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Noticias Uruguay / 4 de marzo de 2019

¿Ganar para qué?

De cara a las elecciones hay tres escenarios posibles y cualquiera de ellos augura un futuro con horizonte oscuro. Pero hay una esperanza: un liderazgo fuerte surgido de la oposición.

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ESCENARIOS. Son tres, y cualquiera de ellos augura un futuro con horizonte oscuro, con alguna esperanza: un liderazgo fuerte surgido de la oposición. //Hogue

Va a ser una campaña sucia. Está confirmado: todos prometen ser respetuosos y elevar el nivel del debate. El PIT-CNT, gremial polifuncional cuyos dirigentes entienden de todo, se opondrá a la iniciativa sobre seguridad pública impulsada por el senador Jorge Larrañaga. También se opondrá el Frente Amplio, que es lo mismo. El presidente de la gremial, Fernando Pereira, muy correctamente anticipó que harán una “campaña de ideas” y que “no van a colocar (a Larrañaga) en una posición reaccionaria”. Muy correcto. Es como decir que solo vamos a debatir sobre propuestas, sin referirnos a los negociados con Venezuela y todo lo que han robado durante estos 15 años. Una cosa así. En eso hay que reconocerle a la ministra de Educación y Cultura, María Julia Muñoz —“Marita” de aquí en adelante— que no anda con medias vueltas. De entrada salió a ensuciar la cancha: a babosear, digamos vulgarmente. Marita cada tanto hace y dice cosas como para que le pidan la renuncia, de inmediato. Pero no pasa nada, es una especie de 007 con licencia para todo. Hay quienes aseguran que lo que ella dice es lo que el presidente Vázquez querría decir y no debe decir, aunque a veces no se aguante, como en el caso de la deuda del colono o el contrato con la encuestadora, por recordar dos de las más recientes. A gatas se aguantó el otro día en Durazno cuando “Maritas” del otro lado le gritaron “coimero” y “vende patria”. Marita es como el “otro yo del Dr. Vázquez”. Por ahí va el tono de la campaña.

Va a estar picadito. En las canchas chicas y en la cancha grande. Quizás la interna del FA es la que promete más; por ahora lo más notorio son varias cáscaras de banana para el intendente Martínez. Y éste se está calentando. Entre los colorados, Talvi apuntó a Sanguinetti y el “sanguinettismo”(?). Entre los blancos hay una especie de “stand by” hasta que todos los zapallos se acomoden en el carro, que tendrán que empezar a acomodarse. El premio es interesante, en principio, y sabido es que el camino al poder es muy resbaladizo. No obstante ello y visto la mayoría de los pronósticos para el año próximo no se entiende mucho ese afán por hacerse cargo del país. Todos dicen que la situación empeorará y eso sin tener una real idea de cuál será el aporte de este año electoral. La cosa promete ser peor. Los uruguayos deberían aprontarse. Se vienen épocas más duras. Astori está llegando a la orilla. Lo ha manejado bien, no para el futuro y el bienestar de los ciudadanos, pero sí a los fines de su grupo político y de la doctrina que lo rige. Es imperdonable que haya malgastado la mejor oportunidad que se le ha presentado al país, por lo menos en las últimas seis o siete décadas. La cuestión es que cualquiera de los tres eventuales escenarios para el próximo gobierno muestran pocas, muy pocas cosas buenas, a saber:

Uno, que gane el FA con mayoría parlamentaria, como hasta ahora. Poco probable. Si se da, será la hora de la verdad, se les acaba la suerte. A prepararse, porque será el momento de la “profundización” del socialismo. Algo así como el Socialismo del Siglo XXI que aplicó Chávez. No conciben otra cosa. No sabrían qué hacer fuera de la receta. Saldrán a rascar por todos lados para tratar de mantener –por muy poco tiempo más— ese reparto al que llaman redistribución y políticas sociales que hasta ahora les han venido muy bien electoralmente. Pero hay poco para rascar. ¿Seguirá el PIT-CNT ocupando fábricas y locales de empresas que se van del país, como consecuencia, precisamente, de la política laboral de este gobierno del cual la central es parte y uno de sus instrumentos más poderosos? No servirá para nada.

Todos huyen. El país —sindicalistas mediante— se ha vuelto un lugar muy hostil para inversionistas en serio. Salvo para casos privilegiados como el de UPM, a la que se le asegura que no habrá huelgas ni piquetes ni ocupaciones. Y que no digan Vázquez y Astori que eso es igual para todos.

