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Costumbres / 6 de enero de 2019

Cuál es la historia del bikini, esa prenda que nunca pasa de moda

No importa cuánto se publiciten los trajes enterizos, tangas y triángulos siempre se imponen. Este año se usan a la cadera, como en los ’80.

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Pocas prendas acompañaron tanto la liberación de la mujer como el (la) bikini. Comparable al impacto de la minifalda, implicó una ruptura que luego hizo replantearse muchas otras prendas. Censurado, polémico y transgresor, el del bikini es un camino tan largo como interesante, que teje su historia a la par de la evolución femenina.

Un largo camino. Aunque cueste creerlo, el primer registro que existe de un bikini data del 1600 a.C. Es un mosaico hallado en Sicilia, donde pueden verse mujeres con traje de baño de dos piezas haciendo deporte. El salto a la era moderna, sin embargo, fue gigante: volvió a aparecer recién en 1946, de la mano del ingeniero Louis Réard.

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La presentación fue el 5 de julio en la piscina del hotel Molitor, y consistía en una bombacha muy cavada y un corpiño de triángulo. Réard quiso liberar a la mujer de los incómodos trajes de baño de la época, pero su iniciativa no fue muy aplaudida, y hasta tuvo que contratar a una stripper para que mostrara la creación, porque ninguna modelo se animaba. El nombre fue una metáfora de lo que causaría: se debió al atolón polinesio Bikini, donde se estaba probando la bomba atómica.

El primer bikini creado en 1946 por el ingeniero Louis Réard.

Y sí, el escándalo fue grande. Tanto, que debería cambiar la década para que algunas osadas volvieran a ponerlo en escena. Las grandes estrellas fueron las que le dieron legitimidad, y Marilyn Monroe fue una de las primeras en 1950. Las fotos la retratan con modelos de bombachas tan altas que hasta cubrían el ombligo.

Los años pasaron y la resistencia seguía, como en el caso del concurso Miss Mundo, que se opuso a que sus participantes lo lucieran; pero también eran cada vez más las que se animaban a incorporarlo. En 1957, Brigitte Bardot lo lució en la película “Y Dios creó a la mujer”, haciendo que muchas comenzaran a ilusionarse con probar esta prenda. Algo similar sucedió con Ursula Andress y su aparición en “007 contra el Doctor No”, cuyo modelo con un cinturón quedó para el recuerdo popular.

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Marilyn Monroe, dos piezas con bombacha a la cintura.

De ahí en más, los hechos se sucedieron con rapidez. El bikini comenzó a aceptarse en sociedad y a ir modificando sus modelosy tamaños, reduciéndose y dejando ver el ombligo. Siguió la llegada de la tanga directamente de Brasil en 1974, y la creación de la lycra, enorme evolución en el confort que permitió jugar todavía más con los diseños, colores y texturas, llegando por ejemplo al flúo de los ‘80.

Los ‘90 tuvieron un revival del traje de baño entero, gracias al furor de la serie Baywatch, y el bikini vio subirse y cavarse más que nunca la bombacha. Y para los 2000, casi como un balance del siglo, la inspiración volvió a mirar a épocas pasadas, dando pie a un eclecticismo que incluía desde triangulitos metalizados (con el piercing en el ombligo a tono) a bikinis de crochet de los ‘70.

Un símbolo sexual: Raquel Welch y un famoso bikini de harapos.

Lo que el cambio significa. De lo más interesante en la línea de tiempo del bikini, sin embargo, es el contexto en el que nació. Apenas un año después de su aparición, se presentó el “New Look” de Christian Dior, una colección híper femenina y elegante, que cubría a la mujer de pies a cabeza. “Dior ubica a la mujer en un lugar de objeto bellísimo, que no se puede ni mover, porque debe estar siempre perfecta. Podría decirse que se la lleva atrás en el tiempo en un discurso de no libertad”, ilustra Marcelo Marino, historiador de arte y director de la colección Estudios de Moda (Ediciones Ampersand). En esa coyuntura y esa pugna comienza a instalarse el bikini, marcando aún más su costado revolucionario.

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Asimismo, el traje de baño de dos piezas aporta una nueva forma de pensar el cuerpo femenino. Mucho más allá del lugar común de la sensualidad que inspira, el bikini brindó libertad de movimiento, posibilitando una enorme evolución en las actividades deportivas. Poder soltar esos trajes de baño grandes e incómodos, que cuando se mojaban se tornaban aún más pesados, y darle la bienvenida a modelos que permitían nadar con comodidad fue un soplo de aire fresco que hasta influyó en los Juegos Olímpicos.

Susana Giménez, una bomba en los setenta.

Y más importante todavía, hizo repensar cómo entender el uso del cuerpo en relación a una prenda. “Se comenzó a entender que podían establecerse otras relaciones entre lo que se revela y lo que se esconde. Y así, el bikini habilitó otro tipo de formatos, como las remeras que mostraban el ombligo y que surgieron más tarde. Habilitó la zona de la panza y la pelvis como un área posible de mostrar”, sintetiza el especialista.

Verano 2019. Del 2010 en adelante, el avance del bikini tuvo sobre todo que ver con las mejoras técnicas que fue incorporando, con materiales que permitieron un movimiento aún más libre para una mujer activa. “De hecho, se están animando a jugar más con el bikini como una prenda de moda, que excede los modelos solo pensados para tomar sol, como el triangulito. Hay espaldas con tiras, cruzadas, y este año sobre todo mucho traje de baño entero”, ilustra Noel Bressi, fundadora de la marca Ranji. En su colección, además, la evolución tiene que ver con la tecnología incorporada, ya que sus productos son de lycra brasilera con factor UV50 y biodegradables.

Otra novedad es la inclusión. “Buscamos diseñar trajes de baño que se adapten a distintos tipos de cuerpo. Hoy la seducción pasa más por la actitud que por la prenda que se lleve, así que para nosotras es fundamental que las mujeres se sientan cómodas para lucir elegantes y seductoras”, ilustran Natalia Bellido y Natalia Riasol, dueñas y socias en la marca Las Natalias. En una de las prendas que más inseguridades, es buena noticia que haya opciones con estilo para la realidad de cada cuerpo.

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Aunque parece siempre el mismo, el bikini sufre transformaciones a lo largo del tiempo. Las chicas que mejor lo mostraron: Adriana Brodsky, Araceli González, Pampita, Guillermina Valdes. Ab., la mítica Esther Williams.

¿Y qué se verá este verano? El universo de los 80 volverá con brillos metalizados, modelos de un hombro, colores saturados, ácidos y flúo. “La diferencia es que son mucho más sexies, y con mejores materiales. También subió el corte de la pierna, y las bombachas están más montadas a la cadera”, describe el asesor de moda Fabián Medina Flores, que coincide en que el traje de baño entero será otra vedette. El tiro bajo, por suerte, puede considerarse historia. “Todas las que hicieron ejercicio y comieron bien van a poder lucirse”, entusiasma el especialista.