“Contra lo que hubiera querido, que era dedicarme a olvidar, la responsabilidad me obligó a escribir este libro. Aunque la escritura no fuera curativa, aunque me enfermara más de lo que me curaba”. El que habla es el escritor colombiano Héctor Abad Faciolince y el libro al que se refiere es “Ahora y en la hora”, su último trabajo.
Los hechos trágicos que narra en sus páginas ocurrieron en Ucrania en 2023. A mediados de ese año, el escritor visitó la ciudad de Kiev para presentar en la Feria del Libro su título más famoso, “El olvido que seremos”, una novela autobiográfica sobre la muerte de su padre, publicada originalmente en 2005; que le dio notoriedad en todo el mundo. Un pequeño sello ucraniano la había editado por primera vez y Abad sintió que debía acompañar ese lanzamiento.

Llegó a Kiev junto a Sergio Jaramillo, un conocido diplomático colombiano, famoso por llevar adelante las negociaciones del ex presidente Juan Manuel Santos con las FARC, que terminaron con años de violencia e inseguridad en Colombia. Jaramillo viajaba a Ucrania para presentar su campaña “Aguanta, Ucrania” de apoyo al país frente a la invasión rusa. A ellos se unió la corresponsal colombiana Catalina Gómez, y una escritora joven de Ucrania, muy comprometida con la difusión de los desatres ocasionados por la guerra. Su nombre era Victoria Amelina.
Lo que iba a ser un brevísimo viaje de dos días para cumplir con esos compromisos (la presentación del libro y de la campaña), se prolongó cuando el grupo decidió hacer una recorrida por la zona más difícil del conflicto: la provincia de Donetsk, en el Donbas, territorio ocupado casi en su totalidad por Rusia. La última parada de esa incursión fue la ciudad de Kramatorsk, a 30 km. del frente de batalla, donde la pequeña comitiva se detuvo a comer en un restaurante. Se trataba de una conocida pizzería, lugar habitual de reunión de civiles.
Acababan de sentarse en una mesa exterior, cuando dos misiles rusos impactaron sobre el local. En el acto murieron 11 personas y más de 60 resultaron heridas. Entre estas últimas estaba Victoria Amelina, que murió al día siguiente en el hospital. Los tres miembros colombianos de la expedición salieron milagrosamente ilesos del atentado.
“A escribir este libro me obligó la sensación de que yo no tendría ninguna dignidad si dedicándome al oficio de contar cosas con las palabras, no le daba voz a esta colega, Victoria Amelina, que había muerto frente a mí”, explica Abad Faciolince a NOTICIAS, cuando le preguntamos por el origen de “Ahora en la hora”.
El escritor, de visita en Buenos Aires para presentarse en la Feria del Libro, habló con nosotros sobre la guerra, el periodismo y la coincidencia de que dos historias trágicas, la de la muerte de su padre en un atentado y la de Victoria a consecuencia de la guerra, llevaran su literatura hasta los lectores de todo el mundo.

