Martes 7 de abril, 2020

ECONOMíA | 23-03-2020 06:59

Qué medidas económicas debería tomar el Gobierno ante el coronavirus

El futuro de una economía que venía en recesión y al borde del default. Ayudas a personas y empresas, emisión y deuda.

Andrea Zunino, guía turística de Buenos Aires, había vivivo este verano una de las mejores temporadas de su vida. Estaba en la calle hasta 15 horas por día. Ahora todos pero todos los trabajos se cancelan en su rubro por el coronavirus. 

Marcelo Castello complementaba sus ingresos como diseñador gráfico y community manager cocinando en un local de comida vegetariana de Ramos Mejía. Pero este 17 de marzo el negocio cerró: la pandemia fue la gota que derramó el vaso que empezó a llenarse en el gobierno anterior.

Fernando Brown filma casamientos en Córdoba. En esta época del año, que es temporada baja de bodas, solía hacer dos por mes, pero ya lo contrataban para fin de año. Por el virus se suspendió todo festejo hasta después de mitad de año y nadie ni consulta para más adelante.

Luis Gritti, actor, solía hacer tres castings para publicidad por semana en Buenos Aires. Ahora, nada. También le cortaron las actuaciones en teatros, cerrados, y en televisión, paralizada.

La razonable lucha de los países contra el coronavirus está paralizando la economía mundial. El economista francés Pierre-Olivier Gourinchas, profesor de California Berkeley y Princeton, escribió en un paper que con el parate actual la economía mundial caerá 6,5% respecto de 2019. Y si el freno prosigue un mes más, casi 10%.

Los gobiernos reaccionan aumentando su presupuesto en salud, pero también con compensaciones para la economía. Algunos países han adoptado medidas sin precedentes en este último sentido: Italia suspendió el pago de hipotecas, España difirió medio año los impuestos a pymes y trabajadores autónomos; la conservadora Alemania, que en la crisis mundial de 2008 se diferenció por amarreta, prometió liquidez financiera ilimitada a las empresas y ayudará a las compañías que deban operar menos; y EE.UU. propuso reducir los aportes a la Seguridad Social, entre otras naciones que aplicaron medidas.

Pese a la estrechez fiscal y monetaria que sufre una Argentina en crisis desde 2018 y en plena renegociación de la deuda para evitar el default, el gobierno de Alberto Fernández anunció su paquete de medidas económicas y sociales: eximición de contribuciones patronales y subsidios a salarios de los sectores más afectados, refuerzo del seguro de desempleo, pago extra de la asignación universal por hijo (AUH, que cobran los desocupados y los trabajadores informales, cuyos ingresos derrapan por el parate de actividades) y las jubilaciones mínimas, más reparto de alimentos, resurrección de la obra pública y los créditos hipotecarios Procrear, control de precios de productos críticos y créditos blandos para quienes los elaboren y promoción de la producción de insumos médicos y restricción a su exportación.

Recetas. ¿Qué recomiendan hacer los economistas? Martín Rapetti, profesor de la UBA, aclara que ni él ni sus colegas están preparados para enfrentar una "economía de guerra como la actual". Por eso, para pensar mejor la solución, sugiere al Gobierno que convoque a un consejo asesor. "En cuanto a medidas paliativas, pueden ser amnistías de tributos y cargas patronales o subsidios de servicios públicos. El Banco Central tendrá que proveer más liquidez con el riesgo de que se vaya al mercado cambiario, con lo que tendrá que aguzar el control –léase el cepo–. Que las reservas vayan a pagar las importaciones clave. Y esto abre un paraguas sobre la negociación de la deuda: antes preveías ir pagando vencimientos con reservas mientras negociabas, pero con una economía de guerra tendrás que ver qué hacer con esos recursos", advierte Rapetti.

Un académico que prefiere el anonimato coincide con el profesor de la UBA: “El foco de corto plazo debe estar en mantener aceitada la cadena de pagos privada porque si se cae un sector, no puede pagar sueldos, proveedores o bancos. Es difícil y va a plantear dilemas porque no tenemos acceso al crédito. Cuando se tiene qe elegir entre inflación y desastre social, se elige siempre inflación, como muestran las guerras. Hay una sola forma de reaccionar: emitiendo. Pero se puede hacer bien o mal. Como hay cepo, hay un poco de margen para emitir. Además sería emitir en forma temporaria”.

