se fragmentan. Bullrich pateó el tablero libertario con una objeción de conciencia, ofreció su renuncia, escuchó al Presidente defender el conflicto de interés como argumento central, se reunió a solas con Karina Milei y salió de la semana con su cargo intacto y su perfil político más alto que antes. Para alguien que supuestamente estaba en un rol secundario, el saldo no es menor.















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