Hace tan solo 3 años celebrábamos con alegría los 40 años ininterrumpidos de democracia. Ahora nos convoca un aniversario mucho más oscuro: los 50 años desde el del golpe militar de 1976, el último de una larga historia de intervenciones durante el siglo XX, en los procesos democráticos de la Argentina.
El golpe de Estado que encabezaron Jorge Rafael Videla, Emilio Eduardo Massera y Orlando Ramón Agosti tuvo características diferenciales respecto de las tomas del poder anteriores. Como bien lo explica la historiadora Gabriela Águila: “Fue una dictadura con rasgos singulares, en particular por las violaciones masivas a los derechos humanos cometidas por las Fuerzas Armadas y de seguridad, a través de un proceso de exterminio que recurrió a prácticas clandestinas y legales, que utilizó en forma amplia la desaparición de personas, la tortura, la apropiación de menores nacidos en cautiverio e innumerables delitos comunes”.

Águila es docente en la Universidad Nacional de Rosario, investigadora principal del CONICET y se dedica a estudiar este período del pasado argentino. También escribió “Historia de la última dictadura militar” (Siglo XXI) un volumen en el que recorre todas las instancias del gobierno de las Fuerzas Armadas entre 1976 y 1983: desde la represión ilegal hasta su programa económico, desde los apoyos civiles hasta la crisis con la guerra de Malvinas.
Junto a ella nos detuvimos en algunas cuestiones particulares en relación a la dictadura: las nuevas investigaciones sobre el gobierno militar, los momentos de ese período que más resuenan en el presente (como el plan de Martínez de Hoz que vuelve a discutirse en la actualidad) y los rastros del terror en la memoria de los argentinos.

Noticias: ¿Cuáles son los nuevos datos o cambios de perspectiva que se han incorporado a la comprensión del período de la dictadura en los últimos tiempos?
Gabriela Águila: En los últimos 15 o 20 años se ha producido una importante renovación de los estudios e interpretaciones acerca de la dictadura de 1976-1983, en el campo de la historiografía y las ciencias sociales. Contamos con estudios más minuciosos acerca del funcionamiento del régimen dictatorial y de los actores civiles y militares que conformaron los elencos gubernamentales, no solo en los niveles más altos de gobierno sino también en niveles más micro, así como respecto de los objetivos y estrategias que se diseñaron e implementaron en los ámbitos económicos, políticos, sociales o culturales. Se han multiplicado los análisis sobre la actuación y los posicionamientos respecto de la dictadura y sus políticas de parte de movimientos sociales (desde el movimiento obrero hasta el movimiento de derechos humanos), partidos y organizaciones políticas, de derecha a izquierda del espectro político-partidario, corporaciones empresarias y asociaciones intermedias. La violencia ejecutada por las Fuerzas Armadas y de seguridad sigue siendo un tema central, se han ampliado las investigaciones sobre los perpetradores de la represión (las Fuerzas Armadas, las policías), sobre el ejercicio de la represión legal y clandestina a escala local, sobre las víctimas y los efectos de la violencia en distintas temporalidades. Contamos con trabajos sobre distintas regiones, provincias y localidades del país, que han modificado una tendencia muy “porteño-céntrica” a la hora de abordar la historia nacional.

Noticias: ¿Cómo caracterizaría a la última dictadura en relación a las anteriores experiencias históricas de gobiernos militares?
Águila: La dictadura de 1976-1983 puede ser considerada un parteaguas, un punto de inflexión en la historia nacional, en primer lugar, porque fue la última vez que las Fuerzas Armadas intervinieron en la vida política nacional con un golpe de Estado. Cuando esa dictadura finalizó, en diciembre de 1983, las Fuerzas Armadas habían perdido no sólo su legitimidad política sino también el rol que habían desempeñado en el sistema político-institucional, cerrando el ciclo de alternancia entre civiles y militares que caracterizó al siglo XX argentino. Pero también es una dictadura que posee rasgos singulares, por sus objetivos, estrategias implementadas y resultados, en particular por las violaciones masivas a los derechos humanos cometidas por las Fuerzas Armadas. Ese despliegue represivo se conjugó con otros elementos: la ofensiva sobre los trabajadores y los sectores populares y sus organizaciones, una política económica que produjo cambios profundos en la estructura productiva industrial, además de afectar el salario y el empleo, el clima de autoritarismo, censura y restricciones a los derechos ciudadanos, resultando en un proceso global de características inéditas en la historia nacional por su profundidad y amplitud.

Noticias: Conocemos con bastante profundidad el alcance devastador de las estrategias represivas de la dictadura, pero se habla muy poco de lo que significó la vida cotidiana en este contexto. ¿Cómo convivía la gente común con la amenaza latente que representaba el gobierno?
Águila: Este es un aspecto que resulta difícil de reconstruir, porque solo poseemos indicios de lo que aconteció con la vida cotidiana, con los ciudadanos comunes y corrientes que vivieron el período, que en general dejaron pocos rastros de sus vivencias y experiencias en las fuentes documentales disponibles. La represión implementada por las Fuerzas Armadas y de seguridad fue amplia pero selectiva y se dirigió brutalmente hacia ciertos grupos y organizaciones a las que se sindicaba o definía como “subversivas”. Sin embargo, toda la sociedad fue afectada por el autoritarismo y restricción de los derechos ciudadanos, por las proscripciones políticas, la represión hacia los conflictos sociales y laborales, el disciplinamiento de las y los jóvenes en el ámbito educativo. Todo ello eliminó o logró desalentar las resistencias y críticas, al menos durante los primeros años, y a la vez tuvo efectos determinantes sobre los comportamientos sociales, extendiendo el temor y la apatía. Por otra parte, las Fuerzas Armadas y el gobierno militar llevaron adelante iniciativas y convocatorias dirigidas a la sociedad o a algunos sectores (por ejemplo, los jóvenes) que incluyeron tareas de acción cívica, operaciones de acción psicológica, campañas de propaganda o de difusión de información a través de distintos medios, que buscaban generar adhesión a sus políticas y estrategias. Y tampoco estuvieron ausentes otras actitudes que expresaron apoyos más o menos abiertos o conformidad hacia el gobierno militar y algunas de sus políticas de parte de sectores de la población, tal como fue particularmente evidente durante el Mundial de Fútbol de 1978 o en el contexto de la guerra de Malvinas, en 1982.