Otro académico, Fernando Navajas, economista jefe de la Fundación de Investigaciones Económicas Latinoamericanas (FIEL), observa: “Esto no es una recesión ni una crisis financiera como en 2008. Es más complejo y requiere una buena coordinación a partir de varias cabezas que piensen adelante de los hechos y con una buena visión macroeconómica. (El ministro de Economía, Martín) Guzmán y (su asesor Daniel) Heymann saben con qué bueyes aramos. Se requiere hacer flexible la oferta de fondos a hogares y empresas. Con un gobierno insolvente, no veo otra que usar al Central, pero no se trata simplemente de emitir”.

Marina Dal Poggetto, directora ejecutiva de la consultora Eco Go, reconoce que “no hay mucho margen para hacer como Francia, que se hará cargo de los alquileres y servicios públicos”. “Todas las medidas fiscales nuestras, como las de AUH y jubilaciones, se financian con el Central. ¿Cómo impacta eso en la inflación? No sé, pero con el cepo estás más estable”, concuerda Dal Poggetto.

La economista también se refiere a la negociación de la deuda: “Tenés que avanzar rápido, buscar un acuerdo con una oferta medianamente atractiva, porque no podés seguir descapitalizando al Central para pagar vencimientos”. Admite que no es buen momento para reestructurar porque el coronavirus suspendió el roadshow de Guzmán por EE.UU. para explicar la oferta de pago y el plan fiscal para cumplirlo y porque los precios de los bonos han caído tanto que están apetecibles para los fondos buitre, “aunque estos ahora están de shopping”. Se refiere a que las cotizaciones de la deuda de muchas multinacionales están por los pisos. 

Entre los acreedores reina el escepticismo. “Esta crisis, cuanto menos, va a dilatar mucho las negociaciones”, admite el representante de un fondo de inversión. El aplazamiento implicaría que la Argentina entre en default en mayo, cuando se acaben los recursos para seguir abonando pasivos. “Además, con el coronavirus la Argentina pierde el poquísimo interés que tenía, lo que dificulta un acuerdo en el caso de que el Gobierno insista en una propuesta agresiva”, añade la misma fuente. 

Deuda. Claro que del lado de Guzmán, la idea consiste en seguir adelante con una oferta que baje la deuda a nivel “sostenible”. Dal Poggetto le critica que repita tanto esa palabra porque ella juzga que el país sufre más bien un problema de liquidez. Pero al ministro le dio la razón el FMI.El abogado de un grupo de bonistas en Nueva York se muestra menos dramático: “Se viene una negociación digital y más lenta”. Cuando se le pregunta si el retraso derivará en default, responde: “¿Quién lo sabe?”

En la misma ciudad, el mexicano José Barrionuevo, que intermedió en la reestructuración de 2005  y es CEO de la consultora de inversiones BrightHill Capital, opina sobre impacto de la pandemia en la negociación: “Es un balde de agua fría que obliga a ambas partes a hacer un esfuerzo mucho mayor: los inversionistas, reconociendo la necesidad de un mayor déficit fiscal y la convergencia gradual a un superávit que dé sustentabilidad a la deuda, y el Gobierno, estableciendo prioridades mucho mayores en el gasto y admitiendo que la sociedad no puede seguir más con contribuciones tributarias insostenibles. Tenemos un camino estrecho en el que se tiene que avanzar rápido. Solo quedan posiciones serias para negociar. Sin ellas, el default profundizará la recesión y se retornará a inflaciones mucho más elevadas a las de 2019 que arriesgarían la tenue estabilidad económica y social alcanzada. No hay margen para berrinches ni boludeces”, se argentiniza Barrionuevo.

Mientras, el coronavirus ya impacta en la economía real argentina. El economista jefe de la consultora Elypsis, Martín Kalos, señala que el llamado a la gente a que permanezca en sus casas debilita el comercio, el esparcimiento, el transporte y el turismo. La crisis mundial reduce el precio y la cantidad de las principales exportaciones argentinas, las del campo, aunque también las expectativas por Vaca Muerta. Encima, de por sí, la próxima cosecha de soja y maíz está impactada por una sequía. La industria, que lleva años de crisis y operando a media máquina, abortará algunos brotes verdes que habían aparecido en verano y alargará su padecer. A su vez, los que más sufren son los trabajadores sin ingresos fijos. Kalos recomienda, no alentar la demanda, sino atender a esas personas y a las pymes. 

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Alejandro Rebossio

Alejandro Rebossio

Editor de Economía y columnista económico de Radio Perfil.

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