Noticias: ¿Por qué escribió “Ahora y en la hora”? ¿Por qué quiso que quedara registrada esta experiencia tan trágica en Ucrania?
Héctor Abad Faciolince: En realidad yo no quise. Yo no hubiera querido
ni que pasara lo que pasó, ni escribir este libro. Lo más normal habría sido dedicarme a olvidar, no escribir, no pensar más en eso. Tratar de que de que el tiempo borrara una experiencia tan horrible. El viaje al Donetsk yo lo hice un poco contra mi voluntad, pero todo se hace finalmente porque uno quiere. Y el libro lo escribí también un poco contra mi voluntad, pero nadie me puso una pistola en la cabeza ni para ir al Donetsk ni para escribir este libro. Me obligó otro sentimiento humano que es la responsabilidad. Y como todo es paradójico, el hecho de haber escrito (no el hecho de escribir) resulta muy sanador y tranquilizador. Ya al menos no tengo la obligación de recordar. La memoria y el recuerdo están escritos. Ya puedo permitirme olvidar tranquilamente y eso se me da muy bien, lo de olvidar.
Noticias: En la narración, cuando sus compañeros de ruta lo incitan a viajar con ellos a la zona más cercana al frente de guerra, usted habla de su miedo. Un temor muy lógico porque (aunque no lo declara en el libro) poco tiempo atrás había tenido que someterse a una intervención quirúrgica muy importante. Ese dato le da una entidad diferente al temor.
Abad Faciolince: Pero también, cuando uno no está bien físicamente, cuando el cuerpo se empieza a deteriorar por los años y por los achaques, hay una especie de desprendimiento. Proteger la vida ya no es tan importante porque no estás protegiendo ese tesoro de la juventud, el “divino tesoro” de Rubén Darío. Estás protegiendo una carcasa inútil. Con la operación que me hicieron de corazón abierto, perdí algunas facultades mentales. Por ejemplo, el cálculo. Perdí las matemáticas. Acabé de perder el olfato y el gusto. Hubiera sido mucho peor perder la vista, pero de todas maneras el olfato y el gusto se extrañan. Había perdido también, no sé por qué, el oído. Entonces, esa fragilidad puede llevar a querer uno estar quieto, cuidándose. Pero por otro lado también puede llevar a lo que decía un poeta colombiano (León de Greiff): “Juego mi vida (…) De todos modos la llevo perdida”. La mente humana es muy caprichosa. Yo fui a una Feria del Libro. No fui a escribir un libro, no fui a exponer mi vida. Fui a presentar “El olvido que seremos” en Ucrania.

Noticias: Usted trabajó mucho tiempo como periodista. ¿Había vivido en el ejercicio de la profesión alguna situación como esta?
Abad Faciolince: Yo he sido sobre todo un periodista de opinión, de escritorio. Pero entiendo la importancia de estar ahí, de ser testigo. Mi lema en el periodismo y para los periodistas es: “si no se va, no se ve”. Siete monosílabos. Pero mi periodismo ha sido más de ensayos breves. No me ha interesado mucho la historia con mayúsculas. Más bien la historia se me ha impuesto. Como decía Borges de su antepasado, le tocó cumplir su “destino sudamericano”. A veces, contra mi voluntad, me ha tocado cumplir mi destino sudamericano, en el caso del asesinato de mi papá. Y mi destino de ciudadano del mundo o de hombre que está viviendo en Europa (yo vivo partes del año en Madrid), una especie de destino europeo, en la situación más grave desde la Segunda Guerra Mundial que es esta abominable invasión de Rusia a Ucrania. La historia se me metió en la vida. Yo quisiera haber sido un escritor de libros tranquilos, románticos, de historias de adulterio, no de historias de asesinatos o de guerra.
Noticias: ¿Por qué vive en España parte del año?
Abad Faciolince: Un día los españoles me regalaron la nacionalidad. Y yo la recibí contento, me pareció bonito. Tengo muchos lectores en España. Eso me permite pasar allá unos meses y hacer lo que llamo “vida de torero pobre”, que es ir de pueblo en pueblo. Me invitan a bibliotecas de pueblo a hablar de mis libros y me pagan por la corrida unos 200 o 300 dólares. Y eso me permite vivir en España unos meses y comer muy bien (porque en España se come muy bien) e invitar a mi esposa y a mis hijos. Es un país que me agrada mucho, como me agrada Argentina, que me lo recuerda.
Noticias: ¿Cómo se vive en Colombia hoy?
Abad Faciolince: Mucho mejor que en los años '90. En el año 91, Medellín, mi ciudad, era la más violenta del mundo. En un año asesinaban entre 7000 y 7500 personas. Hoy en día eso ha disminuido a unos 300 asesinatos por año, que siguen siendo muchos, pero que comparados parecen muy poco. Hubo un proceso de paz bien hecho durante el gobierno del presidente Juan Manuel Santos, con Sergio Jaramillo, mi compañero en el viaje a Ucrania; a la cabeza. Ese proceso de paz disminuyó mucho la violencia en Colombia. El gobierno actual ha hecho ahora un proceso que llama la “Paz Total”, ridículamente mal planeado y mal ejecutado. De todas maneras, Colombia no ha regresado a los niveles de violencia de los años años '90. Esperemos no volver a caer en esa espiral terrible del pasado.
Noticias: ¿Le gustó la película basada en “El olvido que seremos”?
Abad Faciolince: Muchísimo. Además, me dejó algo maravilloso. Hoy algunos de mis mejores amigos son Fernando Trueba (el director), Cristina Huétez, su mujer, y el gran actor Javier Cámara. También por eso voy a España, para verlos, para estar con ellos. Además, la película me dio muchos lectores en España y en otras partes. Ya mi hija había hecho también un documental con otro director sobre “El olvido que seremos”. Es un poco raro que una experiencia vivida se convierta luego en un documental y en una película de ficción, que es y no es lo que pasó. Que es uno y no es uno. Que es tu papá, tu mamá, tus hermanas y no lo son al mismo tiempo. Es una es una sensación muy rara, pero también muy bonita de despersonalización.

