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Cultura / 18 de septiembre de 2019

La obra perdida de Stravinsky

El domingo 22 en el CCK la Orquesta Estable del Teatro Argentino de La Plata estrena “Canto fúnebre”, del gran compositor ruso. Martín Bauer escribe sobre el acontecimiento.

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¿Hace cuánto que no tenemos en la Argentina la posibilidad de asistir a un estreno de Stravinsky?

Desde aquella legendaria primera función de la “Consagración de la Primavera” en París , en 1913, la palabra “estreno” tiene una asociación muy singular con “Stravinsky” . Para los argentinos, adicionalmente, por los relatos de Victoria Ocampo, afortunada testigo de esa noche.

Cada tanto se vuelve a esa noche mítica. Quizás por la fascinación que producen los escándalos estéticos o quizás, porque siempre existe también la ilusión de asistir a una noche importante como esa.

El estreno hiper póstumo de la obra “Canto Fúnebre” compuesta por Igor Stravinsky en 1908 y estrenada en Enero de 1909 en homenaje Rimsky Korsakov, es sin dudas más modesto, pero aún así, despierta en nosotros una enorme curiosidad, aunque ésta adquiera una nueva forma. Ya no se trata de la expectativa o la sorpresa ante la irrupción de una obra radicalmente nueva, sino de algo quizás aún mejor: la posibilidad de viajar en el tiempo para observar si lo que fue, ya era.

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¿De qué se trataba la música de Stravinsky antes de las obras iniciales más conocidas? Ni él se acordaba. Nunca volvió a escuchar su “Canto Fúnebre” después del estreno. Pasaron casi 108 años cuando la obra volvió a tocarse por segunda vez en el Teatro Marinsky de San Petesburgo, en Diciembre del 2016.

Fue justamente en el Teatro Marinsky donde Stravinsky asistió al funeral de su amado Tchaikovsky . Recordaba imprecisamente la entrada del teatro cubierta de luto. La evocación de aquella noche volvía cada tanto a su mente.

Cuenta Morton Feldman que estaba componiendo su célebre requiem “Rotkho Chapell” cuando se enteró de la muerte de Stravinsky. A él le dedica la melodía de la viola en el 4to movimiento de la pieza. Esta coincidencia incluye otra: que la obra para viola sola compuesta por Stravinsky en 1944 se llamara “Elegía”.

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¿De qué nos estaremos despidiendo? La muerte inspira. Inspira porque aterra. Rimsky Korsakov, profesor, mentor, casi un padre para Stravinsky era el gran rival de Tchaikovski. Probablemente Rimsky se haya ausentado del funeral de su colega. Ésta rivalidad, empujó al joven Igor a que su amor por la música de Tchaikovsky fuera secreto. Se sentía mucho más cerca de la sensualidad y la espiritualidad de Piotr que de la racionalidad inclaudicable de Rimsky. Probablemente fue aquella lejanía estética el mejor estímulo para el aprendizaje.

Igor le agradecía a Rimsky, la moderación en los elogios , y sobre todo, la prudencia en el uso de la palabra “talento”. (Aunque fuera claro que Rimsky sabía perfectamente a quién tenía de alumno.)La idea de un “Canto Fúnebre” con toda la carga religiosa que naturalmente tiene, quizás haya sido la mejor manera que encontró el alumno para saldar cuentas con el rigor y la racionalidad del maestro.

¿De qué se estaría despidiendo Stravinski? Libre de la tenaz oposición de su maestro a las novedades musicales que llegaban de Francia o Alemania, empezó una nueva etapa musical.

Stravinsky se refiere al día de la muerte de Rimsky, como uno de los días más tristes de su vida. El “Canto Fúnebre” se estrenó unos meses después de la muerte de Rimsky. Stravinsky lo recordaba como la mejor de sus obras previas al “Pájaro de Fuego”. Siempre supuso que la partitura probablemente estuviera perdida en algún rincón del Conservatorio de San Petesburgo, y así fue.
Debido a la mudanza de la biblioteca del Conservatorio por entonces en refacciones, en el año 2015 aparecieron inesperadamente las partituras orquestales .

La relación de Stravinsky con la Argentina es conocida. Su música fue apasionadamente difundida por Victoria Ocampo y el director de orquesta suizo Ernest Ansermet. Visitó por primera vez nuestro país para dirigir el estreno de “Persephone”, en el Teatro Colón en 1936 y luego volvió en 1962, invitado por el Mozarteum.

Bien podríamos decir el próximo 22 de Septiembre nos visita nuevamente. No fue ésta la única obra perdida en la historia de la música. Prokofiev tuvo que reconstruir completamente la partitura de su Concierto para Piano nº 2. En un momento de extrema necesidad, tuvo que arrojar el original al fuego para hacerse una tortilla. La Sinfonía nº 1 que Rachmaninov compuso en 1897, estuvo perdida hasta mediados de la década del 40’.

La excentricidad de los compositores rusos, adquiere la forma más insospechada. Me gusta pensar que estas pérdidas y encuentros inesperados o fortuitos, generan la misma perplejidad que perseguía John Cage con el uso del azar para componer su música.

Lo que se dice un aire de familia.