Martes 21 de septiembre, 2021

CULTURA | 16-06-2020 13:08

¿Por qué preferimos versiones maquilladas de la historia?

A 250 años del nacimiento del Manuel Belgrano, la historiadora Marcela Ternavasio habla de las lecturas políticas del pasado y la consideración irreal de los hombres que pelearon por la independencia.

Desde siempre se ha discutido qué imagen transmitir en la educación de los héroes patrios. Transformarlos en símbolos ha funcionado, desde el siglo XIX hasta hoy, para crear un sentido de identidad nacional en el que todos podamos reconocernos. Pero esa estrategia ha derivado en versiones edulcoradas e irreales, que falsean los datos históricos y que, ya entrado el siglo XX, han sido criticadas por historiadores e intelectuales. A esta simplificación hay que agregarle la lectura sesgada que se realiza con fines políticos y que deja grandes lagunas en la información objetiva que debería estar alcance de todos.

La pregunta por la existencia “real” de nuestros héroes patrios se renueva en cada época y con cada cambio social que vivimos.

A 250 años del nacimiento de uno de nuestros grandes próceres, Manuel Belgrano; quisimos volver sobre la cuestión. Marcela Ternavasio es una de las excelentes historiadoras de nuestro país. Investigadora del Conicet y profesora de de Historia Argentina en la Universidad Nacional de Rosario, es también la autora de libros como “Gobernar la revolución”, “Historia de la Argentina” y “Candidata a la Corona”, sobre la Infanta Carlota Joaquina (Siglo XXI), entre otros. Ella respondió las preguntas de NOTICIAS sobre nuevas investigaciones y lecturas de los polémicos héroes nacionales.

NOTICIAS: ¿Qué nuevas lecturas aporta la historiografía hoy para entender a los héroes de la independencia?

Marcela Ternavasio: En primer lugar, abre nuevas preguntas sobre el pasado que descongelan los mitos de los orígenes de los relatos canónicos; mitos que hoy se siguen repitiendo, una y otra vez, en diversos formatos de divulgación. En segundo lugar, ofrece estudios muy sofisticados que analizan cómo se contruyeron esos mitos y panteones, por qué ocuparon y ocupan el lugar que tienen en el más extendido sentido común de la ciudadanía, y cómo se fueron modulando los usos públicos y políticos de la historia a lo largo de estos dos siglos. Y, sobre todo, aporta una masa crítica de resultados de investigaciones académicas de altísima calidad, sometidas no solo a las reglas del oficio sino a la constante evaluación de organismos específicos frente a los cuales debemos “rendir cuentas” de nuestro trabajo (universidades, CONICET, revistas científicas, etc.).

NOTICIAS: ¿Por qué persisten valoraciones tan irreales de próceres como Belgrano o San Martín?

Ternavasio: En parte, porque las revisiones del panteón de héroes y de las versiones más instaladas suelen resultar incómodas al público en general, formado y educado en los viejos relatos patrióticos. Relatos que, a pesar de todos los debates y polémicas que se han suscitado en torno al pasado, siguen gozando de muy buena salud, por cuanto atraviesan las divisiones ideológicas y políticas y son promovidos por los gobiernos de turno y un conjunto heterogéneo de divulgadores. Entiendo que siempre son más impactantes y vendibles los relatos construidos sobre la base de una matriz maniquea –héroes y villanos, víctimas y victimarios– que los que se interrogan sobre los verdaderos problemas y desafíos que enfrentaron aquellos hombres en su propios contextos de acción.

