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En la mira de NOTICIAS / 3 de mayo de 2019

Máximo Kirchner también empieza a hablar “sinceramente”

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Maximo Kirchner
Máximo Kirchner. Imagen de archivo.

En un remolino de abdicaciones a la coherencia ética e ideológica, Máximo Kirchner, el hijo de la expresidenta y el expresidente, lideró ayer un acto en la UBA, en compañía de figuras como Pino Solanas y Victoria Donda, quienes enfundaron sus diferencias con la “década ganada” hasta sus próximas reencarnaciones. Allí el heredero K comenzó a explayarse sobre el plan de volver que su madre echó a rodar hace unos días con la publicación de “Sinceramente”, virtual plataforma electoral de la campaña 2019.

Profundizando el libreto planteado elípticamente por Cristina en sus memorias, Máximo sinceró la postura de La Cámpora respecto del FMI, aclarando con cierta ambigüedad que el Fondo tendría que “esperar” antes de renegociar su acuerdo con la Argentina, en caso de que el kirchnerismo regresara al gobierno. Aunque sus palabras no llevan tranquilidad a los mercados de los que dependen los bonos argentinos y por consecuencia el riesgo país, queda la puerta abierta para que los analistas financieros decidan si el hijo expresidencial representa más el plan económico K para 2020 que las más amigables promesas que Axel Kicillof pronuncia en inglés frente a enviados de Wall Street y Washington. En este juego de pinzas, acaso podría adivinarse que al hijo le tocó la parte demagógica del relato proselitista, y al ahijado la versión pragmática.

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El otro sinceramiento lanzado por Máximo conviene tomarlo más en serio, aunque parezca menos urgente y concreto. El dueño de La Cámpora también prometió cerrar el “ministerio de la venganza” del gobierno macrista, usando una metáfora de la usina K que genéricamente denuncia el gorilismo de “la alianza Cambiemos”, como la llama Cristina en su libro, con insistente malicia. Pero detrás de ese significado amplio del “ministerio de la venganza”, se esconde –aunque no tanto- el sentido puntual y específico de esa figura citada por Máximo en su arenga del jueves 2.

Por ministerio de la venganza cabe entender ministerio de Justicia, considerando el contexto de la discusión más amplia que viene planteando el kirchnerismo y sus derivaciones intelectuales. Casi al mismo tiempo que Máximo, el escritor Mempo Giardinelli planteó, entrevistado por C5N, la conveniencia de eliminar el Poder Judicial, como una de las medidas clave del manifiesto filo K elaborado por él y un grupo de pensadores que rescatan la gestión anterior.

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Y aquí se bifurcan nuevamente –como en el caso de la postura ante el FMI- los “sinceramientos” del pensamiento kirchnerista. La propuesta de Mempo Giardinelli, por polémica que pueda sonar, se encuadra al menos en el consenso generalizado de que la administración de justicia en la Argentina huele a podrido, más allá de que los Kirchner hayan contribuido muy activamente a esa degradación. También resuena en las palabras del escritor y el grupo al que representa, la noción histórica de que toda revolución requiere una reformulación radical –y en ocasiones violenta- de la Justicia, tanto en lo formal como en lo doctrinario. Lo mismo sucede con las Restauraciones, que a juzgar por los nostálgicos postulados de El Manifiesto Argentino citado por Mempo, de eso se trataría la vuelta de Cristina en 2020. Pero ese debate es demasiado intelectual para los intereses urgentes del clan Kirchner y sus satélites enriquecidos.

La revolución popular del kirchnerismo en los tribunales tiene un objetivo de corto plazo muy evidente, más allá de las teorizaciones de Justicia Legítima y otros colectivos del Derecho nac&pop. Se trata de dinamitar Comodoro Py para forzar una amnistía general que vuelva a cero tanta causa –las fundadas y las amañadas, todas molestan- que tiene en jaque a Cristina y familia. En eso consistió el principal sinceramiento de Máximo, acompañado por denuncias –ciertas e inciertas- de periodistas y juristas amigos, que militan para embarrar la cancha judicial en pleno año electoral. Una cancha que ya está demasiado embarrada con la complicidad de peronistas y antiperonistas, lo cual también queda en la columna del “Debe” en el balance de gestión de Cambiemos. Y no queda claro que el voto 2019, cualquiera sea, sirva para limpiar semejante chanchada compartida.

*Editor ejecutivo de NOTICIAS.