Noticias: En los últimos tiempos se ha recordado con insistencia el programa económico de Martínez de Hoz. ¿Cuánto influyó el fracaso de ese programa en el fin de la dictadura?
Águila: La política económica diseñada por Martínez de Hoz se basaba en transformar radicalmente el modelo económico vigente por otro centrado en la apertura irrestricta de la economía, el libre mercado y la preeminencia del sector financiero, para lo que contó con amplios apoyos en ámbitos económicos nacionales e internacionales. Estas políticas tuvieron consecuencias a corto, mediano y largo plazo y, entre otros aspectos, afectaron duramente a los asalariados y a ciertos sectores económicos –en particular, algunas ramas de la industria y otras actividades productivas en el interior del país-, lo que provocó quejas y críticas no sólo de las organizaciones sindicales, sino también de sectores de la política y corporaciones empresarias del agro y la industria que valoraban en forma positiva otras políticas del gobierno militar. Los cuestionamientos se plantearon tempranamente, ya en el curso del primer año de gobierno militar, y se profundizaron a medida que se hacían sentir los efectos del plan de Martínez de Hoz sobre la estructura socio-económica. Por su parte, hubo sectores dentro de las Fuerzas Armadas y el gobierno militar que también plantearon críticas, mostrando que la política económica fue una arena de disputas y tensiones, que mostraba que el gobierno militar no era monolítico, sino que estuvo atravesado por conflictos y fracturas internas. Para fines de 1980 y principios de 1981, cuando Martínez de Hoz dejó la cartera económica, los indicadores de crisis y deterioro de la economía eran muy evidentes y este elemento tuvo una importancia clave en el aumento de la conflictividad social y política, en los cuestionamientos al gobierno militar y en las demandas de cambios en la política económica y apertura constitucional.

Noticias: ¿Cómo fue cambiando el apoyo de la gente a lo largo del Proceso después de la importante adhesión inicial?
Águila: Me interesa plantear algunos matices en la respuesta a esta pregunta. Por una parte, el golpe de Estado y el gobierno militar contaron con un caudal significativo de apoyos sociales y políticos y esta fue la tónica dominante en los primeros años. Está ampliamente documentado el rol que tuvieron muchas corporaciones empresarias en la gestación del golpe, que contó además con la participación activa de sectores civiles provenientes de la derecha nacionalista católica y de grupos liberales, de las cúpulas empresarias y de la jerarquía de la Iglesia católica, así como recibió el acompañamiento de los grandes medios de comunicación y el “compás de espera” que le otorgaron los partidos políticos más importantes. Desde una mirada panorámica, lo que se advierte en los primeros años es que las expresiones de crítica y resistencia activa fueron muy limitadas, lo que debe atribuirse en gran parte a la represión y el terror imperante. Sin embargo, existieron y fueron protagonizadas por grupos minoritarios que se organizaron en torno a la denuncia por los crímenes cometidos por las Fuerzas Armadas y de seguridad y dieron origen al movimiento de derechos humanos. Hacia el año 1979 comenzaron a hacerse visibles indicios de que el consenso que había acompañado al golpe de Estado se estaba erosionando, sobre todo a partir de 1981 cuando se inicia una nueva fase de la dictadura con la asunción del general Viola. Entonces, se incrementaron los cuestionamientos al rumbo gubernamental provenientes desde diversos sectores sociales, políticos y sindicales, en lo que tuvo mucha incidencia el deterioro de la economía. El incremento de los conflictos sindicales y también de la actividad político-partidaria con el surgimiento de la Multipartidaria en julio de 1981 (que mostró que los partidos mayoritarios habían clausurado sus expectativas en negociar con el poder militar) dan cuenta de la emergencia de un nuevo clima político y social. Como bien se sabe, los cuestionamientos al gobierno militar se incrementaron luego de la derrota en la guerra contra Gran Bretaña en 1982, para adquirir modalidades más explícitas, activas y organizadas, que acompañaron la transición hacia las elecciones y el fin de la dictadura.

Noticias: ¿Cuál es rastro en la actualidad de esa época? ¿Cómo la memoria de esos años sigue influyendo en los argentinos?
Águila: Las conexiones entre la dictadura y el presente argentino resultan más visibles o evidentes en el plano de los legados de un pasado de violencia, autoritarismo y crímenes de lesa humanidad. Asimismo, y como ya mencioné, los efectos en el mediano o largo plazo de las transformaciones socioeconómicas estructurales y las consecuencias del autoritarismo y la represión en la sociedad argentina, son parte de las huellas aún visibles de aquel período histórico.


















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