Los casos de Belgrano y San Martín son, en este sentido, paradigmáticos. Consagrados por las historias de Bartolomé Mitre, ambos personajes fueron los más narrados e incuestionados hasta el presente. El éxito de esta operación se debe, en buena medida, a la natural necesidad que tiene toda comunidad política de encontrar un cimiento identitario común, más allá de los conflictos. Pero también a los silencios o modos de “justificar” a los héroes de algunas ideas e iniciativas que postulaban. El ejemplo más contundente es la adhesión que Belgrano y San Martín mantuvieron siempre hacia las formas monárquicas de gobierno y al centralismo. Beatriz Bragoni ha demostrado de manera magistral, en su reciente biografía de San Martín, cómo se fue moldeando hasta el presente esa memoria incómoda del Libertador para hacerla compatible con la tradición republicana. Lo mismo ocurre con Belgrano: suele mantenerse un manto de silencio sobre su activa intervención entre 1808 y 1810 para coronar a la infanta Carlota Joaquina de Borbón como regente de América. Este manto de silencio lo observo, sorprendida, en casi todas las intervenciones que se están sucediendo en este bicentenario belgraniano que ha desatado una suerte de fiebre conmemorativa.

NOTICIAS: ¿Qué valores sí tuvieron estos hombres?

Ternavasio: Sin dudas que, una vez iniciada la revolución, se abren varias alternativas pero sobre la base de un principio común: la libertad. Ahora bien, ese principio que se actualiza rápidamente al calor de una larga experiencia de humillación colonial –intensificada en la segunda mitad del siglo XVIII con el ajuste imperial borbónico– asumía diversos significados para los actores. Tales significados –libertad civil, libertad pólítica o libertad anticolonial– no siempre estaban articulados y darán lugar a divisiones en torno al rumbo de la revolución. Esas disputas internas se desplegaron sobre el zócalo común que va derrapando hacia un consenso en torno a la independencia, pero no respecto de cuál sería el futuro orden emancipado. Los dos padres de la patria –Belgrano y San Martín– apostaban, como dije, a un sistema monárquico constitucional porque consideraban que nuestras comunidades no estaban maduras ni preparadas para un gobierno republicano. Allí había un diagnóstico sobre la sociedad que estaba lejos de evaluar que la libertad civil debía traducirse en una amplia libertad e igualdad política sin restricciones.

NOTICIAS: ¿Por qué luchaban? ¿Tenían una real idea de la independencia del Río de la Plata o una idea de Nación?

Ternavasio: Gran parte de la historiografía especializada en este período viene postulando la necesidad –analítica– de desacoplar el fenómeno de la revolución que nace en 1810, del fenómeno de la independencia proclamada en 1816. Aunque suene repetitivo, porque muchos especialistas venimos insistiendo en esto en todos los reportajes que nos hacen, tal desacople significa desarmar el mito de origen que colocó a la independencia como un objetivo unívoco en el punto de partida, cuando en realidad fue un punto de llegada. La idea de emanciparse de la metrópoli era minoritaria en el Río de la Plata en el contexto de 1810 y va tomando forma como alternativa a partir de 1812, con serios retrocesos durante la restauración monárquica de 1814, hasta imponerse en el consenso del Congreso de Tucumán. Este desacople aplica a la idea de nación preexistente, entendida como sentimiento de nacionalidad argentina, que será mucho más tardía y producto, también, de una operación deliberada de construcción identitaria en la segunda mitad del siglo XIX.

NOTICIAS: ¿Es justa la lectura que se hace hoy sobre Belgrano?

Ternavasio: Diría que en el ámbito público –no así en el académico– está impregnada de una serie de anacronismos por momentos patéticos. Atribuirle a Belgrano ser el precursor de demandas y reclamos actuales –o muy posteriores a su actuación– es trasladar al pasado categorías y conceptos contemporáneos que están por completo alejados de los horizontes de ideas de la época. Esos anacronismos son en muchos casos ingenuos, puesto que repiten un discurso muy difundido, y en otros son deliberados para fabricar un héroe a medida de la agenda política y pública. En cualquier caso, el pasado queda achatado al presente y se torna sencillamente incomprensible.

 

Adriana Lorusso

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Adriana Lorusso

Editora de Cultura y columnista de Radio Perfil.

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