Noticias: ¿Le pesa que el prestigio tan grande que adquirió “El olvido que seremos” haya dejado en segundo plano otros libros que escribió?
Abad Faciolince: Es el libro que me ha dado más lectores y más amigos. Para mucha gente es mi único libro. Ser un escritor de un solo libro no está nada mal. Si ese fuera el único libro mío que pudiera perdurar unos años más después de mi muerte, pues sería maravilloso. Y si algo tiene ese libro de atractivo y ha sido tan leído y tan traducido es porque mi papá era una figura muy encantadora, porque había vivido su vida de un modo muy muy literario y muy artístico. Entonces, no es mérito mío, es mérito de él porque fue el que me animó a escribir. De alguna manera yo me volví escritor porque mi papá quería que yo fuera escritor. Era lo que él hubiera querido ser, escritor más que médico. Yo cumplí su destino. Y si al cumplir su destino protejo su memoria, me parece que mi destino está realizado.
Noticias: ¿Cuál fue la repercusión de “Ahora y en la hora”? ¿Qué lecturas tuvo?
Abad Faciolince: Ucrania en América Latina parece muy lejano. Para el movimiento “Aguanta Ucrania” al que pertenezco, fue muy difícil reclutar colegas latinoamericanos, en particular, colegas mexicanos o argentinos. El movimiento en defensa de Ucrania era visto como de derecha, porque en el primer momento Estados Unidos apoyaba a Ucrania. Entonces, como el antiamericanismo entre mis colegas es muy difundido, se pensaba que apoyar a Ucrania no era, como pienso yo, apoyar a los agredidos, a las víctimas, a los invadidos y no a los invasores; sino como si fuera apoyar a los Estados Unidos. Y entonces ellos se negaron a unirse a nosotros porque creen que Putin, tal vez por haber sido espía de la KGB, es una especie de heredero de esa supuesta izquierda que era la Unión Soviética, en realidad, un imperio carcelario. Lo que ellos me decían es que era más culpa de Ucrania, más culpa de Zelenski, casi como si Putin y Rusia fueran unas víctimas. Y es más o menos lo que ha venido a decir ahora Donald Trump cuando humilló a Zelenski, cuando recibió a Putin en Ucrania, cuando elogia a Putin como un hombre fuerte. Trump celebra mucho a los hombres fuertes, les gustan los dictadores. Se entiende muy bien con Netanyahu, con Putin, con Orban, con los hombres duros y fuertes de la derecha. Ahora me pregunto yo qué dirán estos colegas míos que no quisieron firmar lo que yo les pedía, identificados con las palabras y las opiniones de Trump. Tal vez ahora se lo piensen dos veces. Eso espero.

