Sociedad / 7 de abril de 2018

Nacho Viale: cómo vivir de la abuelita y ganar poder

El programa de Mirtha Legrand en el centro de la polémica luego de las explosivas declaraciones de Natacha Jaitt. Acusaciones cruzadas y la peligrosa convergencia entre periodismo y redes sociales.

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Confiaron en la inmunidad -¿impunidad?- de la señora. En el respeto que imponen sus 91 vitalísimos años, el récord de medio siglo de televisión, su trono imbatible. Pero algo falló y Nacho Viale, el nieto-productor, todavía se está preguntando qué fue. Porque nada de lo que ocurrió al aire la noche del sábado 31, cuando una neo Mata Hari disparó entre bocados acusaciones de pedofilia y complicidad en un radio tan amplio que cubrió hasta al Papa, le había parecido demasiado grave. La prueba está en que terminado el programa, la cuenta de twitter de Mirtha Legrand celebró la cena: “Una mesaza explosiva. Gracias a todos los invitados”. La cuenta –que dudosamente maneje la propia Mirtha- sumaba datos del prodigio: “Fuimos tendencia con #Mesaza, estuvimos en 5 de los temas más importantes en twitter argentina y además lideramos el rating. ¡Gracias a todos querido público! (se supone que) escribió la conductora en su twitter oficial.

Recién a los dos días, cuando arreciaron las críticas al insólito fusilamiento a mansalva pero sin balas perpetrado por Natacha Jaitt en la mesa de Mirtha, Nacho Viale salió a asumir su responsabilidad en el “error” con un argumento penoso. Dijo que los peores ratings de El Trece eran los de Pascuas y el día de la madre, lo que lo tentó a cocinar para la fecha un verdadero plato fuerte. “Llamen a los bomberos, va a salir fuego de esta mesaza”, había tuiteado para ir caldeando televidentes, con evidente conocimiento de lo que se vendría.

Declarada la emergencia, Mirtha optó por el silencio hasta el próximo programa (que de paso le sumará atractivo a la emisión), pero trascendió un chat dirigido a una productora suya enviado supuestamente por error a un periodista, en el que reprochaba: “Usted fue la que me metió en esto, hágase responsable ahora”.
La convencieron de que la morocha explosiva era la gran carta para derrotar a Andy Kusnetzoff en “Podemos hablar”, que llevaría a la sufriente Silvia Suller a la mesa decontracté que les compite las noches del sábado. Y como ante otras metidas de pata, con el diario del lunes Mirtha Legrand apeló al “me hacen daño”, suponiendo que el reconocido liderazgo de su opinión y la capacidad de marcar agenda nacional pueden mutar de repente en inocencia desvalida.

Quienes conocen el estilo de la conductora saben que nadie ha logrado sentar a su mesa un invitado contra su voluntad. Que tras las reuniones de producción de los martes que ella encabeza y en las que participan unas ocho personas, una vez definidos los participantes del fin de semana, Mirtha se aboca a estudiar el perfil de cada uno de ellos para sorprenderlos con detalles que revelen su agudeza. No se le puede haber escapado la volatilidad de los enchastres protagonizados por la invitada autodefinida como prostituta y muy cara. Tanto es así que para conceder a su equipo el convite a Jaitt que inicialmente resistía, Mirtha pidió sumar a la mesa a la madre de un combatiente de Malvinas. Creyó que así equilibraría la mesa, pero no funcionó y por primera vez perdió la voz de mando. Su comensal estrella resultó una indómita con más capacidad de interrupción que la anfitriona.Y aunque no lo vaya a reconocer en público, cree que la producción de su nieto la presionó demasiado con el resultado de dejarla expuesta a la sospecha de haber participado de una “operación” temeraria. Al fin de cuentas, Viale y compañía quedaron tan manchados como los nombrados por la morocha. ¿Quién operó a quién? ¿Servicios a Jaitt? ¿Jaitt a la producción?¿Nacho a la abuela? Un intrincado embrollo de conspiraciones quirúrgicas.

Ignacio Viale, un nacido y criado en la tevé, fue quien tras la retirada de Carlos Rottemberg, el histórico productor de Legrand, se hizo cargo de la modernización del ciclo y de la propia imagen de su abuela. Consiguió que volviera a la ficción con la tira “La dueña” (en un guión que jugaba al límite la verosimilitud con su vida privada), y tuvo la osadía de un formato dual para los fines de semana. Además, tiene fluidos vínculos con el oficialismo como evidenció la comida que organizó junto al productor Mariano Chihade (marido de Mariana Fabbiani) en la quinta presidencial para un selecto grupo del showbizz y la familia presidencial.

Incauto o especulativo, inmolar a la abuelita le redundó a Viale un empate técnico. Mirtha promedió 8.1 puntos de rating, con pico de 9.3; mientras Andy promedió 8.3 en Telefe, con pico de 9. Pero lo que los programadores de tevé, y hacedores de medios de comunicación en general han empezado a perseguir con obsesión son otros números que, pronostican, dominarán el negocio en un futuro cercano.

Sobre todo en una televisión abierta con pocas expectativas en el crecimiento del encendido, ahora lo que cuenta es el “engagement”, un término que alude a la interacción de usuarios de redes sociales con una marca, empresa o producto. Y es ese nuevo termómetro el que explica la celebración de Nacho Viale tras la emisión de la polémica: según la medición de Kantar Social TV Ratings, fue el programa líder en el top ten de la tevé abierta con mayor engagement en twitter durante la última semana.

La “Noche de Mirtha” del sábado 31 consiguió 16 millones de impresiones (cantidad de veces que fueron vistos los tuits relacionados con el programa durante su emisión) contra 976 mil del programa de Andy. Una ventaja que también se evidenció en la cantidad de autores únicos, que en este nuevo lenguaje representa el número de diferentes cuentas de twitter que hicieron al menos un comentario sobre el programa en emisión. Desde ese punto de vista -¿comercial? ¿de seguidores?- el programa fue un éxito.

La polémica que explotó en la elegante mesa de Mirtha Legrand desnuda la tensión entre los medios de comunicación tradicionales y el periodismo clásico, por un lado; y las redes sociales, por el otro. Una dinámica reciente que está creando un nuevo ecosistema de la información.

En ese sentido, Jaitt es un producto genuino de redes sociales. El universo en que las “fake news” (noticias falsas) nacen, se viralizan y mueren como chizpazos de entretenimiento fugaz.
Qué hacer con el canto de sirena de los “trending topics” (tendencias de interés) es el último desafío de periodistas y comunicadores. Sancho nos tuitean, ¿razón de que existimos?

*Editora Ejecutiva de NOTICIAS