Entre ladrillos centenarios, columnas de hierro y viejas huellas de Alpargatas, el Palacio Molina vuelve a respirar. El sur de la Ciudad de Buenos Aires recobra su pulso creativo a través de la edición número 42 de Casa FOA, que desembarca en el barrio de Barracas. Aquella histórica Sede 1 de la Fábrica Argentina de Alpargatas —construida en 1885 sobre la avenida Regimiento de Patricios— se transforma en un laboratorio vivo de 5.700 metros cuadrados intervenidos por más de 40 propuestas.

El concepto elegido es "Alquimia": la transmutación de la materia prima en algo precioso sin borrar su esencia. Para un público iniciado que respira diseño y busca estar constantemente “aggiornado”, la muestra no propone esconder el pasado fabril debajo de una escenografía efímera. La lección de arquitectura está en el diálogo quirúrgico entre dos épocas. Las vigas recuperadas, las aberturas centenarias, los techos machimbrados de más de cuatro metros de altura y la rusticidad del hormigón crudo se convierten en el sostén físico sobre el que despliegan su magia la tecnología, las líneas orgánicas y el interiorismo más sofisticado.
El lujo contemporáneo ya no pasa por la ostentación plana ni por la uniformidad estancada, sino por la capacidad del espacio para cobijar, reunir y despertar los sentidos.

Tonos íntimos
Dentro de esta narrativa, el color adquiere un rol estructurante que va mucho más allá de la simple terminación de una pared. Ya no decora: construye atmósferas, altera la percepción de las dimensiones y modula la temperatura emocional de los ambientes. La especialista Virginia Domínguez lo sintetiza desde la visión cromática que guía esta edición: la elección de tonos como Piedra Diáfana —consagrado como la gran tendencia de color 2027— surge de una investigación profunda sobre las demandas del ritmo de vida actual. Se trata de un verde claro, suave, versátil y ligeramente plateado que funciona como un lienzo neutro, capaz de mutar entre destellos fríos o cálidos según la incidencia de la luz, conectando los interiores con un oasis de calma y respiración biofílica. Esta tendencia no se agota en una paleta única, sino que explora tonalidades capaces de acompañar distintos estados de ánimo. Los verdes calmos conviven con tierras, ocres, borra de vino (o borravino), tonos arcillosos y el expresivo Azul Mediterráneo o Azul de Bohemia, multiplicando su impacto visual gracias a la búsqueda táctil que domina la temporada.

La pared lisa deja de ser la norma para convertirse en materia. Triunfan las superficies tridimensionales: estucados símil mármol, terminaciones aterciopeladas con acabados tipo Velvet o Nuage, revoques estriados y revestimientos acanalados que reaccionan ante el movimiento del sol. En el espacio Wellness (Espacio 14) de Inés Muzzio, los tonos envolventes como el cálido Guirnalda en acabado satinado se combinan con la textura original del edificio, demostrando cómo el bienestar se consolida como un eje central del diseño doméstico. En el Espacio 12, ideado para Estudio Fontenla, se articula la memoria industrial de 1885 con una vivencia contemporánea. A través de una envolvente cinta en tono Azul Mediterráneo y mobiliario en petiribí, el diseño suave y curvo suaviza las alturas y arcos del Palacio Molina. La propuesta integra living, comedor, cocina y suite en una secuencia cálida.
Redefinición del espacio social
Del mismo modo, la arquitectura actual renuncia a las geometrías rígidas y a las aristas duras para abrazar la curva como el verdadero lenguaje del confort. La redondez aparece en sofás, mesas, arcadas, revestimientos y biombos como un simbolismo visual de contención. La integración social de la cocina abierta es una de las grandes pautas de la muestra: cocinar, conversar, trabajar o compartir una copa ahora ocurren dentro del mismo territorio.
La nueva tendencia sugiere dividir sin clausurar, utilizando textiles como potentes herramientas arquitectónicas capaces de filtrar la luz y generar intimidad. Lo ejemplifica el Bar y Cava (Espacio 4) de Mariana González Clement o el Estudio de Arquitectura (Espacio 10).

Esculturas lumínicas
La iluminación deja de ser un detalle técnico secundario o el último toque de la obra para convertirse en un integrante vivo del proyecto y en una obra de arte en sí misma. Como destaca la arquitecta Catalina Ulloa, coordinadora de la muestra, la luz interactúa con la materia como una presencia activa. Las arañas de diseño se conciben como esculturas flotantes, las luces rasantes dibujan ritmos sobre la rusticidad del ladrillo o los revestimientos textiles, y los efectos indirectos permiten transformar un mismo ambiente según la hora del día. Esta búsqueda de diseño integral se refleja también en la cafetería y Lounge Bar (Espacio 16) de Id.US by Proyeco, donde una lámpara escultórica que recorre todo el espacio.

Apoteosis del coleccionismo
El arte, asimismo, abandona el rol de mero adorno para articular la espacialidad. Se entrelaza con el mobiliario, determina las paletas cromáticas o funciona como el punto de partida conceptual. Esta presencia artística alimenta otra de las grandes corrientes que se consolidan en esta edición: el regreso del vintage, la sofisticación del eclecticismo y la apoteosis del coleccionismo. La casa contemporánea ya no busca la homogeneidad de un catálogo recién comprado; prefiere dialogar con la memoria, los recuerdos heredados y los hallazgos personales. En el Espacio de Encuentro (Espacio 5) de Hugo Di Marco luces acogedoras invitan a la interacción. Esta visión se vuelve más rotunda en El Garage del Coleccionista (Espacio 38), que incorpora la ingeniería de alta gama de Ferrari Club Argentina en diálogo con maquetas, objetos de culto y memorias de viaje. Mientras tanto, en la "Casa de Influencers" (Espacio 23), Ramiro Arzuaga y la arquitecta Verónica Biscaysaqu llevan el eclecticismo hacia una puesta teatral y maximalista: el Azul de Bohemia envuelve terciopelos, mármoles, molduras y retratos en un “más es más”.

Versatilidad contemporánea
Hacia el exterior, la propuesta de Paisajismo (Espacio 8) concebida por Tomás Nadares —distinguida con el Premio al Mejor Espacio de Exterior— demuestra cómo los jardines se desprenden de las composiciones simétricas y rígidas. El diseño al aire libre funciona como una continuación viva de los interiores. En el centro del pulmón del Palacio Molina, la inmensa instalación del artista César Lago, “Todo lo que respira se mueve” (curada por Vic Tolomei), atraviesa el edificio con su estructura inflable celeste que entra y sale por las antiguas ventanas y el conducto del ascensor. Es la metáfora perfecta de esta edición: devolverle la respiración a una estructura centenaria sin borrar sus cicatrices.
Este año Casa FOA demuestra que la verdadera vanguardia no consiste en empezar de cero, sino en dominar el arte de la alquimia: saber transformar el pasado para redactar las nuevas formas de habitar.


















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