No es así. Ellos saben que no es así y además nadie se los cree. El león solo es mansito con UPM; es extraño, sobre todo con una multinacional capitalista, que explota productos primarios, que contamina y que sin ningún tapujo impone condiciones de todo tipo que ni la United Fruit en sus mejores tiempos. Llama la atención, ¿no? y más, tratándose de los campeones del antiimperialismo. Y que se prepare el campo, que por ahí, según piensan e imaginan, hay mucho para cortar. Murro ya lo viene anunciando. El impuesto al patrimonio –las rentas cada vez van a ser menos— se ensañará hasta con la casita del último jubilado.

Hay quienes dicen que es lo mejor que puede ocurrir. Que se hundan ellos mismos. Que la gente se dé cuenta. Que no pase lo de Argentina en que Macri está peludeando y Cristina Kirchner se pavonea luciendo sus joyas y modelitos y con chances de volver. Nadie desea llegar a lo de Venezuela, pero muchos entienden que es preciso llegar a ello para acabar de raíz con el problema y para iniciar una recuperación en serio. Un poco la tesis de que lo peor es lo mejor.

Una perspectiva dialéctica nada aventurada, que para el FA está en la esencia de su filosofía. Primero llegar al poder intentando todas las vías, como se ha visto, y después recurriendo a cualquier vía para no entregarlo.

Lo peor va a ser muy duro.

Dos, quizás el más probable, gana el Frente pero sin mayoría parlamentaria. Puede ser un caos. La situación del país es la misma, pero cambia el esquema político y de gobierno. En el FA estarán los partidarios de la “profundización”, cercanos los Comunistas y el PIT-CNT y el MPP, afirmados en no perder el poder sea como sea, y los más realistas que deberían aliarse con la oposición mayoritaria en búsqueda de, para empezar, los paliativos. Respecto a la oposición, a su vez, es iluso pensar en un bloque. No lo es el Partido Nacional ni lo es el Colorado. Ni el Partido Independiente con su nueva Alianza. Aún pensando en que se apearan de cualquier interés particular, tampoco constituyen un bloque en cuanto a cuál debe ser la salida. Tienen visiones diferentes. Honestamente, están obligados a defenderlas y muchos, hay que admitirlo, están más cercanos a la línea astorista que a ninguna otra. Piensan que hay que salir a rascar y que algo queda a esos efectos. La más probable puede ser la peor, entonces.

Tres, que gane la oposición con el FA como la minoría mayor. Por un lado el FA —otra vez en bloque, cómodo en su tarea destructora con arietes como el PIT-CNT dedicándose de lleno a la agitación social. Los casi 300 mil funcionarios respaldando a COFE para que les defienda la suya. Y entre ellos, los más de 70 mil que colocó el FA —el ejército, según Sendic— que no son o no se sienten funcionarios del Estado, sino del Frente. “No tienen conciencia de Estado”, según Mujica. Más los jubilados, a quien se les acaba la fiesta, tratando de hacer oír su ahora leve voz entre las protestas, que las va a haber, de quienes no podrán evitar ser buena parte del rascado. Por el otro, el partido ganador más sus socios de balotage, para enfrentar al bloque opositor, conformado por el FA (con la eventualidad de que crezca).

Aunque se dice que la imaginación es la loca de la casa se hace difícil imaginar un “bloque”’ dispuesto a la vez a trancar a pie firme al FA y concretar un paquete de medidas para enfrentar la situación difícil en que se encontrará el país.

Puede ser. Lacalle, Larrañaga, Sanguinetti, Talvi, Mieres, Novick, Antía, Alonso, Amorín, Valenti, Amado y algunos más, y hay que considerarlos a todos, porque cada voto cuenta. Este “bloque” no se vislumbra claro. Puede que se pongan a la altura de las circunstancias. ¿Por qué no?

De todas maneras, la mayor esperanza no pasaría por ahí. La alternativa es que en este tercer escenario, tras la elección y con el empuje del balotage surja un liderazgo fuerte, muy fuerte, que conduzca el nuevo gobierno y que convenza a la población de que se va hacia la catástrofe y que hay que cambiar, acabar con los corruptos, achicar en serio el Estado –muchos, muchos menos funcionarios—, ubicar al PIT-CNT en sus legítimas, estrictas y específicas funciones gremiales y trancar fuerte, con pie muy firme, al FA.

Esa puede ser una sorpresa. De todas maneras, para estas internas no estaría de más advertir que más que pelearse entre sí, importa convencer a los votantes de que se tiene la estatura y la decisión que los tiempos reclaman y que se poseen las capacidades y convicciones necesarias y bien puestas para asumir la tarea y el desafío en juego.

*PERIODISTA. Exdirector de Búsqueda y galería. Expresidente de la Sociedad Interamericana de Prensa (SIP). Su columna quincenal sobre temas internacionales se publica en 16 medios de América.