Menú
Economía / 5 de septiembre de 2019

Semana turbulenta con default de fondo

Historias secretas de cómo Alberto Fernández se peleó con el FMI y el Gobierno, y del posterior impago de las letras de corto plazo.

Por

La palabra default causa escozor. En 2014, el gobierno kirchnerista negaba por todos lados que hubiese caída en suspensión de pagos cuando el juez neoyorquino Thomas Griesa le bloqueó el giro a los bonistas hasta que saldara el juicio con los fondos buitre, pero las agencias de riesgo crediticio calificaron el incidente como default técnico. Ahora los macristas como el candidato a vicepresidente Miguel Ángel Pichetto niegan que el canje forzoso de letras de corto plazo como Letes y Lecap implique un default, pero empresarios, economistas de bancos, consultoras, agencias bursátiles y de la oposición sostienen que se trata de un default selectivo, ceñido a esos determinados bonos y que solo falta que Moody’s, Fitch y S&P lo certifiquen.

¿Acaso se cumplieron las teorías conspirativas de que Alberto Fernández, a sabiendas de que el mercado daba por descontado un default, prendió la mecha para que la bomba le explotara en la manos a Mauricio Macri? En el Ministerio de Hacienda, que dirige Hernán Lacunza, sostienen que el duro comunicado de Fernández contra el FMI tras reunirse con sus enviados el 26 de agosto “claramente rompió el circuito de moderación y estabilidad que se había planteado durante las dos semanas posteriores a las primarias”.

Diversos personeros del Frente de Todos niegan esa intención y alertan que fue Macri quien rompió la moderación con la marcha “republicana” a Plaza de Mayo del 24 de agosto. Explican que el discurso contra la receta del Fondo, que había sido una constante en toda la campaña, se robusteció el 26, responsabilizándolo de la profundización de la crisis, por diversos motivos. En las horas previas al encuentro de Fernández y su equipo -Santiago Cafiero, Guillermo Nielsen, Matías Kulfas y Cecilia Todesca Bocco- con el FMI, desde el Gobierno los presionaron para que respaldaran el programa económico y las gestiones para que el organismo envíe el 15 de septiembre el desembolso previsto del crédito por 5.400 millones de dólares.

El Fondo no había enviado una misión de revisión de las metas previa al giro de esa plata sino una de evaluación de la situación política posterior a las PASO. De ahí que no solo viniera el encargado del caso argentino, Roberto Cardarelli, sino su jefe, Alejandro Werner, director del Departamento del Hemisferio Occidental. Y, según asesores de Fernández, llegaron con el mensaje para Macri y el ganador de los comicios de que mandaría el dinero si había un compromiso de continuidad del acuerdo vigente.

“Quisieron hacernos el abrazo del oso”, comentan en el albertismo y a eso atribuyen el comunicado visceral de su jefe, similar al tenor de cuando dedicaba su tiempo a responder a los críticos en Twitter. “Pero además tenía que generar ‘leverage’ (apalancamiento) para la futura negociación con el Fondo. Cuando el FMI te venga a decir que hagas esto o que no podés hacer lo otro, vos vas a poder recordarle que ellos desde abril le financiaron la campaña a Macri y la fuga de capitales, le dejaron congelar las tarifas”, agregan.

En el Frente de Todos niegan también que le hayan pedido al FMI que suspendiera el envío de los 5.400 millones. “No es responsabilidad nuestra. La cosa no se va a la mierda por esa guita ni por el comunicado sino que los inversores toman las decisiones mirando los números del país y algunos, después del comunicado, se dieron cuenta de que Alberto no iba a convalidar el programa y que entonces el FMI no iba a mandar la plata”, razonan.

Algunos analistas entiendieron que, ante el previsible retraso o incluso suspensión del giro del Fondo, Lacunza anunció el canje forzoso de letras de corto plazo, además del proyecto de ley de refinanciación de los títulos de largo plazo y el inicio de un diálogo con el organismo para postergar también la devolución de lo que se le debe. Sin embargo, el ministro confía en que el dinero llegará.
Lacunza dixit. “Además de haber cumplido estrictamente con todas las metas fiscales y monetarias del acuerdo con el FMI (en el segundo trimestre de 2019) para dar continuidad al acuerdo vigente (llámese, el desembolso de septiembre), hemos propuesto a ese organismo iniciar el diálogo, que inexorablemente deberá concluir en el próximo mandato, para reperfilar los vencimientos de deuda”, dijo Lacunza en rueda de prensa. Pero analistas de bancos y consultoras advierten que, pese al cumplimiento del segundo trimestre, el cambio brusco de las condiciones económicas tras las PASO puede derivar en la anulación del envío de fondos del FMI. Ya el Fondo está demasiado expuesto a la Argentina, en la que colocó la mitad de sus préstamos.

En el Frente de Todos se preguntan por qué el Gobierno prefirió incumplir el pago de letras para preservar las reservas del Banco Central en lugar de restringir que los fondos especulativos y los dueños de las grandes fortunas compren más de uno o dos millones de dólares diarios, u obligar a que los exportadores liquiden sus divisas. Pichetto admitió que los controles de capitales estaban en estudio, pero se desestimaron. En la discusión participó el ex presidente del Central Luis “Toto” Caputo, además de su sucesor, Guido Sandleris.

En el Frente de Todos se vuelcan, a su vez, opiniones diversas. Desde Nielsen y Emmanuel Álvarez Agis, consultores con clientes en el mundo financiero, hasta los más académicos Kulfas y Todesca Bocco, desde un tapado como Miguel Peirano, de relación con el mundo industrial, hasta Martín Redrado, de excelente relación con tres empresarios cercanos a Fernández: Hugo Sigman (del negocio de los laboratorios, enfrentado al ex dueño de Farmacity y ex vicejefe de Gabinete macrista Mario Quintana), José Luis Manzano y Cristóbal López (ambos del universo de los medios de comunicación), según cuentan en los pasillos de la fuerza ganadora de las PASO. Claro que Redrado aún enfrenta el rencor de Cristina Kirchner, que lo recuerda como perito de la causa dólar futuro que instruyó el juez Claudio Bonadio. También ha comenzado a terciar Carlos Heller, presidente del Banco Credicoop. Nombres que suenan para enfrentar la tempestad.