Martes 7 de abril, 2020

ECONOMíA | 24-02-2020 08:00

Deuda: un norte reperfilado

Tras la postergación de vencimientos, hubo rebotes en el dólar y el riesgo país. Efectos del nuevo default técnico.

Va a haber frustración entre los acreedores”. La frase pertenece al ministro de Economía, Martín Guzmán, quien la expresó ante un Congreso repleto, en su exposición del último miércoles. Un día antes, el Ministro había emitido un comunicado en un tono imperativo contra los bonistas internacionales, en el marco del reperfilamiento de los Bonos Duales AF20, emitidos durante el Gobierno de Mauricio Macri y que vencían el jueves último.

La negociación es a cara de perro con los acreedores internacionales. Así la planteó el Gobierno luego de lo que entendió como un desplante el lunes último; particularmente, del fondo Franklin Templeton, que tiene el 25 por ciento de los bonos.
En el comunicado del martes, que anunció el reperfilamiento del pago de los AF20 para el 30 de septiembre, el ministerio de Economía contó que “hubo cooperación de tenedores locales pero no hubo cooperación por parte de un grupo de fondos extranjeros que poseen la mayor tenencia del instrumento”. Estos acreedores expresaron “que para ellos este instrumento es un bono en dólares, y que solo estarían dispuestos a recibir otro similar atado al dólar a un plazo muy corto”. Según el Gobierno, esa fue la postura de los bonistas que hicieron naufragar la negociación. La respuesta fue contundente: “Quien trató al AF20 dual como un bono en dólares recibirá el tratamiento que se le está dando a la deuda en dólares”.

Fausto Spotorno, director del Centro de Estudios Económicos de la consultora Orlando J. Ferreres, dio a NOTICIAS su punto de vista: “La estrategia del Gobierno es dar prioridad a la deuda en pesos y ponerse más duro con el mercado internacional. Desde el punto de vista legal, es mucho más complicado lidiar con ellos. Pero desde la actividad económica, es mucho más sensible el mercado local. El problema es que esta deuda es en pesos y los acreedores locales ven que también les cayó el reperfilamiento. Entonces, hay una pérdida de confianza también en el acreedor local”.

Con esta lectura, coincide el economista de la consultora Elypsis, Lucio Cardinale. “Se esperaba un tratamiento más benévolo. En este intento del Gobierno de reconstruir el mercado en pesos de deuda, es un golpe duro y genera precaución en los acreedores en moneda local”, apuntó. Las otras opciones que tenía el Gobierno eran pagar los vencimientos, que equivalían a $ 96 mil millones o caer en default.

El fantasma del default. En declaraciones radiales, el presidente Alberto Fernández respondió a la consulta sobre un default. “En default técnico estamos desde que Macri decidió reperfilar la deuda”, respondió y agregó: “La Argentina está en una situación económica caótica”.

“Default técnico” es un concepto que se instaló cuando Axel Kicillof estaba en el ministerio de Economía, durante el segundo mandato de Cristina Fernández, en plena batalla con los Fondos Buitre. En rigor, el default es no poder pagar las deudas que uno contrajo. Esto tiene como consecuencia esencial la cancelación de cualquier financiamiento internacional para los mercados, lo cual provoca todo tipo de crisis. El reperfilamiento, en cambio, se podría entender como un término medio; es decirle a los acreedores: “Ahora, no puedo. Te pago más adelante”.

El propio Kicillof, a inicios de este mes, coqueteó con el default en lo que respecta a la deuda de la provincia de Buenos Aires. Finalmente, pagó los 250 millones de dólares.

“Hay consenso en que el peor escenario era el default. La opción del Gobierno fue la única salida que quedaba. Pero las decisiones que se tomaron en el medio hasta llegar a ese camino se podrían haber mejorado con más negociación”, analizó Cardinale.

Para Sportorno, “lo más saludable hubiera sido pagar y luego emitir un bono en pesos atractivo, para ganar tiempo”. Para esto, “deberían haber negociado porque si no, se corre  el riesgo de que cobren y salgan, lo cual hubiera provocado otro tipo de crisis. Está faltando negociación. Una negociación fuerte a partir de la cual  se garantiza el pago a la vez que el gobierno se asegura de que no  se van a ir y tomar otros bonos”.

El camino al reperfilamiento. El Gobierno había tenido dos intentos fallidos de recaudar los fondos para pagar los bonos AF20, emitidos en julio 2018. Primero, ofreció un canje de títulos públicos que, en concreto, derivaban en una pérdida de capital. Solo logró canjear el 10%. El lunes último, fue el segundo intento, con una licitación similar, que fue declarada desierta por el Gobierno, sin brindar mayores detalles.

Una vez caídos ambos intentos, el Gobierno pasó a tener tres opciones: default, reperfilamiento o pago de la deuda. Un default hubiera sido el noveno de la historia argentina. Ninguno de los ocho anteriores fue positivo. El pago vía emisión no solo era la mejor opción para los bonistas, sino también para muchos economistas, que la veían como la salida menos traumática. Pero para pagar, el Gobierno debía emitir el equivalente al 6% de la base monetaria y a más del 10% de todos los billetes y monedas en circulación. Esto hubiera hecho saltar al dólar y a la inflación, cuya presión habría caído en última instancia sobre los consumidores.

Finalmente, Guzmán anunció el reperfilamiento; en criollo, pateó la deuda para adelante. El costo es el enojo y la desconfianza de los acreedores. “Los bonistas tienen herramientas para hacer daño. Te pueden bloquear toda la restructuración de la deuda. Pueden ejercer mucha presión. Con esta decisión, el Gobierno no se los puso totalmente en contra, pero la cosa no está bien”, concluyó Spotorno. 

por Jonathan Raed

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