Noticias: Con las guerras actuales parece cada vez más difícil definir posiciones ideológicas.
Abad Faciolince: Yo no estoy a favor de los ayatolas. Me parece que su régimen es atroz. Obviamente, no estoy a favor de Hamás, me parece que el atentado terrorista que hicieron en Israel es atroz. Pero la venganza ha sido peor que el atentado. Y ahora el ataque de Estados Unidos y la amenaza de aniquilar a toda una civilización me parece de unas dimensiones espantosas. Mi amiga Catalina Gómez, la que nos acompañó en Ucrania, ahora está en Teherán y me cuenta cómo para los iraníes es todo muy paradójico. Sus amigos odian el régimen de los ayatolas pero por supuesto no quieren que los aniquilen. No quieren que destruyan sus acueductos, sus plantas de desalinizadoras, su civilización, las grandes bellezas que hay en Irán. No quieren que destruyan su país. Son ellos los que tendrían que encargarse de derrocar a sus tiranos, no un señor igualmente tiránico que vive en otra parte del mundo.
Noticias: Su libro muestra un aspecto muy importante de la guerra, el que menos expuesto suele estar: la vida de la gente común afectada por el conflicto.
Abad Faciolince: Es posible escribir grandes ensayos llenos de datos, sobre historia, sobre geopolítica. Y es importante que esos libros existan y de ellos en parte me nutrí para escribir mi libro. Pero creo que los seres humanos comprendemos más lo que pasa a través de historias más menudas, más íntimas, más familiares. El dolor creo que se entiende mejor cuando uno dice que hay dos niñas de 14 años que perecen frente a su padre, que el padre sobrevive después de que un misil cae encima de sus cabezas en un blanco completamente civil, es decir, en un crimen de guerra. Y que luego los mentirosos digan que tiran ese misil porque ahí, en el segundo piso, funcionaban unas oficinas de la OTAN. Y yo puedo dar testimonio, porque estuve ahí, que ese restaurante no tenía segundo piso. Fui, vi, no me mataron por milagro o por el destino o por el azar o por la providencia. Y eso me dio la posibilidad de contarlo con mis herramientas que son más de la intimidad que de la gran historia o de la gran política que yo no domino.
Noticias: Victoria Amelina era una escritora poco conocida pero su libro pone una luz sobre su figura.

Abad Faciolince: Ella y yo no nos habíamos leído. No éramos amigos. La última noche, el día antes de que ella fuera herida de muerte, compartimos los libros. Yo le entregué “El olvido que seremos” en ucraniano y ella habló con su editor en España. Su libro se había publicado hacía dos meses en España. “Un hogar para Dom”, de la editorial Avizor. Por la mañana ella me dijo: “Ya me contestó José Manuel Cajigas, mi editor, me dice que hoy mismo te va a llevar el libro a tu casa y lo deja ahí con algún vecino”. Cuando cayó el misil sobre nosotros, yo me alejé del lugar con mucho miedo por un segundo misil que terminó cayendo más lejos. En ese momento recibí un mensaje de José Manuel Cajigas. El misil cayó a las 7:27 de la tarde. Yo recibí su mensaje como a las 7:32, cuando ya me había alejado y estaba intentando llamar a mis hijos y a mi esposa. Él me decía: "Acabo de dejarte con tu vecino Mariano el libro de Victoria, espero que te guste". Y yo le respondí: "Acaba de caer una bomba y Victoria está herida”. A partir de ahí empiezan a pasar muchas cosas raras, bonitas, extrañas que un poco me volvieron loco, dudando mucho de la realidad del mundo y de la irrealidad del azar.
Noticias: ¿Qué está escribiendo ahora?
Abad Faciolince: Me cuesta trabajo retomar algún proyecto. Mi primer amor en la escritura fue la poesía. Y es como esas parejas que se separan pronto de un matrimonio precipitado y precoz en la primera juventud, pero al cabo de los años, al final de la vida, se vuelven a juntar y ya en el crepúsculo de la existencia vuelven a su primer amor. Pienso que ahora soy más capaz de escribir poesía que de escribir una obra de de ficción.
En la Biblia se dice que el espíritu sopla donde quiera. Y hay instantes, situaciones mentales como de silencio y de recogimiento, que es cuando la poesía puede llegar. La poesía no se escribe con disciplina. Se escribe cuando a ella le da la gana de meterse en uno.


















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