Tuesday 17 de March, 2026

CULTURA | Hoy 01:31

Arte sin barreras: la escena inclusiva gana espacio en el teatro porteño

La obra “Pulsión de un cuerpo habitado” reúne a personas con discapacidad en una propuesta de danza que explora el deseo, la identidad y la libertad.

En un tiempo en que la cultura revisa sus propios límites, la escena independiente comienza a dar señales de una transformación profunda. La inclusión dejó de ser una consigna declamativa para convertirse en una práctica concreta que atraviesa talleres, festivales y compañías teatrales. En ese movimiento se inscribe “Pulsión de un cuerpo habitado”, una obra de danza que pone en escena a intérpretes con distintas discapacidades, entre ellas autismo y síndrome de Down, y propone una reflexión poco habitual en el escenario: el derecho al deseo, al amor y a la sexualidad.

La pieza es una producción de la comunidad artística inclusiva Las Ilusiones, un proyecto que desde hace más de una década promueve la participación de personas con discapacidad en disciplinas como teatro, canto y danza con un enfoque profesional y no meramente terapéutico. El objetivo es claro, habilitar un espacio donde cada intérprete pueda desarrollar su singularidad y ocupar un lugar en la escena cultural.

Dirigida por Nadia Membielle y Paula Calzia, “Pulsión de un cuerpo habitado” despliega un lenguaje coreográfico sutil y poético que explora la corporalidad como territorio de identidad. A través de la danza, la obra aborda los vínculos entre libertad, deseo y represión, y plantea una pregunta incómoda pero necesaria, por qué la sociedad todavía tiende a infantilizar a las personas con discapacidad y a negarles una dimensión tan humana como la sexualidad.

“Para nosotros trabajar con personas con discapacidad es una oportunidad para romper barreras y prejuicios, tejer puentes y derribar mitos”, explica Membielle. La directora subraya que, aunque los intérpretes no provengan de una formación académica tradicional, el proceso creativo exige el mismo compromiso que en cualquier compañía profesional. “La mayor diferencia es que no atravesaron el entrenamiento técnico de un bailarín durante toda su vida, pero cuando llega el momento de crear trabajan con una pasión y una energía únicas”, señala.

El elenco está integrado por Guadalupe Colman, Joaquín Toloza, Milagros Orellana, Macarena Bautista, Juana Mariela Claro, Eva Morales y Jorge Ortiz, artistas que encarnan esa búsqueda de un lenguaje escénico donde cada cuerpo encuentre su propia forma de expresión.

En escena, la propuesta invita al espectador a interpelarse. Según Membielle, la obra surge de “la necesidad de explorar la corporalidad, reconocer y reconocerse”. El resultado es un espectáculo que combina delicadeza y potencia, y que propone mirar la discapacidad desde una perspectiva diferente. “El público se va a encontrar con una obra que invita a pensar la sexualidad y la discapacidad como una realidad, porque muchas veces se tiende a ver a estas personas como seres asexuados”, sostiene.

La experiencia escénica también busca ampliar la idea de inclusión hacia la platea. Las funciones están abiertas a todo tipo de público, incluidas personas con discapacidad, reforzando la idea de que la participación cultural debe ser plena y transversal.

La danza, en ese contexto, aparece como una herramienta transformadora. “El arte sana”, afirma Membielle. “Para las personas con discapacidad es una herramienta de inclusión muy poderosa. Siempre decimos que la inclusión sucede ocupando espacios, y estar en una sala de la calle Corrientes es un logro ganado para nuestra comunidad”.

El fenómeno del arte inclusivo, en efecto, atraviesa un momento de expansión. Festivales, talleres y compañías en distintos puntos del país comienzan a integrar a artistas con y sin discapacidad, generando nuevas formas de creación colectiva y ampliando la diversidad en la escena cultural. Estas experiencias no solo fortalecen la autoestima y la expresión artística de los participantes, sino que también contribuyen a modificar la mirada social sobre la discapacidad.

“Pulsión de un cuerpo habitado” se presentará el 22 de marzo, y el 5 y 26 de abril a las 18 horas en el Teatro Belisario, ubicado en Avenida Corrientes 1624, en la Ciudad de Buenos Aires. Allí, en el corazón del circuito teatral porteño, la obra propone una experiencia que trasciende la coreografía. Es, ante todo, una invitación a mirar el cuerpo -cualquiera que sea- como un territorio legítimo de deseo, identidad y libertad.

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