Saturday 20 de July, 2024

CULTURA | 25-01-2024 12:38

Un jurado de notables declaró a Sergio del Molino ganador del Premio Alfaguara

La novela “Los alemanes” resultó elegida. El galardón tiene una dotación de US$ 175.000.

Con una dotación de US$ 175.000 y la publicación simultánea en todos los países de habla hispana, un jurado de notables compuesto por Sergio Ramírez, Rosa Montero, Juan José Millás, Laura Restrepo, Manuel Rivas y Pilar Reyes, directora editorial de Alfaguara (con voz pero sin voto) declaró ganador a Sergio del Molino y su novela “Los Alemanes” de Premio Alfaguara.

El jurado destacó en su decisión “su maestría para narrar un suceso muy poco conocido de la historia española relacionado con las mutaciones del nazismo y con hondas consecuencias en el mundo actual. Oscuros secretos familiares encierran un pasado amenazador capaz de destruir el presente. ¿Heredan los hijos la culpa de los padres? Una novela apasionante que pone a prueba la conciencia de los personajes y que sacude la del lector”.

Fueron 800 los manuscritos que se recibieron para participar en el Premio. De ellos, 396 llegaron desde España, 104 desde Argentina, 109 desde México, 93 desde Colombia, 40 desde Estados Unidos, 20 desde Chile, 26 desde Perú y 12 desde Uruguay.

Quién es el autor

Poco conocido en la Argentina, Sergio del Molino es un escritor en cuya obra, las problemáticas sociales y políticas se cruzan con la ficción. “La España vacía” y “Contra la España vacía” fueron sus libros más exitosos y tratan un tema muy candente en su país: la despoblación rural. Además es autor de una decena de novelas y ensayos: “La hora violeta”, “Lugares fuera de sitio”, “Lo que a nadie le importa”, “La mirada de los peces”, “Calomarde”, “La piel” y otras. Es columnista del diario El País y trabaja en radio.

“Los alemanes”, que llegará a las librerías en abril, surge de un suceso real: el arribo a España, en 1916, de 627 alemanes. La Primera Guerra ha terminado y España es un país neutral. Estos alemanes se quedarán para siempre a vivir en el país. La historia, en la novela, empieza un siglo después, con los herederos de uno de esos hombres afincados en España, y devela un episodio vergonzoso y poco reconocido de la historia española: la circunstancia de que el país fue refugio seguro para los nazis.

Tal como declaró Del Molino al recibir el premio: “el pasado siempre está agazapado para hacernos la puñeta cuando nos descuidamos”. Ese es el resorte trágico de esta ficción.

El comienzo de la novela

El 2 de mayo de 1916, los vapores Cataluña e Isla de Panay atracaron en el puerto de Cádiz. Transportaban a 627 alemanes procedentes de la colonia de Camerún, conquistada por los aliados en febrero de ese año en uno de los episodios menos conocidos y menos comentados de la Gran Guerra. En lugar de rendirse a sus enemigos, los alemanes se entregaron a las autoridades españolas en Guinea. España, como potencia neutral, los acogió como internados. Ya no abandonaron el país y se instalaron, sobre todo y entre otras ciudades, en Alcalá de Henares, Pamplona y Zaragoza. Pronto se harían famosos y serían conocidos como los alemanes del Camerún.

Hasta aquí, la historia tal y como aparece en los registros. A partir de aquí, la leyenda.

1. Fede

Iré a ver a papá, le dije. Claro que iré. Ya había decidido ir antes de que me clavase el codo con la mirada, y mucho antes de que chasqueara la lengua y suspirase. Se le pone cara de adolescente cuando se enfada, pensé, pero a lo mejor sólo se la veo yo. Serán cosas de hermanos.
Cuando bajé del taxi y me encaminé a la cancela, Eva me vio venir y cruzó los brazos. Rígida, ni adelantó una pierna para salir a mi encuentro. Esperó a que llegase y ni siquiera respondió a mi abrazo. Le di un beso en la mejilla, un beso de verdad, de los que manchan, y no se movió ni me saludó. ¿Vienes directo, sin pasar por casa de papá?, me dijo, como si yo tuviera la culpa de los horarios de Iberia, como si hubiese urdido una trama de trenes retrasados y vuelos cancelados.
—¿No has traído maleta? Pensé que te quedabas unos días, hasta la despedida, al menos —dijo, mirando la mochila que llevaba a la espalda, una mochila pequeña donde sólo cabían dos camisas y una muda.
—No quería facturar, ya me apañaré. Que sí, joder, me quedo unos días, claro que me quedo unos días.
—Bien, porque habrá que decidir qué hacemos con los papeles de Gabi y hay que firmar un montón de cosas.
Eso, decidamos ahora. Arreglémoslo todo en la puerta del cementerio, antes de que me vuelva a escapar y no responda a los correos y finja que mi vida no tiene nada que ver con la vuestra”.

 

 

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Adriana Lorusso

Adriana Lorusso

Editora de Cultura y columnista de Radio Perfil.

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