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Mundo / 26 de abril de 2019

Notre Dame después del incendio: qué se salvó y qué no

Medio día tardaron los bomberos en apagar el fuego de lo que se consideró el desastre cultural de la década. El día después.

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El 15 de abril a las 18:43 comenzó un feroz incendio que tendría en vilo durante horas al mundo entero. Uno de los símbolos religiosos de la cultura occidental, maravilla arquitectónica de la humanidad, la catedral Notre-Dame de Paris, ardía salvajemente.

Medio día tardaron los bomberos en apagar el fuego y algunas horas después, mientras en Francia comenzaba la que -con seguridad- será la colecta más cuantiosa del mundo (en poco tiempo ya se habían reunido cerca de 500 millones de euros para la restauración del templo), todavía eran muchos los interrogantes sobre el grado de destrucción que dejaron las llamas.

El techo de la catedral, con su valiosa estructura interior de madera de más de 10 siglos de antigüedad, colapsó a la altura del crucero, esa zona de las iglesias donde se intersectan la planta principal con el transepto, una nave más pequeña y perpendicular.

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Según los especialistas que recorrieron el día después la iglesia, todavía falta saber cómo sobrevivirá la estructura general de la catedral al desastre. Dispuesto a dejar atrás la tragedia, Emmanuel Macron prometió reconstruir el monumento en cinco años.

Los 14 millones de turistas que anualmente visitan la capital francesa y sus principales atractivos, deberán conformarse con fotografiar Notre-Dame por fuera, porque la fachada principal (aquella desde la cual tañía las campanas Quasimodo, el jorobado de la novela de Víctor Hugo) ha resultado ilesa. También sus famosas reliquias y muchas de sus obras de arte.

Mientras el mundo apenas se repone del shock, París ya está en marcha para recuperar a su más brillante estrella.

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Control del daño. Al mismo tiempo que los franceses comenzaban a dirimir cómo se reglamentaría el sistema de donaciones propuesto por el presidente y de qué forma se instrumentaría el concurso para restaurar la catedral, los días siguientes los bomberos seguían revisando la estructura para constatar que no existieran nuevos focos posibles de incendio.

Ese repaso general del edificio incluyó también un primer acercamiento de los especialistas para intentar calcular los alcances de la catástrofe.

El antiguo arquitecto en jefe de la catedral, Benjamin Mouton, declaró que la reconstrucción de Notre-Dame debía ser un ejercicio de humildad y cultura. Porque ahora el debate que comienza es el que recorre cada restauración de una obra arquitectónica histórica. ¿Deben los trabajos de reconstrucción devolver al edificio al estado en que estaba originalmente o por el contrario, la nueva intervención tiene que dejar la huella de los tiempos en que fue hecha?

La catedral comenzó a edificarse en 1163 y en 1345 se terminó su construcción. Durante la Revolución Francesa sufrió graves daños y en el 1800 tuvo su mayor proceso de restauración, en manos del arquitecto Eugène Viollet-Le-Duc quien, entre otras cosas, agregó la torre que se derrumbó el pasado 15 de abril.

Justamente Benjamin Mouton reflexionaba sobre el hecho de que el edificio actual era el resultado de cientos de años y de intervenciones sobre la materia original de la iglesia. Sobre ella cada época dejó su testimonio y en ella convivieron siglos y estilos en armonía. ¿Por qué nuestra era no podría dejar su huella en la historia de esta simbólica catedral?

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Religión. Por suerte, que algunos símbolos esenciales del templo sobrevivieron a la catástrofe: los vitrales famosos de las fachadas, llamados “rosetones”; las campanas que dan las horas en sus torres y hasta las reliquias sagradas para la cristiandad: la corona de espinas de Cristo preservada entre hilos de oro.

Y un milagro: el gallo que coronaba la torre derrumbada y que contenía una de las espinas de esa misma corona de Cristo, fue hallado entre los escombros, salvado milagrosamente del calor destructor del fuego. Todo un buen augurio.